Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 31 de mayo de 2010

domingo, 30 de mayo de 2010

sábado, 29 de mayo de 2010

viernes, 28 de mayo de 2010

jueves, 27 de mayo de 2010

miércoles, 26 de mayo de 2010

martes, 25 de mayo de 2010

lunes, 24 de mayo de 2010

domingo, 23 de mayo de 2010

sábado, 22 de mayo de 2010

domingo, 16 de mayo de 2010




Quien pide calma y tranquilidad a los demás es a veces quien más carece de ellas; en ese caso las pide a los demás porque antes que nada lo hace para sí mismo. Que todos las consigan o no es otro tema.


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En la lectura cansina de algunos libros descubre uno que muchas veces los ejercicios de estilo enmascaran o disfrazan la ausencia de contenido.


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A veces se publican obras de autores desconocidos -inéditos en vida- a las que el paso del tiempo les ha terminado concediendo el mérito de la edición. ¡Qué pobre es la suerte del autor incomprendido, al que sólo la muerte podrá conceder la gracia de que perdure por más tiempo su nombre! Pues vaya gracia...


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Debe usted saber si está preparado para contestar correctamente a la siguiente pregunta: ¿Podría aceptar, no sin disgusto, que la vida se le puede ir mañana mismo? Si su respuesta es SÍ, enhorabuena: ha alcanzado usted la paz necesaria para afrontar las adversidades connaturales a la existencia.
Sin embargo, de ser NO su respuesta, siga buscando el SÍ hasta que termine hallándolo en su mente. ¡Ánimo!, el camino es largo y en él estamos la mayoría.

sábado, 15 de mayo de 2010

No es menos curioso el asunto de los ordenadores: se supone que éstos alivian el trabajo en cualquier oficina, banco, organismo, tienda o comercio. Sin embargo, a veces parece que lo ralentizan. "Estamos a la espera de un nuevo programa informático para empezar a revisar todo este montón de expedientes", me dijo el otro día un funcionario a la vez que señalaba una montaña de papeles. Y pensé yo, que soy tan dado a pensar cosas de toda índole (raro que es uno, valga la digresión): ¿por qué no empiezan a revisarlos a mano como se ha hecho siempre? El funcionario me leyó el pensamiento, porque rápidamente dijo: "es que todo hoy ya funciona con ordenadores" ("malfunciona", pensé).
Porque ¿alguien cree que funcionamos hoy mejor con tanta computadora? A los que creen a pies juntillas que sí les diría que piensen en todos los momentos en que no funcionan (por averías o cortes de luz) y en cómo en esos momentos lamentamos no haber establecido un plan B de carácter manual que resuelva la incidencia con casi mejor eficiencia.


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Es un asunto curioso el de los libros más vendidos de hoy en día. Uno pasea su mirada curiosa por los expositores de novedades de cualquier librería grande (las pequeñas apenas subsisten ya) y se asombra al contemplar cómo la mayoría de esas novedades lo fueron hace siglos. Me explico: abundan en esos mostradores novelas de asuntos vaticanos, heréticos, proféticos, herméticos, masónicos... espirituales en suma.
¿No quedamos en que Dios había muerto? ¿Por qué entonces lo buscamos aún entre tanto chip y tanta tecnología espacial?
Quizás sea porque la vida es una pregunta sin respuesta a la que le falta todo lo que debería entrar entre los dos signos de interrogación: ¿...?


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El mayor problema del culturista es tener que buscar ocasiones para una pelea con la que justificar tantas horas de trabajo en gimnasios.



viernes, 14 de mayo de 2010

¿No estará relacionado el tamaño pigmeo de los pisos de hoy con el deseo de eliminar talleres, despachos y demás espacios tradicionales del trabajo casero y del esparcimiento apacible para poder aglutinar así a la apretada familia en torno al televisor, única diversión (educación) permitida?


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Es curioso cómo en la sala de profesores de cualquier instituto rigen unas leyes universales acerca de la posesión siempre mutable de los bolígrafos del personal.


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El hombre es el único animal que puede morir de novedad.


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El que pretenda imponer el sentido común irá en contra del sentido común.


