Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 21 de febrero de 2011

Cervantes, Shakespeare y los calendarios



Es sabido que hay muchas dudas acerca de las fechas exactas en que murieron dos genios de la literatura en español y en inglés: Miguel de Cervantes (1547-1616) y William Shakespeare (1564-1616).
Parece ser, aunque es dudoso, que ambos fallecieron el 23 de abril de 1616, el español en Madrid (en una casa en la esquina de las calles Francos y de León) y el inglés en su pueblo natal de Stratford-upon-Avon, donde parece ser que había nacido también un 23 de abril, el de 1564. Esta es la explicación de que en ese día del año se celebre desde 1995 el Día Mundial del Libro.
En cualquier caso, pudieron haber muerto en la misma fecha, pero no el mismo día, debido a que en Inglaterra hasta 1752 no fue adoptado el calendario gregoriano, vigente en España desde 1582.
El calendario juliano (reforma de Julio César de uno anterior y vigente desde el año 45 antes de Cristo) había sido remozado por el papa Gregorio XIII (de ahí lo de calendario gregoriano). Esta reforma pretendía eliminar el error de diez días que había acumulado el calendario juliano con respecto al año trópico (un error de un día por cada 128 años). Entre otras reformas, en 1582 el día siguiente al jueves 4 de octubre fue el viernes 15 de octubre, con lo que diez días desaparecieron de un plumazo; esto sucedió solo en los países que obedecieron la bula papal, todos los católicos (España lógicamente entre ellos) y algunos protestantes.
Así pues, ambos escritores pudieron haber muerto en la misma fecha del 23 de abril, pero no el mismo día: Cervantes probablemente murió un sábado y Shakespeare un martes. El escritor inglés murió, según el calendario juliano de Inglaterra, el 23 de abril de 1616, es decir, el 3 de mayo de ese año según el calendario que regía en España. Por tanto, el divino William murió probablemente diez días después que el autor de El Quijote.
Así pues, diez días de diferencia separaron el deceso de dos grandes genios de la literatura universal (precisamente, los diez días que separaban entonces un calendario de otro). Vale.

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Bibliografía y páginas en Internet:
-David Ewing Duncan: El calendario. Editorial Emecé, Barcelona, 1999.



lunes, 14 de febrero de 2011

Poesía contra los males de la existencia



Gibran Jalil Gibran


A mi tío Toni y a su mujer, Mari.

No recuerdo qué crítico literario consideraba que el ser humano, tras los horrores de los campos de concentración, solo podía recobrar la mirada inocente del mundo en la lectura de dos obras: El idiota de Dostoyevski y El Quijote de Cervantes.
Como idea queda muy bien en el papel (o en el blog), pero me imagino que no sólo estas dos grandes obras pueden ser un consuelo ante las desdichas.
Mi tío Antonio Fernández, a quien, junto a su mujer, dedico esta entrada, me contaba hace poco que en su estancia en Alemania como emigrante conoció, en el año 1.961, a José Luis López Vázquez. No se engañen: no era el actor, aunque se llamaban igual. Este emigrante gallego, muy buena persona (según mi tío), era un comunista que había huido de dos condenas a muerte en la España de la posguerra.
El caso es que aquel hombre había memorizado una poesía, que es la siguiente (he hecho algunos cambios, necesarios desde el punto de vista filológico):



A LOS PADRES


Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Son los hijos y las hijas

del deseo de la vida

para ella misma.


Vienen a través de ti

mas no son tuyos,

y aunque están contigo

no te pertenecen.


Debes cobijar sus cuerpos

mas no sus almas,

puesto que sus almas

moran en la casa del mañana,

la cual tú no puedes visitar

ni siquiera en pensamientos.


Dales tu amor,

mas no tus pensamientos,

puesto que ellos tienen

sus propios pensamientos.


Debes asemejarte a ellos

y nunca busques

que ellos se asemejen a t¡,

pues la vida

no camina hacia atrás,

ni se para en el ayer.

(Les ofrezco aquí otra versión del texto, que pertenece a la obra El Profeta).

