Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

martes, 28 de abril de 2009



La manzanilla, bebida moderadamente y acompañada de buenas viandas (gambitas, tortilla de patatas, pollo frito, guisos variados, “y tambié tenemo...”) conseguía el efecto deseado: recordar el pasado con el punto justo de nostalgia, animar el presente con euforia y esperarlo todo del porvenir, que se presentaba amable y rumboso en aquellas horas felices.

Caía la tarde. Seguía la conversación calmada, interrumpida de repente por el golpe del tambor, los palillos y las palmas apagadas. Cerca, alguien con buena voz cantaba.

Apenas podía apreciar los matices del brillo del catavinos que sostenía su añosa y ajada mano, pero sabía sin mirar que allí estaba, como en muchos otros sitios, ocultos para quien no sabía mirar, una de las muchas encarnaciones del Innombrable.

Por encima de las conversaciones, del cante, de las palmas sordas, del rasgueo de las guitarras convocantes, viniendo su presencia de más allá de las casetas de la otra ribera y de las blandas nubes primaverales de un cielo de cartel de toros, se olía, se sentía en su brisa, aunque no podía verse, el mar, siempre el mismo y siempre cambiante, metáfora perfecta del hombre.

lunes, 27 de abril de 2009


Omnia vincit Amor

Fervor líquido de tus labios,

serena oquedad del mágico instante,

fluir de miradas incandescentes,

lenta,

pausadamente;

cuerpo a cuerpo la batalla,

beso a beso la rendición,

agónica rendición

de humores desembalsados,

de gritos agrietados

en la última esquina de la aurora.

Tú, yo, y el mundo en nosotros...

domingo, 26 de abril de 2009




Duda cruel

Cuando yo ya no esté,

¿quién irá a mi tumba a llorarme?

¿Irás tú quizás, con tu traje lavado

y tu cara de domingo,

con tus altas pestañas enredadas en viento,

o acaso también tú sufrirás por entonces

el olvido que es la muerte?

¿Quién se acordará de mí,

de mis gestos, mis palabras,

mi alto tono de voz, mis chistes

horrorosos e indecentes?

A quien vaya lo saludaré desde abajo,

sin levantarme,

le mandaré recuerdos,

le diré cuánto lo añoro,

aunque de él no me acuerde,

y le tiraré besos...

y le diré que no me llore,

que tampoco es para tanto.

Pero decidme, amigos, compañeros de vida,

¿quién irá luego a las tumbas

de los que irán a llorarme

cuando yo ya no esté,

cuando yo ya no pueda reírme con nadie

de los chistes horrorosos e indecentes?

sábado, 25 de abril de 2009


...que hay otro ser por el que miro el mundo

porque me está queriendo con sus ojos

PEDRO SALINAS.


es un deíctico”,

dicen los gramáticos,

“palabra vacía de significados

que cobra sentido en cada texto,

en un contexto determinado...”

Eso dicen los gramáticos.

Pues bien, querida amiga:

eres mi texto y mi contexto,

mi gramática, mi catecismo,

mi determinación, mi vocabulario,

mi diccionario de afectos;

cobras sentido en mí

a cada instante, en cada sitio,

cuando en ausencia hablas

al oído de mi desvelo.

Eso te lo dice en estos versos

el gramático que declina

los accidentes de tu cuerpo.

viernes, 24 de abril de 2009



Luz..., más Luz

Avanzó entre las filas con firmeza,

alta la frente, el gesto cansado,

hombre de Luz en la dorada mañana.

Él era Luz y lo sabía,

y los demás lo comprobamos

en el inconfundible brillo

de sus párpados entrecerrados.

Un murmullo recorrió la masa,

allí concentrada por motivo intrascendente:

“Es Luz quien avanza,

por fin nos han escuchado”.

Sin una sola palabra en sus labios

su sola presencia convocó ideas viejas,

mucho tiempo atrás oxidadas:

revolución, pelea, lucha,

utopías, rebelión, conciencias...

(carteles de agitaciones pasadas,

hoy ya en Historia convertidos).

No quería hablar y, sin embargo,

hubo de ser la palabra de todos.

Abrió nuestras míseras y frías almas

con el filo cortante de su discurso;

nos conmovió hasta lo más hondo,

y salimos a la calle deseosos

de cambiar hasta el color del cielo...

Una suave lluvia moja las aceras vacías.

El electricista camina,

lenta, fatigosamente,

bajo el sol apagado del ocaso,

hacia el calor ínfimo de su lecho.

Sobre el asfalto,

aún los restos de la verbena

en que convertimos

sus bienintencionadas palabras.

lunes, 20 de abril de 2009




Hola

Los niños de mi pueblo te saludan

con un hola de tardes brillantes,

de días sin tiempo y sin rencores,

revestidos de pura inocencia,

con sus sudorosas caras regordetas,

ahítos de juegos primeros,

y con esa mirada curiosa,

de cordero del sacrificio,

que apenas indaga en tu fondo.

Años vendrán que han de callarlos

y convertir sus ojos en brasa polvorienta,

en rescoldos que apenas reflejen

el fulgor de esas tardes brillantes

en que a uno le decían hola

sin ocultas intenciones,

sin arañar desafiantes otra alma.