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Una niña, ¡qué ilusión!, ¡qué mona! Y con ella los regalos, ¡qué cosaaaa!, mira, papá, la colección de siete braguitas, cada una con el nombre de un día de la semana... Pasan los días, los meses. El crudo invierno, los madrugones, el cansancio. Ducha diaria, tú te encargas, papi, sí, braga diaria... hoy es lunes, la braguita del lunes, hoy es... ¿jueves?, ¿qué coño toca hoy? ¡Al carajo el calendario!



miércoles, 12 de mayo de 2010

La utopía es un sueño irrealizable, pero a veces me gusta pensar que está cada vez más cercana con cada pequeña conquista cotidiana de nuestra minúscula existencia.


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¿Adónde irán las ideas fugaces que rondan momentáneamente, como moscas perezosas, las cabezas de los literatos de ocasión y terminan dejando un vacío enorme si no se cazan con papel y tinta?


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¿Debe el filósofo conocer el bien? ¿Y debe ser, como buen filósofo, un hombre igualmente bueno? Si es que sí, ¿cómo se comporta un filósofo cuando lo despiertan de la siesta a las cuatro y media de la tarde para preguntarle si no conoce el mejor seguro de vida del mercado?


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En relación con lo anterior, el capitalismo salvaje de hoy roba al hombre común los tradicionales tiempos y espacios para el descanso. ¡Se acabó la hasta hace poco sacrosanta siesta! ¡Hala!, ahora toca conocer todas las ofertas del mundo después de comer. Menudas digestiones nos esperan.


martes, 11 de mayo de 2010

¿Son tan importantes los textos? Desde el punto de vista histórico, sí: ¿qué restos nos quedan de la ideología del hombre del Imperio Romano o del medieval aparte de la reflejada en los textos de esa época?
El problema es que hoy no se leen los textos, ni los del pasado ni los de ahora (si acaso más éstos que aquéllos: triunfan en las cajas de las librerías los ejemplares de las mesas de novedades sobre los fondos de las librerías, pero tampoco se lee mucho tantísima novedad).
¿Por qué no se lee tanto ahora? Una respuesta (de las muchas que pueden darse) podría ser que se vive hoy en un presente absoluto que anula toda visión crítica del devenir del ser humano.
Se olvida así, pues, que el hombre sin textos es menos hombre.


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En este siglo XXI nadie confía en nadie: es la herencia que nos dejó la historia cruel del siglo XX (campos de exterminio nazis, gulags estalinistas y, recientemente, la anomia del mundo capitalista y globalizador).
Por ello, la salida lógica a esa desconfianza es el individualismo salvaje (de estirpe romántica) que se ha instalado en nuestros sistemas de pensamiento.



lunes, 10 de mayo de 2010

Es curioso cómo algunos detalles definen a una sociedad: la luz de lectura en los autobuses interurbanos de líneas regulares es un detalle que queda en manos de la voluntad del chófer (algunos de ellos apagan incluso las luces del pasillo, con lo que el autobús se convierte en una sombra de viajeros cegatos que recorre la noche tenebrosa).
CONCLUSIÓN: Si no hay luz, el chófer impide a un buen puñado de personas el derecho a leer y escribir, o sea, los convierte transitoriamente en analfabetos noctívagos. La triste verdad es que muy pocos queremos ejercer y, por tanto, exigir ese derecho.


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¿Qué es un hombre? A veces, una estrella, una de las más fulgurantes del universo; otras veces, el más miserable grano de arena de una playa desierta y triste. Otras veces es ambas cosas y ninguna a la vez. Depende de cómo tenga el día.


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En España, cualquier cargo (aunque sea de silbato y sin gorra) es rey.


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En muchas ocasiones, los grupos humanos dejan de funcionar bien no por ser dirigidos por los más inexpertos o incapaces, sino por no serlo por los que podrían ser los verdaderamente expertos y capaces (véase lo escrito por el autor con respecto al principio de Gómez).

