Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 18 de mayo de 2009



Dolor de ser hombres


Nos hermanamos con los dioses entonces,
bellas estatuas de sol
hechas de su misma sustancia.
La sangre corre como fuego
por nuestras venas jóvenes
y el mundo parece respirar con nosotros.
Un límpido azul de cielo eterno
llena nuestros ojos abiertos al mar,
crisoles del fulgor divino de la carne,
y el amor cálidamente nos envuelve
con un tierno palpitar de brasas nocturnas.

Hasta que una mañana de sol cansino
despertamos con un olor de estatuas quemadas.
La imagen del espejo del baño
se ha vuelto de repente extraña:
nos indaga con mirada de dudas,
de interrogaciones que llenan el aire hueco
de esta mañana vacía de soles y dioses.
Incómodos, volvemos a la desnuda cama,
despojada de anhelos y abrazos.
Sobre la almohada, fríos,
con esa frialdad de los electrodomésticos,
descubrimos el cincel y el martillo
con que forjamos la imagen de los dioses últimos.
Por la ventana abierta a un mar oscuro,
irreversiblemente oscuro,
nos llega un dolor de carne débil,
una tristeza gris de cementerio.
Mientras, el espejo sólo refleja
esa estúpida mirada de hombre solo,
esa inmensa soledad azul de los ahogados.

1 comentario:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Muy bueno el remate; tengo un poema similar en partes de su contenido (sobre todo, la imagen de uno mismo ante el espejo, pasado el tiempo; algo que ya Miguel D'Ors, si no recuerdo mal, también cantó). A ver si para la próxima tertulia lo llevo.
Un abrazo.

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