Ir al contenido principal
No es menos curioso el asunto de los ordenadores: se supone que éstos alivian el trabajo en cualquier oficina, banco, organismo, tienda o comercio. Sin embargo, a veces parece que lo ralentizan. "Estamos a la espera de un nuevo programa informático para empezar a revisar todo este montón de expedientes", me dijo el otro día un funcionario a la vez que señalaba una montaña de papeles. Y pensé yo, que soy tan dado a pensar cosas de toda índole (raro que es uno, valga la digresión): ¿por qué no empiezan a revisarlos a mano como se ha hecho siempre? El funcionario me leyó el pensamiento, porque rápidamente dijo: "es que todo hoy ya funciona con ordenadores" ("malfunciona", pensé).
Porque ¿alguien cree que funcionamos hoy mejor con tanta computadora? A los que creen a pies juntillas que sí les diría que piensen en todos los momentos en que no funcionan (por averías o cortes de luz) y en cómo en esos momentos lamentamos no haber establecido un plan B de carácter manual que resuelva la incidencia con casi mejor eficiencia.


***


Es un asunto curioso el de los libros más vendidos de hoy en día. Uno pasea su mirada curiosa por los expositores de novedades de cualquier librería grande (las pequeñas apenas subsisten ya) y se asombra al contemplar cómo la mayoría de esas novedades lo fueron hace siglos. Me explico: abundan en esos mostradores novelas de asuntos vaticanos, heréticos, proféticos, herméticos, masónicos... espirituales en suma.
¿No quedamos en que Dios había muerto? ¿Por qué entonces lo buscamos aún entre tanto chip y tanta tecnología espacial?
Quizás sea porque la vida es una pregunta sin respuesta a la que le falta todo lo que debería entrar entre los dos signos de interrogación: ¿...?


***


El mayor problema del culturista es tener que buscar ocasiones para una pelea con la que justificar tantas horas de trabajo en gimnasios.



Comentarios

Entradas populares de este blog

FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

    DENEGACIÓN Y AUSENCIA DE LA HISTORIA   La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su cauda de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa surge en resurrección de milagro, que olvidan referencias y avatares. Por eso la Semana Santa es incapaz de filosofía e historia. En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma y automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en este tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana. Acaba finalme...

GREGUERÍAS Y GOLLERÍAS DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

  gollería De or. inc. 1.  f.  Manjar exquisito y delicado. 2.  f. coloq.  Delicadeza, superfluidad.   ( Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, versión 23.4)             En la entrada de la semana pasada hablamos del banquete-homenaje a don Nadie en el café de Pombo de Madrid en mayo de 1922, organizado por la tertulia radicada en dicho café. Hoy necesariamente hemos de escribir sobre el genial fundador y mantenedor de dicha reunión semanal de “modernistas”, como se nombraba entonces a los artistas de vanguardia. Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-Buenos Aires, 1963) o simplemente Ramón, es uno de los escritores más sorprendentes del siglo XX por su original obra literaria, que participa de muchos géneros –novela, teatro, ensayo, biografía...- y por las andanzas de una vida viajera, bohemia y surrealista que ha logrado eclipsar en ocasiones la fama de sus escr...

EL ALMA DE LA MÚSICA

         Recuerdo, por ejemplo, de la época de mis primeros años de juventud, que un día nuestra cocinera, con lágrimas en los ojos, irrumpió en la habitación: le acababan de comunicar que Charlotte Wolter (la actriz más famosa del Burgtheater) había muerto. Lo más grotesco de aquel dolor exagerado era, por supuesto, que nuestra anciana cocinera medio analfabeta no había estado ni una sola vez en el Burgtheater y no había visto a la Wolter ni dentro ni fuera del escenario; pero en Viena, una gran actriz nacional era propiedad colectiva hasta tal punto que incluso los que no se interesaban por el teatro percibían su muerte como una catástrofe.     Stefan Zweig: El mundo de ayer. Memorias de un europeo (editorial Acantilado, 2001).     Siempre le había gustado la música.     Cuando era pequeña, se quedaba escuchando detrás de la puerta, en el rellano de la planta de abajo, las leccio...