domingo, 9 de mayo de 2010

Imagen: Antonio Vico



Juárez de Juni tenía un amigo que se llevaba todo el día buscando las ofertas más destacadas de cada súper, hipermercado o centro comercial, lo que en definitiva le hacía gastar más dinero de la cuenta en desplazamientos buscando la oportunidad más jugosa.
El amigo de Juárez de Juni, Leandro López de Leza, ignoraba que el sistema de mercado globalizante y capitalista vende una idea perversa a incautos de clase media como él: la de que lo barato es siempre lo mejor.
Para los compradores de gama alta la idea general, igualmente falsa, es la de que lo más caro es siempre lo de mayor calidad y, sobre todo, lo más exclusivo y personal.
Juárez de Juni prefería prefería pagar un poco más por evitarse la peregrinación por esos templos de las rebajas.


sábado, 8 de mayo de 2010

Otra sobre los diccionarios del futuro: estarán llenos de hardware y software, de robots y de webs, pero ¡cuántas palabras sin cursiva dejarán atrás y con ellas los conceptos que éstas representan! Adiós a todos los términos relacionados con la cultura rural tradicional, a los chotos y a los chopos, al aventar del trigo, a los estorninos y sus cantos, sin olvidar a los zorzales. Guarden los diccionarios de hoy porque dentro de poco serán el catálogo de las ruinas de un mundo que dentro de poco parecerá que nunca existió.


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El comedor de marisco se asilvestra o embrutece de forma directamente proporcional al número de patas, bocas o demás articulaciones del bicho que haya de desmadejar.

viernes, 7 de mayo de 2010

La escritura es un arma de doble filo. Me refiero a la escritura en general, la de, por ejemplo, cualquier notita para la compra (no sólo la de altas cumbres literarias). Los dos filos son los siguientes: por un lado, anotamos lo que está pendiente con ánimo de resolverlo en pronta fecha y parece que con sólo escribirlo queda resuelto. “Llamar al notario”…, ¡ea!, ya queda escrito, y con ello parece que uno delega en la hoja de papel la tarea de tener que recordar la cita.
Pero está el otro filo del arma, el que más corta: ¿qué ocurre cuando se escribe algo que hemos de hacer y queda escrito “per secula seculorum”? Que nos atormenta cada vez que contemplamos la nota en la agenda, y lo hará obsesivamente: “ordenar el trastero”, “ordenar el trastero”…, y parecerá que lo escribimos cien veces como castigo cuya única penitencia será terminar ordenándolo.
El primer caso tiene un solo problema: que la hoja sobre la que hayamos escrito sea volandera y, así, el notario se quede esperándonos porque olvidamos la cita. Si la hoja no es volandera (verbigracia, una agenda), en ese caso hay que apuntar también “consultar la agenda” porque, si no es así, no sirve de nada tanta tinta.
El segundo caso planteado es más sangrante, pues no sabe uno qué es peor, si ordenar el trastero directamente o apuntar que hay que hacerlo en un papelucho, en una nota que rondará nuestra vigilia y nuestro sueño durante décadas o, en el peor de los casos, siglos.


jueves, 6 de mayo de 2010

El país de las chapuzas




Se pueden conocer cuáles son los problemas de un país analizando las máximas aspiraciones de sus habitantes. En España, éstas se concretan, en general, en tener un trabajo de funcionario bien pagado en el que dar pocos golpes.
Esa desidia individual se traduce en una apatía colectiva que imposibilita el progreso, entendido éste como la mejora de las condiciones de vida y trabajo de una sociedad.
Sistemas sociales más jóvenes que el nuestro nos ganan en espíritu emprendedor (es el caso de los Estados Unidos de América). La vieja España, orgullosa de su historia y sus privilegios caballerescos, asentados en la forma del ser español, puede que sea más sabia y escéptica que el imperio norteamericano, pero es indudable que éste nos gana, además de en inocencia positiva, en una movilidad y una tensión admirables en las relaciones sociales que envidia el resto del mundo y que deberíamos tomar como ejemplo, sin adoptar (como estamos haciendo) lo peor de aquel sistema.

miércoles, 5 de mayo de 2010



¿Dejará Plinio el Joven alguna vez de ser un impúber?

martes, 4 de mayo de 2010

Fotografía de Ramón Simón.



¡Pobre iluso el barbudo que pretenda impresionar con su peludo rostro! Debajo de la tupida barba siempre estará el niño tímido que lleva dentro. Afeitarse la barba sería para él entonces volver a la imberbe inocencia de la infancia.
Nada más levantarse, recorría el piso sintonizando en la radio de cada habitación los diferentes informativos de la mañana. De ese modo, mientras se afeitaba o tomaba café, conseguía una caótica visión plural de la realidad mundana.

