Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Seguimos con el tema de los bancos: el otro día fui a uno de estos templos donde se rinde culto al becerro de oro. Me recibe el interventor muy amablemente y me explica, después de resolver el asunto que me llevó allí, que me conviene apuntarme a unos servicios que tiene el banco en Internet, y ante tanta amabilidad no dudo en hacerlo. Las claves de acceso que me pedían eran los nombres de los abuelos del cliente, y mientras le daba la información requerida me comentó que muchos clientes no eran capaces de recordarlos. Me quedé asombrado: ¿cómo el personal no recuerda el nombre de sus abuelos?

Ese día estuve dándole vueltas a este asunto, que me pareció muy significativo. Concluí que la gente está perdiendo los vínculos con el pasado, con la memoria. Solo se vive el presente más radical: aquí y ahora; no hay nada hacia atrás ni nada hacia delante. No somos ya producto de nadie, somos seres autónomos que viven y trabajan sin pensar en procedencia o trascendencia alguna. ¿Somos entonces mera existencia, sin la esencia de la memoria?

El azul de primavera del cielo de aquel día se me antojó de una frialdad indescriptible.

♣ He encontrado un resto fósil del tratamiento de respeto usted. En los estadillos de banco aparece aún el posesivo su en lugar de tu, pero se aplica a un objeto extraño: “su respetada cuenta”. O sea, que el estimado o respetado no soy yo, sino mi cuenta corriente. Cuanto menos, curioso.

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