Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

lunes, 27 de diciembre de 2010

"Debate televisivo" (¡vaya oxímoron!)



A Félix, in memóriam.


La palabra debate tiene actualmente su significado adulterado debido a su empleo en gallineros de televisión en los que famosillos de turno que no han leído un libro en su vida chillan desaforadamente y nadie escucha a nadie.
Desde estas páginas digitales reclamo la necesidad de incluir más contenidos culturales en la caja tonta.
Quiero recordar la magnífica labor divulgativa de Félix Rodríguez de la Fuente. Su forma de presentar el programa El hombre y la tierra fue un ejemplo de divulgación seria y entretenida al mismo tiempo.
A la sociedad en crisis en la que vivimos hay que transmitirle todos los valores positivos de la tradición cultural desde una perspectiva seria y al mismo tiempo atendiendo a la necesidad de entretenimiento de espectadores acostumbrados ya irreversiblemente a una estructura de cientos de cadenas de televisión, prescindibles muchas de ellas.
Hay que acercar la cultura, el Arte, al gran público. Ser culto no significa ser pedante.
La adquisición de la cultura no es fácil, pero hay que facilitarla, divulgarla. En ese tema Félix Rodríguez de la Fuente era un maestro. Te daba igual el tema del que te hablase (del lirón careto, de la economía china o de los limones salvajes del Caribe). Daba igual: él era un auténtico divulgador de cultura.
La pregunta para el debate es: ¿por qué no vemos hoy en televisión a personas como él?
Por último, en los escasos programas culturales de la televisión actual veo que falta un equilibrio necesario: un término medio entre los programas de burda estética de videoclip y las sesudas tertulias que apenas aportan nada consistente al común de los mortales. En el término medio habrán de estar la virtud y la verdad. Vale.

sábado, 25 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

El año pasado no pude hacerles partícipe de este vídeo (porque no sabía cómo diantres hacerlo). Ahora sí (¡por fin!). Dedicado a los peques de la casa:


Venite adoremus Dominum.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Diálogos indecentes para besugos docentes



Me cuenta un amigo, profesor de Secundaria en un instituto cortijero de un pueblo andaluz, quien tuvo que faltar hace unos días a su trabajo por la muerte de un familiar, que el Director del centro le puso pegas cuando mi amigo quiso presentarle, como justificación de la falta, un fax de la funeraria que decía que había sido enterrada en la fecha tal en tal sitio, etc., etc... la persona en cuestión, pariente del antedicho profesor. "Tráeme el original, el fax no vale", le espetó el compañero jefe.
Hay que decir que mi amigo es una persona cumplidora en su trabajo como la que más, y sus compañeros pueden dar fe de ello. Le encanta su trabajo, a pesar de todas las circunstancias que lo entorpecen o imposibilitan (aunque ellas serían más bien asunto para otra entrada).
Pues bien: el caso es que a mi amigo le dio en ese momento una crisis de ansiedad de la que aún está recuperándose. Imagínense: se les muere su padre con toda la crisis emocional que ello supone, el trajín burocrático, las visitas pesadas... y para remate la desconfianza de un sistema de control de faltas estalinista que trata a los profesores como números (desconfiando de su benevolencia) cuando deben ser considerados -como mínimo- santos con todo la que están soportando.
Es cierto (se me puede objetar) que hay profesores que faltan a su trabajo con excusas de poca consistencia, pero les puedo asegurar, porque conozco a mi amigo, que no es el caso. Incluso diría que él, cuando falta, lo pasa mal, porque lo da todo por sus alumnos (también hay profesores así, y de esos casi no se habla).
El caso es que esta anécdota me ha dado pie a escribir el siguiente diálogo para besugos (como aquellos del T.B.O.) que es una reducción al absurdo; sin embargo, tal como está el patio, creo que dentro de poco no será sólo un ejemplo de texto dialogado literario, sino el pan nuestro de cada día:

-El Director: Buenos días.
-El profesor: Buenas tardes.
-Ese papel en el que justificas tu ausencia por la muerte de tu abuelo no me vale.
-Es un fax de la funeraria.
-Ya lo sé, pero necesito el original.
-Vale.
-Y el libro de familia tuyo.
-Vale.
-Y el de tus padres.
-Vale.
-Y una fotocopia de la esquela.
-Vale.
-Y fotos o vídeos en los que aparezcas en el cortejo fúnebre.
-Vale.
-Y el certificado de defunción con la hora de salida.
-Vale.
-Y también necesito, por si hay una inspección, que estés de luto un mes.
-Vale.
-Y tu D.N.I. original compulsado.
-Vale, bwana.

