Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

martes, 9 de febrero de 2016

LOS LIBROS Y SUS VIAJES









   Viajaste a bordo de una lancha de vapor a toda velocidad por el Támesis una noche de luna al lado de Sherlock Holmes y el doctor Watson; compartiste con Don Quijote y Sancho Panza largas horas de pláticas entre golpe y golpe mientras recorríais las sendas de la extensa llanura manchega; te subiste a los árboles con el barón rampante, Cosimo Piovasco di Rondò, para departir con él acerca de todos los asuntos divinos y humanos; atravesaste con Frodo Bolsón los estrechos pasos montañosos de Mordor con el propósito de destruir el codiciado anillo de poder; acompañaste a Lázaro de Tormes en su asendereada vida de hambriento pícaro; te admiraste de la belleza de Moguer, sus campos, sus calles, sus viñas, gracias a la compañía de un altísimo poeta subido a lomos de un burrillo platero…
   En cada página que hoy lees esperas encontrar aventuras como aquéllas, que fueron las más hermosas jamás leídas por ti por ser las primeras y por ser las que más profundamente calaron en tu alma sensible y aún inocente.
   Tanto estimas su recuerdo que a veces no te atreves a volver a abrir aquellos libros y leerlos de nuevo, pues crees que, de hacerlo, una segunda lectura podría hacer desaparecer el hermoso recuerdo que de ellos conservas.
   Viajes de papel, los viajes de los libros de tu juventud… ¡Qué buenos ratos pasaste descubriendo el mundo con ellos!
  


domingo, 7 de febrero de 2016

PALABRAS ENCONTRADAS

   Querido lector:

   Inicio hoy una serie de homenajes a la palabra literaria, concretamente la publicación de vídeos con lecturas en voz alta de textos hermosos del presente y, preferentemente, del pasado. Pretendo con ello rescatar voces de escritores antiguos y también propiciar la lectura en voz alta, actividad gratificante e iluminadora que, por desgracia, no tiene mucha cabida en el mundo tecnológico, ruidoso y precipitado en el que vivimos.
   Inicio la serie con una lectura de Testamento literario (1929), obra del escritor asturiano Armando Palacio Valdés (1853-1938), autor de la generación realista. Es un libro de recuerdos del escritor en el que habla de varios asuntos relacionados con su vocación literaria.
   El libro en el que encontré las palabras del vídeo es un ejemplar publicado en Madrid por la librería de Victoriano Suárez (C/ Preciados, número 48) en 1929. Es la primera edición del libro.

martes, 2 de febrero de 2016

IN VINO VERITAS




A Ismael Yebra, su mujer y sus amigos umbreteños, por habernos acogido con muchísimo cariño en su casa

   El mosto, vino joven,
claro ya en enero,
nos esperaba en sus botas
deseando lo viéramos.

   En la pared colocadas
las fotos de la vendimia,
enmarcados los rostros
de quienes sacan jugo a la viña.

   De comer, papas con chocos
o chocos con papas
(que para el caso es lo mismo),
regados con catavinos
con el fruto de la tierra.

   Y hablar, hablar de todo
y de nada al mismo tiempo,
celebrar haber nacido
y estar vivos y sintiendo.

   Compartir estos instantes
es buscar a Dios en la belleza
de una hermosa copa
de lo mejor de Naturaleza.

   Y de pronto, al fondo,
un señor con gorra
nos mira, se descubre,
va a cantar, pide permiso:

   ¡Qué bonito es el fandango
al amanecer el día
en el silencio del campo
cuando voy de cacería!

   Unos tragos de aguardiente
con agua de manantiales…
¡Ay, si supiera la gente
esos ratos cuánto valen!

   Y se inicia una retahíla
de fandangos de Huelva,
al final siempre rematados
con la misma cantilena:
¡Qué bonito es el fandango
Fandangos de cacería…

   Compartir de verdad,
cantar de verdad,
reír de verdad,
soñar de verdad.

   In vino veritas,
decía el viejo poeta.
El pueblo de Andalucía,
sabio pueblo antiguo,
guarda sus mejores coplas
para los momentos mejores.

   La verdad, nacida del vino
y del fondo de profundas gargantas
sale al aire de la tarde fría
y duele por su belleza,
añuda la garganta.

   Cuando, finalmente,
uno quiere cantar alguna copla,
algún tango o chirigota,
ya el recuerdo ha teñido
de humedad los ojos
y el corazón de nostalgia.

   Entonces, al caer la tarde,
casi al final de la velada,
comprende que las mejores coplas
son las que uno deja de cantar
y guarda en lo más profundo
de su alma renovada
por el mosto,
rico, hermoso,

dulce mosto del Aljarafe.

lunes, 1 de febrero de 2016

PALABRAS ENLATADAS




A mis padres, Cayetano y Manoli, que me enseñaron el don de la palabra

   Hace días iba con mi hija
en un autobús de vuelta a casa.
La tarde, casi primaveral,
mostraba sus ropajes de fiesta
antes de la llegada de la noche.

   Era uno de esos buses
largos como gusanos,
que giran en su centro
al tomar cada curva.

   Mi hija me hablaba
de sus amiguitas del cole,
de exámenes, de deberes,
de un proyecto de ir al cine…

   A nuestro lado, justo en medio
de aquel largo vehículo,
estaban una madre y su hija,
adolescente menuda,
cada una metida en su móvil,
en un mundo frío de silicio y cobalto.