Pero aún es ajeno a ellos el tiempo,

ya añejo para tu mirada adulta.

Para los niños de mi pueblo

un hola y un gesto amable ahora

crean aún un mundo de cercanía,

alejados por un instante mágico

de las ruindades del telediario.

domingo, 19 de abril de 2009




Calle Adriano en tarde de toros


El sol pinta las hojas de los árboles
con verdes de mil brillos distintos.
Caen las seis de la tarde
sobre el polvo del asfalto.
Al fondo, hacia el río,
tres largas palmeras asiáticas
simulan los mástiles de un barco,
falsa promesa de viaje marítimo.
El calor no agobia aquí fuera,
sí en los tendidos de dentro.
Ya son las seis y media:
dentro se oye la banda de música
que anuncia el rito sagrado.
Fuera, en la calle, explota la primavera
ajena a la fiesta del sacrificio.
En la acera de repente solitaria,
con mi entrada en el bolsillo,
contemplo el espectáculo gratuito
del ruedo solar, que pinta la vida
con su pincel de artista de siglos,
y me alejo al fin sonriendo.

viernes, 17 de abril de 2009




Amantes

-Dulce es la noche en tu mirada,

en el crisol fundente de tus ojos,

negros carbones en fuego,

flama en la que me abraso.

-Dulce es la noche en tu presencia,

tierna amante de duros labios,

boca de suaves acentos

y lenguajes del bosque.

-¡Oh, selva de esencia inmarcesible,

mármol frío a mis quejas

y a mi cuidado de amor sereno!

Crepita en mis carnes como un deseo,

deja tibios tus besos en mi cuerpo.

-Ámame, déjame amado esta noche,

deja en la alcoba de mi alma

tu presencia humana de besos

y divina de anhelos nocturnos,

antes de que regrese el día nuevo,

con su lejano coro

de ruidos y misterios,

para anunciar el final de todos los sueños.




¿Soy hombre o acaso cifra?

¿Soy hombre o acaso cifra,

número, porcentaje, mera resta,

o simple átomo de Estadística?

¿Soy hombre o soy suma,

suma de sueños y alientos,

de dolores y rutinas?

¿O quizá sólo de vientos invernales?

¿Soy simplemente?

Sí, simplemente soy. Un hombre,

simple y sin aliento,

que lucha, llora, ríe y canta

a golpe de vivencia y horas,

un entero fragmento de vacío

relleno de palabras, solo palabras.

jueves, 16 de abril de 2009



NIEVE EN SEVILLA

Cae la nieve

sobre los vivos,

sobre los muertos.

Los vivos se abrigan con la nieve,

la nieve cobija a los muertos.

Cae la nieve,

y es como una ola

de gélido hielo

que cala los huesos

de los vivos,

de los muertos.

Y sobre la nieve una nave

que atraviesa los siglos,

un cielo en sosiego

de nubes y mirlos...

viernes, 10 de abril de 2009

A lo lejos, el rumor de una ciudad barroca. En una de sus calles, un día primaveral en que la luz parecía recién fundida en el crisol de un azul imposible del aire, se paraban las agujas del reloj cuando pasaba la divinidad envuelta en incienso, en rostros absortos, en paños de asombro, dejando un rastro de angustia dibujado en los corazones al desvanecerse, quebrando las esquinas con su fuerza, imantada por el paso de los siglos y por la concentración de miles de ojos ávidos e indiscretos sobre ella. Ya de anochecida, el tiempo, recién creado, tenía entonces un peso de siglos a sus espaldas, un hilo de luces eternas en procesión que mueven y conmueven.

domingo, 5 de abril de 2009




Elegía a un niño desconocido

Me llega tu imagen de muy lejos,

atravesando cordilleras y mares

que no aparecen en ningún mapa,

gracias a tecnologías digitales

desconocidas para ambos.

No sé tu nombre ni tu edad.

Sólo sé que eras un niño

y que ahora estás muerto.

Te ha muerto una guerra sin nombre,

una de tantas de una larga lista,

así que eres una de tantas noticias,

una más de otra larga serie.

Tampoco tú tendrás nombre nunca,

no te conozco y no sé si quererte

(¡tan poco tiempo duráis las noticias!).

Si no hubieras muerto,

quizá, probablemente,

hubieras terminado matando a otros.

Por eso no sé si te quiero

o si algún día podría recordar

la vida que de ti desconozco.

Pero tú eras niño;

te robaron la vida.

¿Dónde reclamaremos

tus horas no vividas,

tus hijos no nacidos,

tu vejez nunca aprovechada?

¿En qué sección o negociado?

Niño muerto de la pantalla

(una muerte más, no importa nada),

tú ya no has de dolerte nunca,

pero nos dejas aquí con el vacío

de no poder, de no saber quererte.

Cuando sepan los que han de saber

que la muerte de un niño

vale más que la tierra

que su cuerpo recibe,

quizá, ese día (tan lejano),

podamos aprender a amarte.

Ese día el vacío de tu ausencia tendrá sentido.

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