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♣ Todo lo que ves ahora desaparecerá, y tú al final. Fugit irreparabile tempus.

♣ Juan Cromberger, mientras discutía airadamente con su mujer por la calle, como venía siendo habitual, contó treinta baldosas y se paró. Ajeno a las súplicas de ella, que intentó apartarlo de allí, se había quedado clavado en la trigésima baldosa porque había decidido no andar más.

La gente se había parado curiosa a ver la discusión. Ella se fue desesperada a las tres horas llorando, viendo que era imposible convencerlo de que volviese a andar. Pasó una noche, pasaron tres. La cuarta noche le llovió bastante; su estómago hambriento le empezó a doler. Al séptimo día salió su foto en el periódico local y al día siguiente apareció su figura debilitada en un telediario nacional.

La gente lo miraba intrigada, los niños le colocaban flores en la cabeza, los periodistas lo intentaban entrevistar inútilmente porque no quería nada, no reivindicaba nada, no se quejaba de nada. Solo quería quedarse en aquella trigésima baldosa, a la que llegó a tener tanto aprecio que quiso la colocasen encima de su tumba con el epitafio grabado con letras de oro “Ahí quedó”.

♣ Tele-tienda:

La señora había reclamado a la empresa distribuidora de Gom-Ex el importe de la compra de aquel producto de gimnasia, el cual le habían vendido como la solución ideal a los kilos de más. El problema había sido que los kilos de más de aquella oronda mujer eran innumerables y que, al intentar hacer la primera flexión con el aparatito, se había herniado en lo más profundo de su ser.

[Esta vez no incluiré moraleja: el lector deberá adivinarla, si es que existe. Claro que, si no existe, ¿para qué el cuento?]

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