Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 1 de febrero de 2016

PALABRAS ENLATADAS




A mis padres, Cayetano y Manoli, que me enseñaron el don de la palabra

   Hace días iba con mi hija
en un autobús de vuelta a casa.
La tarde, casi primaveral,
mostraba sus ropajes de fiesta
antes de la llegada de la noche.

   Era uno de esos buses
largos como gusanos,
que giran en su centro
al tomar cada curva.

   Mi hija me hablaba
de sus amiguitas del cole,
de exámenes, de deberes,
de un proyecto de ir al cine…

   A nuestro lado, justo en medio
de aquel largo vehículo,
estaban una madre y su hija,
adolescente menuda,
cada una metida en su móvil,
en un mundo frío de silicio y cobalto.

   La mujer le dijo algo a la niña,
que tenía que hacer un trabajo,
y la respuesta fue desabrida:
“Vale, mamá, déjame”.

   Y siguieron con sus móviles,
en el eje de aquel autobús de gusano
que atravesaba la ciudad crepuscular,
cada una con su búsqueda,
tecleando palabras enlatadas
dirigidas a otros,
palabras que no encontraban
el camino más corto
para llegar al alma
de la persona de al lado.

   “Triste”, recuerdo haber pensado.
Llegamos a nuestra parada.
Del autobús bajamos.
El sendero a casa,
por la caída del sol casi oscuro,
me pareció incierto.

   Mi hija, luz de mis ojos,
su cara iluminada de alegría,
esa alegría inocente de los niños,
me miró con ternura.

   En su mano, mi móvil,
aún buscador de juegos infantiles,
no mostraba su rostro
de matador de conversaciones.

   Cuando llegábamos a casa
su risa de travesura
iluminaba mi alma.


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