Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

domingo, 31 de mayo de 2009



Madrid, 11-3-2004

La muerte tuvo un son metálico

de polvo y de sangres, de quiebra

de largos trenes desvencijados.

No conoció odios ni caricias últimas,

ni afán mundano alguno.

La muerte, cuando llega,

debiera ser sonido de jarcias

de barcos de piratas enmohecidos,

descanso de guerreros durmientes

con familia al pie del sepulcro,

rumor sin sonido de mar de fondo

y de cementerio de nombres que fueron.

¿Conoce ella de los sueños

de los hombres, de los muertos futuros

que nos oxidamos miserablemente?

La muerte, cuando llega, debe ser óxido,

crujido final de cama avejentada,

lenta corrosión del ser en el tiempo,

y nunca fruto amargo del odio impío,

de la locura, de lo inhumano.

Madrid, once de marzo de dos mil cuatro:

Nunca olvidaremos

la vida que nos quitaron,

la vida perdida para siempre

en esa fecha.

1 comentario:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Sentido homenaje.

Un abrazo.

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