He buscado información sobre este poema y he descubierto que es del escritor libanés Jalil Gibran, que estuvo muy de moda en los años sesenta del pasado siglo.
Posiblemente aquel comunista perseguido no sabía quién era el autor del texto o cuál era la mejor traducción del mismo al español, pero seguro que en aquella poesía encontraba una verdad demoledora sobre la existencia.
Esta historia me recuerda el final de Fahrenheit 451, la preciosa historia de los hombres-libro que memorizan una y otra vez libros enteros para que no los quemen las brigadas de bomberos totalitarios.
En realidad, casi todos tenemos en la cabeza (unos más que otros) un caudal de textos que representan, al mismo tiempo, un consuelo de la existencia, una enunciación de las grandes verdades de la misma y, sobre todo, la belleza del arte de las palabras. Aunque, en el fondo, lo que vale es ser buena persona. Vale.

lunes, 7 de febrero de 2011

La dictadura de los niñitos (o niñatos)




Paisaje posterior a la batalla: imagen de los restos de un botellón o botellona (ambas variantes son válidas). Lugar: cualquiera (para el caso es lo mismo).



Antes que nada, perdóneme usted, lector mío de mis entretelas, no haber podido acudir a la cita del pasado lunes, pero el virus de la gripe me ha tenido fuera de combate varios días.
El tema de mi reflexión hodierna es el de la creciente rebeldía de las masas ineducadas de jóvenes. Cada día leemos en la prensa noticias de asesinatos, violaciones y demás actos salvajes cometidos por adolescentes a los que años atrás la sociedad hubiese considerado prácticamente niños.
¿Qué es lo que está pasando en esta cultura posmoderna de masas con nuestros jóvenes? Es un tópico lo de considerar que el joven por naturaleza está destinado a destruir la cultura de siglos de tradición e imponer su barbarie y su falta de criterio. Hay tablillas sumerias en las que ya aparecen estas ideas. Sin embargo, hoy más que nunca parece que el grado de incivilidad de las nuevas generaciones alcanza cotas nunca vistas antes.
La respuesta debe estar en la situación de los padres de estos reyes de la casa. Hartos de trabajar todo el día fuera de casa, muchos padres apenas ven a sus hijos cuando llegan del trabajo, y si los ven y están un rato con ellos apenas los escuchan, o bien los escuchan demasiado... En fin, creo que éste es un problema fundamental de este mundo en el que vivimos y que sufrimos más tarde o más temprano todos. Los profesores, que estamos en la primera línea de la batalla, estamos más expuestos que otros colectivos a lidiar con estas nuevas generaciones de ni-nis (Ni quieren estudiar NI quieren trabajar), pero al final el problema termina afectando al conjunto de los individuos del sistema social en mayor o menor grado.
Estamos viendo día a día como niñas, que un año antes jugaban con muñecas, llegan a los institutos convertidas en muñecas seductoras tras arduas sesiones matutinas de maquillaje y peluquería; cómo chavales que un año antes jugaban con indios y vaqueros pasan a jugar con bebidas de alta graduación alcohólica. Se adelanta cada vez más la iniciación sexual de los jóvenes, aunque su mentalidad sea, por fuerza de la biología, necesariamente infantil.
Hace poco me contaba una compañera que un primo suyo le había regalado a sus hijos dos juguetes de una conocida película infantil. Le habían costado cien euros. ¡Cien euros!... El diez por ciento de muchas nóminas mileuristas. Ese hombre, que dedica gran parte de su sueldo a satisfacer todo capricho de sus hijos, dentro de muy poco tiempo estará destinado, si no lo remedia a tiempo, a seguir satisfaciendo sus deseos en una escala cada vez mayor (hasta costearles el dinero de las copas y las drogas). No sabrá cómo ponerles límites a sus hijos, porque él mismo no se los ha sabido imponer al tratar con ellos.
Piensen en el caso de los asesinos de Marta del Castillo, que se han burlado y se siguen burlando de la policía, de los jueces... y de todo aquel que se les ponga por delante.
Hemos perdido la idea de autoridad y una sociedad que hace eso está enferma necesariamente de hipocresía y de cinismo. Vale.

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P.S.: Fui hace poco a un sitio de cumpleaños de estos que están ahora tan de moda. Me dicen que para celebrar allí el cumple de mi hija debo soltarles, como mínimo, 132 euros del ala. ¿Es que estamos locos? Así nos va: los jóvenes aprenden pronto a nadar y guardar la ropa, a tener todos los derechos y ninguna responsabilidad. No sé... Pienso que se vive hoy demasiado deprisa sin poder reflexionar con los hijos acerca de las cuestiones fundamentales. Creo que estamos perdiendo los papeles, pero el problema es que nos metemos todos en la misma corriente y nadar contra ella es harto difícil.


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