Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

domingo, 31 de mayo de 2009

Polvo de estrellas
A mi abuela Soledad

Dios preparó un lecho de ramas

sobre las brasas del día pasado.

Prendió un tímido fuego de estrella

que hizo crepitar la tierra,

bullir la naturaleza en reposo

otro día más, como desde antiguo.

Las brasas en el hogar saltaban:

almas que nacían inocentes,

al calor de los troncos prendidas,

para morir al instante en ceniza

del fuego eterno alejadas.

Dios contemplaba sin complacencia,

con indiferencia acostumbrada,

el crepitar de las vidas en llama,

el final de las ascuas vencidas.

Por el ventanal abierto al norte

miraba al general Invierno,

que con su ejército instalaba

sus líquidos cuarteles de hielo,

paisaje de nubes airadas

que viese antaño el hombre primero.

*

Y tú, ascua unida al tronco brillante,

el mejor brillo del fulgor divino,

caíste al fin, vencida del peso de las horas,

un día de lluvia ingrato y frío.

*

Soledad, ¡qué solos nos has dejado!

Que la tierra te sea leve,

que el dolor y la erosión del tiempo

dejen recordar tu alma en llama;

que tu nombre tarde en perderse,

que no estés sola allá donde vayas,

y que nos sea concedido el don de tu huida.

*

Porque eres más que letras sobre frío yeso,

más que la palabra perdida de un poema de viento,

porque ahora luces más que en vida

y lloró el cielo al recibirte,

aún seguirás mucho tiempo en nosotros

mientras tengamos memoria para amarte.

Nerva, Riotinto y Sevilla, 5-12-2003.

No hay comentarios:

Buscar este blog

Archivo del blog