Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

sábado, 27 de noviembre de 2010

♣ Terminar de leer o de escribir un libro supone “estar de luto”, porque algo ha muerto en nosotros al final de esa vivencia más o menos deleitosa. Algo muere en nosotros y algo nace también: la divina conciencia de las cosas.

♣ Aún está por ver el impacto negativo del poder desestabilizador del sexo por el sexo, la idea del sexo como fin, la cual nos animaliza.

♣ Los buenos escritores ocultan su vida con sus palabras. Los malos ocultan sus malas palabras con su vida.

♣ La informática es otra actividad alienante: ¡Tres horas para cambiar la letra a una frase!

♣ No existen ya las generaciones: lo comprobé esta mañana, cuando doña Paca Gutiérrez, con sus ochenta años de peso, cruzó un paso de peatones vestida con una minifalda rosa, un top negro ceñidísimo y una chaquetilla de diseño.

Su esqueleto se balanceaba al ritmo de la música que escuchaba en sus walk-man.

¡Vivan los años bien llevados!

♣ Para quejarme de todo prefiero la queja global de la novela a la especialización en pocos temas propia del ensayo o del asociacionismo reivindicativo.

♣ Cerraron la librería de debajo de mi casa. Ahora ocupa su lugar una academia de Informática. Es el signo de los nuevos tiempos: ¡La letra ha muerto!, ¡viva el chip!

♣ Me vence la enfermedad. Cejo en mi empeño de ordenar el caos para llegar a la verdad. Adiós a la vida, adiós a mi novela, adiós a los restos de un naufragio novelístico...

1 comentario:

L.N.J. dijo...

Su primera frase me resulta un poco inquietante, nada muere o nace, sino que se transforma, sobre todo cuando se leen muchos libros del mismo o variados autores.
Quizás sean distintas formas de sentir lo que se lee.

Saludos.

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