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La única ventaja que encuentro para desechar hoy la idea de formar parte de una tertulia literaria es que de esa forma uno se evita tener que soportar a letraheridos inaguantablemente pedantes con cante a güisqui de garrafón*

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*Nota del autor: esta máxima minúscula fue escrita antes de conocer a los mercuriales, caracterizados por su cándida sobriedad y morigeración.


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Es curioso cómo valoramos más a alguien famoso si es de nuestro pueblo o barrio antes que a los de otros lares. De ese modo, algún escritor famoso casi preferiría leer el pregón a la virgen de su tierra o patria chica el día de su fiesta antes que el discurso de recepción del Nobel de Literatura. ¡Cuánta fuerza tiene en nosotros la tierra!

Tres finales para el caso anterior:

A) Si elige dar el pregón, perderá en universalidad.
B) Si, por contra, viaja a Estocolmo, perderá el favor de sus conciudadanos y el de su virgencita... ¡terrible confusión!
C)La resolución de la tesitura entre ser aplaudido por muchos desconocidos o por los queridos paisanos de uno puede estar en dar el pregón de las fiestas del pueblo en el discurso de recepción del Nobel (siempre puede uno alegar que se dejó en casa los otros papeles).

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Todo españolito conoce las leyes, pero siempre son de aplicación exclusivamente para los demás, nunca para él mismo.



lunes, 3 de mayo de 2010

Pienso que la escritura, aunque adorne sus formas con tiempos pasados o futuros, es eminentemente una actividad volcada en el presente. El escritor puede recrear el Egipto faraónico en una novela histórica, pero los pensamientos y emociones de sus personajes estarán filtrados por su propio estado de ánimo a la hora de escribir.
Por otra parte, ¿acaso las emociones del hombre de hoy son distintas de las del hombre de épocas pasadas? Para todo escritor su literatura es puro presente: no vale de nada lo escrito anteriormente y hay que seguir escribiendo para conocer más de uno y del mundo.

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El estilo lo es casi todo. El resto que falta es lo que termina de hacer grande una obra literaria.







domingo, 2 de mayo de 2010






Un poema es una lágrima de tinta vertida sobre el papel en blanco de las horas.

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Algunos historiadores han acometido la ingente tarea de contar el enorme número de asesinatos, violaciones, atentados, suicidios, depresiones y demás horrores provocados por el comunismo y el fascismo a lo largo del siglo XX.
Cuando sea finalmente completada la lista, ¿alguien hará lo propio con las víctimas del mundo globalizadito actual, habitantes de los extrarradios miserables de este mundo extraño, esclavos opulentos rodeados del vacío del tener y no ser?

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He perdido un cuaderno con algunas máximas que no puedo recordar, igual que otras veces he perdido la oportunidad de desarrollar ideas fugaces que, igual que han llenado de luz mi cabeza en la madrugada, la han dejado luego a oscuras. Sólo espero que si alguien lo encuentra pueda reconocer algunas ideas suyas en mis palabras. Es mi único consuelo.
De todas maneras, no hay que mirar atrás hacia lo que no ha de volver. La vida y la escritura corren por caminos paralelos hacia delante siempre. Con la escritura de este texto suplo en parte la pérdida de esos otros que no han de volver.

sábado, 1 de mayo de 2010

Ha estado de moda el arte abstracto por encima del realismo. ¿Por qué? ¿Porque supone una mayor evolución en el concepto artístico que explica la relación hombre-hombre y hombre-mundo? ¿O es que -simplemente- se tarda menos en pintar un cuadro abstracto que uno figurativo y, por tanto, el galerista monta en menos tiempo una exposición con más cuadros y más fáciles de vender?

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La leyenda no es historia, pero muchas veces crea historia.

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Si no fuera por los tontos que cruzamos de acera para arrojar a una papelera pequeños trozos de papel (incluso con situación de riesgo vital), ¿de cuántos papeles estarían adornadas las calles en total?

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¿Por qué esa manía de editar todo lo que nos dejaron escritores ya fallecidos sin saber si ellos hubiesen querido publicar gran parte de esos textos? Respetemos el pudor de los muertos.


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