Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

martes, 26 de enero de 2016

EL LANZADOR DE INVECTIVAS


 

 
 
   Las pepitas de melona en verano o de calabaza en invierno no consentía Salustiano que nadie de su familia las dejase abandonadas en el fregadero, ya que él era el encargado de dicho negociado y, además, una persona escrupulosamente cumplidora y exigente.
   Ya jubilado, se dedicaba a su entretenimiento preferido: lanzar a la calle invectivas en verso.
   ¿Que había un botellón cantarín a altas horas de la noche debajo de su ventana? Allá que iba lanzada una invectiva de papel:

 

Por descanso vecinal

no beban ni chillen tanto,

que sin tanto molestar

se pasan mejores ratos.

 

   ¿Que pasaba el camión de la basura con un ruido atronador? Pues otra invectiva que te crio:
 

¿Por qué no inventan, señores,

un camión que no despierte,

que deje dormir al mundo,

que no asuste al tío Vicente?
 

   Eran quejas simpáticas, obsequiosas, nunca desairadas, gestos de paz de un hombre bueno.

* * * * * *
 

   Un día, próxima ya la ida, enfermo Salustiano en la cama, entró por la ventana, abierta al sol del ocaso y al aire infinito de la tarde que agonizaba como él, una bola de papel. La abrió con sus añosas manos, huesudas y temblorosas.
   Emocionado, leyó la carta de su Padre:

 

Desde arriba ya te llamo

para que vengas prontito.

Ordena ya tus papeles

y vente pronto conmigo,

para que sigas lanzando

mensajes de amor, querido,

desde mi balcón del cielo.

Un saludo, caro amigo.

 

   Cerró los ojos y, confiado en la paz eterna, en ella descansó al fin. O eso cuentan.

domingo, 17 de enero de 2016

LUGAR AMENO







A la memoria de José María Reyes, quien tanto nos enseñó

 

   Recuerdo una tarde de verano

en que fuimos a visitarte

a tu querida casa de La Antilla.

El sol justiciero reverberaba

sobre la blanca y fina arena.

Al final de la velada,

en el paseo marítimo,

te pregunté por los rasgos

de un tópico latino,

el del locus amoenus,

´lugar ameno, deleitoso´,

viejo tópico horaciano,

y, mientras volvíamos a los coches,

cansados de la calima,

agotándose ya la tarde,

me ibas recitando una lección

de catedrático antiguo:

 

   «El rumor del agua,

el frescor y el verdor del sitio,

la buena temperatura,

la suave brisa,

la mezcla de sol y umbría,

los árboles que dan sombra,

el canto de los pájaros,

el silencio, sólo roto

por sonidos de la Naturaleza

(agua, balidos, brisa, piadas) …»

 

   Hoy que sólo eres sombra,

mero nombre en un registro,

recuerdo aquellas palabras tuyas,

que apunté en mi cuaderno

y que ahora torpemente ensarto

en estos versos.

 

   Aprendimos contigo

que lugar ameno es aquel sitio

en el que uno halla la armonía,

en el que el alma se recrea,

en vuelo libre,

en hallar el amor al mundo.

 

   Hoy quise recordarte,

José María Reyes Cano,

y rogar a Dios que,

allá en las praderas celestes,

tu alma haya encontrado,

al fin, el lugar deleitable,

el lugar ameno,

el cual, tanto si vivimos

allá arriba,

en el cielo de los recordados,

como aquí abajo,

en la Tierra,

es propicio sitio

para el encuentro de nuestra alma

con el amor, con el deseo,

con el misterio.
 
 
 

sábado, 9 de enero de 2016

RUINAS (Microrrelato)






   Aquel hombre enjuto y con ojeras, agobiado por el peso del tiempo, ignoró, en el preciso instante en que colocaba una pluma ensangrentada de su canario en la boca de aquel cartón de leche vacío antes de tirarlo a la basura, que, millones de años más tarde, arqueólogos de otros mundos lograrían hallar en aquel resto de plumas la clave que les permitiría averiguar casi todos los misterios del universo, incluso los que bullían en el fondo de su alma antes de matar aquel maldito pajarraco que torturaba sus sienes, machacadas por las indecencias de sus alumnos.




lunes, 4 de enero de 2016

LA CARTA QUE LOS REYES MAGOS ESCRIBIERON





A mi hija Eva Zhou
 y a todos mis sobrinos, a quienes tanto quiero

 

   Querida hija,

hace unos días tuve un sueño,

maravilloso sueño navideño,

en el que me era revelado el secreto

de una carta a ti dirigida

por los sabios de Oriente.

 

   Es difícil recordar los sueños,

pero voy a intentar escribirte

lo que aquella carta decía:

 

   «Por aquel lejano día

en que ordenaste tu cuarto;

por la bondad sincera

que late en tu alma;

por haber tirado el año pasado

cien tapas de yogur a la basura;

por seguir siendo la capitana

del barco que es tu casa;

por ser todavía

una cándida niña;

por amar la bondad

de las personas que te rodean;

por ayudar a que tus padres

estén contentos;

por ser dulce hija, bella nieta

linda prima y sobrina,

deliciosa amiga…

 

   Por todo ello y por más hechos

que no se recogen en esta lista,

le hacemos saber a usted,

hermosa princesa,

que, en la madrugada mágica

del cinco al seis de enero,

nosotros, Sus Majestades

los Reyes Magos de Oriente,

nos hemos de pasar por su casa

para dejar en ella presentes

en premio por sus desvelos y su cariño.

 

   Si oye algún ruido

en medio de la noche,

siga durmiendo,

no se despierte,

pues la magia de Oriente,

con la inestimable ayuda

de los que se fueron

de este mundo,

necesita el silencio

para desplegarse esa madrugada

y llevar al último niño

de esta bendita tierra

la luz de la ilusión,

la sorpresa y el goce

del regalo de la existencia».
 
 

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