Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

martes, 8 de diciembre de 2009

Calles


___¿Cuántas calles de distancia entre tu corazón y el mío? ¿Cuántos árboles, aceras, recuerdos, sueños...? ¡Cuánta ciudad entre tú y yo, amor!
___La noche nos acerca tan tristemente lejos, alma mía, dorado sol. Nuestros corazones se buscan entre una maraña de calles solitarias, coches fondeados, raíces de semáforos inútiles..., entre miles de plazas de luna y mendigos de rostro ajado.
___Mi cama limita por los cuatro puntos cardinales con tu recuerdo, bella dama de ojos de luz. Mis labios buscan tu rostro en la almohada de funda azul, y creo entrever en ella tu boca roja de terciopelo. Entonces beso tu pelo de tela añil hasta que caigo rendido.
___Y sueño que mi habitación surca las azoteas y los árboles altos en busca del resplandor de tu cuarto. Remonto el vuelo y, allí en la altura, levantados los tejados de la ciudad, contemplo el soñar de tus vasallos, reina. Y llego hasta el fulgor de tu alcoba real con mi corazón entre las manos para que me hagas un hueco entre tu piel.


___Un trueno espantoso me despierta. El rumor de la lluvia en el frío patio me aleja de tu piel a oleadas, amor. Las cinco de la mañana y sin ti. Mil vueltas en la cama, el lento rodar de las horas y el sueño que me vence como a un guerrero, fatigado por el combate con el reloj de la pared, triste sin tu presencia divina y humana.
___Un satélite traza su órbita de soledad sobre nuestras cabezas. Puede que consiga medir con precisión cada uno de los milímetros que separan mi lecho del tuyo, desde una esquina a la otra. Dudo, eso sí, que sea capaz de delimitar con exactitud el inmenso caudal de amor que circula sin interrupción entre tu corazón y el mío, dentro de esa línea imaginaria que cruza muros, árboles, plazas, cuerpos de mendigos y vasallos, y que va de un lado a otro de esta ciudad tuya y mía.


___Por la mañana, un rayo de sol que se cuela por el patio y que, descuidadamente, se posa en mi rostro, intenta en vano emular la luz de tu alma y el amor del vasallo hacia su reina, hacia vos, majestad.
___Larga vida a vuestra gloria triunfante. Vale.

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