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♣ Creo haber descubierto cuál será la principal pega de la crítica a mi novela naufragada Una novela imposible: las excesivas digresiones. Pues bien: la explicación es que ante un mundo cambiante solo valen visiones centrífugas, textos ex-céntricos, fragmentarismos cubistas. No hay visiones totalitarias que valgan en estos tiempos de confusión; es imposible reflejar toda la complejidad de la existencia, así que la digresión debe ser entonces la clave de la novela, si es que esto es una novela (prefiero darle el nombre de “desganas novelísticas” a estas cabezas sin cuerpo de doctrina, a estos apuntes sin desarrollar, exentos de unidad y de fuerza). Sí, soy consciente de que no tiene fuerza esta novela imposible, pero me da todo igual. Ya me da igual seguir escribiendo o purificar el dolor de mis entrañas, transmutadas en palabras, al calor del fuego sagrado. Virgilio lo intentó con su Eneida ordenando quemarla al sentirse morir, pero fracasó en el intento.

♣ La digresión (junto con el paréntesis) es un intento inútil de eternizar la novela y la vida (ambas acaban porque llega el punto final y la muerte, y no porque quiera uno). Por otro lado, ¿no puede haber una visión global en el fragmentarismo, unidad en la variedad?

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