Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

domingo, 17 de enero de 2016

LUGAR AMENO







A la memoria de José María Reyes, quien tanto nos enseñó

 

   Recuerdo una tarde de verano

en que fuimos a visitarte

a tu querida casa de La Antilla.

El sol justiciero reverberaba

sobre la blanca y fina arena.

Al final de la velada,

en el paseo marítimo,

te pregunté por los rasgos

de un tópico latino,

el del locus amoenus,

´lugar ameno, deleitoso´,

viejo tópico horaciano,

y, mientras volvíamos a los coches,

cansados de la calima,

agotándose ya la tarde,

me ibas recitando una lección

de catedrático antiguo:

 

   «El rumor del agua,

el frescor y el verdor del sitio,

la buena temperatura,

la suave brisa,

la mezcla de sol y umbría,

los árboles que dan sombra,

el canto de los pájaros,

el silencio, sólo roto

por sonidos de la Naturaleza

(agua, balidos, brisa, piadas) …»

 

   Hoy que sólo eres sombra,

mero nombre en un registro,

recuerdo aquellas palabras tuyas,

que apunté en mi cuaderno

y que ahora torpemente ensarto

en estos versos.

 

   Aprendimos contigo

que lugar ameno es aquel sitio

en el que uno halla la armonía,

en el que el alma se recrea,

en vuelo libre,

en hallar el amor al mundo.

 

   Hoy quise recordarte,

José María Reyes Cano,

y rogar a Dios que,

allá en las praderas celestes,

tu alma haya encontrado,

al fin, el lugar deleitable,

el lugar ameno,

el cual, tanto si vivimos

allá arriba,

en el cielo de los recordados,

como aquí abajo,

en la Tierra,

es propicio sitio

para el encuentro de nuestra alma

con el amor, con el deseo,

con el misterio.
 
 
 

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