Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 11 de abril de 2016

CUADRO CUBISTA DE UNA PLAZA DE TOROS






   Habéis contemplado durante siglos, en el ovoide imperfecto, dentelladas de perros alanos, banderillas negras y de fuego, a reyes, a viajeros románticos, a toreros y apoderados de toda laya, carteles, entradas de antiguas faenas…
   Vuestros ojos han visto, desde la altura del viejo foro, barcos en el río, caballos desvencijados, billetes de amor, ordenanzas, monedas, gradas, tendidos, balconcillos, barreras, capotes de brega y de paseo, muletas, mantones, mantoncillos, mujeres guapas, gente siempre bien vestida, y toros, muchos toros…
   Toda la historia de un coso: planos de la primera plaza de madera, el montículo del Arenal, la hermandad del Baratillo, la Virgen de la Caridad en la capilla de los toreros, el rezo, el valor, la sangre, el esfuerzo, el sudor, fotos antiguas, los palcos de autoridades, los cabildos, la empresa, los maestrantes, proyectos de ampliación del anfiteatro, crónicas taurinas del pasado, tablas tomadas con prisa para evitar la cornada…
   El tañido de las campanas de la Giralda ha acompañado vuestra visión de las espadas frente a los cuernos, de banderilleros y picadores, sombreros de todos los colores, posaderas, abrigos, abanicos, carteles antiguos de museo, las fiestas de cañas, salidas a hombros, tardes de soberano aburrimiento y sol de plomo, cuerpos enlazándose y desenlazándose y nubes, hermosas nubes de primavera…
   Han visto vuestros ojos las plazas de madera anteriores, toros en la plaza de San Francisco, en el matadero de San Bernardo, pintores, fotógrafos, poetas, políticos, bebidas, avellanas, el arrastre de mulillas, la suerte de la garrocha, rejoneadores, ojos que contemplaron y contemplan fijamente, el desolladero, toros muertos pesados con romana, moscas golosas, mujeres toreras, vuelos graciosos del engaño, puros habanos, cigarrillos, pañuelos blancos, el callejón, el miedo, el paseíllo, la música de los pasodobles, el pellizco de deleite en el alma, orejas, rabos, camarógrafos que grabaron la visita de famosos, de cantantes, el puente de Triana…
   También cogidas mortales o leves, caballos sin peto y con peto, espontáneos, broncas, la plaza partida en dos, el pueblo y la nobleza unidos en un solo espacio, mítines políticos, la cabalgata de Reyes Magos, la porta gayola…

   Faenas épicas y de ensueño y todas esas piedras de siglos las habéis visto siempre vosotros, los vencejos, que, cada tarde de abril, bajáis de las nubes volanderas en pequeño grupo, enlazándoos y desenlazándoos, para dar vueltas infinitas y perfectas a la hermosa plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, vueltas que paran el tiempo en medio del impresionante silencio de los hombres ante la maravilla del arte y la belleza.

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