   La mujer le dijo algo a la niña,
que tenía que hacer un trabajo,
y la respuesta fue desabrida:
“Vale, mamá, déjame”.

   Y siguieron con sus móviles,
en el eje de aquel autobús de gusano
que atravesaba la ciudad crepuscular,
cada una con su búsqueda,
tecleando palabras enlatadas
dirigidas a otros,
palabras que no encontraban
el camino más corto
para llegar al alma
de la persona de al lado.

   “Triste”, recuerdo haber pensado.
Llegamos a nuestra parada.
Del autobús bajamos.
El sendero a casa,
por la caída del sol casi oscuro,
me pareció incierto.

   Mi hija, luz de mis ojos,
su cara iluminada de alegría,
esa alegría inocente de los niños,
me miró con ternura.

   En su mano, mi móvil,
aún buscador de juegos infantiles,
no mostraba su rostro
de matador de conversaciones.

   Cuando llegábamos a casa
su risa de travesura
iluminaba mi alma.


martes, 26 de enero de 2016

EL LANZADOR DE INVECTIVAS


 

 
 
   Las pepitas de melona en verano o de calabaza en invierno no consentía Salustiano que nadie de su familia las dejase abandonadas en el fregadero, ya que él era el encargado de dicho negociado y, además, una persona escrupulosamente cumplidora y exigente.
   Ya jubilado, se dedicaba a su entretenimiento preferido: lanzar a la calle invectivas en verso.
   ¿Que había un botellón cantarín a altas horas de la noche debajo de su ventana? Allá que iba lanzada una invectiva de papel:

 

Por descanso vecinal

no beban ni chillen tanto,

que sin tanto molestar

se pasan mejores ratos.

 

   ¿Que pasaba el camión de la basura con un ruido atronador? Pues otra invectiva que te crio:
 

¿Por qué no inventan, señores,

un camión que no despierte,

que deje dormir al mundo,

que no asuste al tío Vicente?
 

   Eran quejas simpáticas, obsequiosas, nunca desairadas, gestos de paz de un hombre bueno.

* * * * * *
 

   Un día, próxima ya la ida, enfermo Salustiano en la cama, entró por la ventana, abierta al sol del ocaso y al aire infinito de la tarde que agonizaba como él, una bola de papel. La abrió con sus añosas manos, huesudas y temblorosas.
   Emocionado, leyó la carta de su Padre:

 

Desde arriba ya te llamo

para que vengas prontito.

Ordena ya tus papeles

y vente pronto conmigo,

para que sigas lanzando

mensajes de amor, querido,

desde mi balcón del cielo.

Un saludo, caro amigo.

 

   Cerró los ojos y, confiado en la paz eterna, en ella descansó al fin. O eso cuentan.

domingo, 17 de enero de 2016

LUGAR AMENO







A la memoria de José María Reyes, quien tanto nos enseñó

 

   Recuerdo una tarde de verano

en que fuimos a visitarte

a tu querida casa de La Antilla.

El sol justiciero reverberaba

sobre la blanca y fina arena.

Al final de la velada,

en el paseo marítimo,

te pregunté por los rasgos

de un tópico latino,

el del locus amoenus,

´lugar ameno, deleitoso´,

viejo tópico horaciano,

y, mientras volvíamos a los coches,

cansados de la calima,

agotándose ya la tarde,

me ibas recitando una lección

de catedrático antiguo:

 

   «El rumor del agua,

el frescor y el verdor del sitio,

la buena temperatura,

la suave brisa,

la mezcla de sol y umbría,

los árboles que dan sombra,

el canto de los pájaros,

el silencio, sólo roto

por sonidos de la Naturaleza

(agua, balidos, brisa, piadas) …»

 

   Hoy que sólo eres sombra,

mero nombre en un registro,

recuerdo aquellas palabras tuyas,

que apunté en mi cuaderno

y que ahora torpemente ensarto

en estos versos.

 

   Aprendimos contigo

que lugar ameno es aquel sitio

en el que uno halla la armonía,

en el que el alma se recrea,

en vuelo libre,

en hallar el amor al mundo.

 

   Hoy quise recordarte,

José María Reyes Cano,

y rogar a Dios que,

allá en las praderas celestes,

tu alma haya encontrado,

al fin, el lugar deleitable,

el lugar ameno,

el cual, tanto si vivimos

allá arriba,

en el cielo de los recordados,

como aquí abajo,

en la Tierra,

es propicio sitio

para el encuentro de nuestra alma

con el amor, con el deseo,

con el misterio.
 
 
 

sábado, 9 de enero de 2016

RUINAS (Microrrelato)






   Aquel hombre enjuto y con ojeras, agobiado por el peso del tiempo, ignoró, en el preciso instante en que colocaba una pluma ensangrentada de su canario en la boca de aquel cartón de leche vacío antes de tirarlo a la basura, que, millones de años más tarde, arqueólogos de otros mundos lograrían hallar en aquel resto de plumas la clave que les permitiría averiguar casi todos los misterios del universo, incluso los que bullían en el fondo de su alma antes de matar aquel maldito pajarraco que torturaba sus sienes, machacadas por las indecencias de sus alumnos.




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