Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

sábado, 16 de octubre de 2010

¿Y la Literatura como tema? Pero, ¿qué tipo de literatura? No hablemos de esa literatura adocenada y barata que entra en la mercadotecnia y el mercantilismo más mercantilista. No existe una cosa más triste que un libro con un código de barras en la contraportada, etiquetado igual que otro producto más del híper, en la misma cesta de las alitas de pollo o del papel higiénico. Abomino de una literatura únicamente atenta, desde su propia naturaleza, a las leyes del mercado, al marketing y a la venta al por mayor, rechazo el premio-patraña y la imagen literaria del escritor bohemio, falsa careta que esconde una cuenta corriente inflada de millones. Adoro, en cambio, la que Vila-Matas (Enrique Vila-Matas: Bartleby y compañía; Anagrama, Colección Narrativas hispánicas, Barcelona, 2000) denomina “literatura del No”, la de la renuncia a las falsas apariencias literarias o vividas, el no del creador que considera que el silencio de la escritura es una opción mucho más coherente y menos desgarradora que la condena de la escritura. ¿Cómo responder a una sociedad que me anula? Pues sencillamente anulando mi respuesta a esa sociedad, con lo que ésta queda por debajo.

Sin embargo, en mí hay un escritor que ahoga a veces al lector, o viceversa, y cada uno tiene sus gustos diferentes: como lector me gusta conocer la literatura o los autores del No (alternando su lectura con la de autores del Sí: No-Sí-No..., esto parece el deshojar de la margarita); en cambio, como escritor debo decir Sí a la escritura, aunque sea un Sí agónico, febril, amargado en ocasiones.

De todas formas, estos escritos sin cuerpo ni esencia creo que son ya impublicables, por lo que ¿qué más da repetir una y otra vez mis obsesiones y amarguras? Quizás en mi escritura del Sí se oculte una literatura del No en algún secreto recoveco: es un Sí a escribir páginas y páginas que sé No se van a editar jamás.

Creo que Si repito la frase anterior mil veces, seguro que No me publican esto nunca jamás de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases de los jamases... (por favor, que se ponga en contacto conmigo el lector con anhelo de infinitud que haya leído todo este párrafo; ¡ah!, ¿es usted? Gracias).

Este es el conflicto de todo escritor: la lucha entre la renuncia a la expresión absoluta en perjuicio de su libertad y el rechazo a someterse a las ataduras del mercado (abominable palabra) de las editoriales.

3 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Libros con códigos de barras, ay, qué pena.
Un abrazo mercuruial.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Yo creo que lo importante es que lo que uno escriba sea bueno, tenga o no códigos de barras, diga sí o diga no. Un abrazo, amigo.

Ramón Simón dijo...

Pienso que para escribir hace falta papel, lápiz o pluma, y ganas.

estan de más los códigos de barras, parecen las rejas de la cárcel de una editorial.


Un abrazo

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