_______
P.S.: La Delegación Provincial de Educación de Cádiz ha enviado por ahí un PowerPoint con un maravilloso documento titulado Potestad Disciplinaria de la Dirección de Centros Públicos. No lo lean: ni la Inquisición lo hizo tan bien. Es todo un repertorio de sanciones, un sancionario dictatorial. Termina el documento con estas palabras de Paulo Freire: “La cuestión está en cómo transformar las dificultades en posibilidades” .

Yo respondo con Cervantes (lo conozco más): La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida (El Quijote, II, cap. LVIII). Vale.





lunes, 13 de diciembre de 2010

La trastienda del artista






Fotografía de mi muy querido amigo Ramón Simón,
a quien dedico de corazón esta entrada lunar.



Niño llorando al fondo. Cables cruzados. Libros, cuadros, libros de cuadros, cuadros con libros... La cabeza dando vueltas entre los muros de la trastienda del artista, que sueña, que vuela, que imagina, que piensa, que siente..., que busca la libertad en cada hueco de su alma.
Son los restos de anteriores batallas artísticas los que usa para inspirarse, para juntar con ellos un ejército de palabras, de imágenes, de formas con las que atacar al fiero animal del tiempo.
La guerra no la ganaremos nunca, pero nos quedará al menos el orgullo de los guerreros antiguos: el de haber ganado las pequeñas batallas de los instantes eternos.
Salud, artistas. Con los restos de vuestro Arte, hermanos mercuriales, está escrito que otros querrán de nuevo vencer en la eterna guerra del hombre y el mundo, pero sólo vosotros seréis los que estaréis siempre en mi corazón hasta el último latido. Vale.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Servidor de usted









Un sábado de hace unas semanas fui con mi mujer al centro (de Sevilla) a hacer algunas compras. Fuimos al mercado de la Plaza de la Encarnación (por cierto, provisional allí desde el año1973) y a otras tiendas antiguas de la calle Regina.

En todos esos sitios fuimos atendidos maravillosamente por dependientes que aman su oficio, heredado de generaciones familiares anteriores, y que saben (porque quieren) atenderte bien.

En otro comercio, una antigua ferretería próxima a la zona de los comercios anteriormente citados, me sorprendió la respuesta del dependiente al entregarme la vuelta de la compra que allí hice: Servidor de usted.

Sí, eso dijo. Tres escasas palabras pero, ¡con cuánta verdad en el fondo de ellas! Aquel señor reunía para mi gusto las virtudes del perfecto dependiente (compárense con las de muchos empleados de tiendas fundadas en los últimos tiempos), a saber:

1ª. Estaba allí.

2ª. Atendía amablemente a los clientes, dedicando el tiempo necesario a cada tarea.

3ª. Se consideraba un servidor del cliente, sin falsos privilegios de hidalgo venido a menos ni milongas por el estilo.

En estos tiempos de prisas sin rumbo, encontrarte con una frase así, que es de otra época, te tumba. Al menos, a mí me tumbó y me hizo reflexionar. De dicha reflexión surgió la entrada de hoy lunes. Valga como homenaje a dicho dependiente y a todos los que como él gustan de hacer bien su trabajo, sea el que sea.

Me acordé mientras reflexionaba sobre aquella frase, de las maravillosas fotografías de los comercios de Sevilla que el francés Loty hizo en los años treinta del pasado siglo.

Un servidor es un tanto nostálgico de otras épocas (anécdotas de las cuales, si no vividas, han sido leídas o escuchadas por uno) en las que los aprendices entraban en los oficios, que eran para toda la vida, con humildad y con ganas de entregarse con esfuerzo al arte del servicio a los demás. Pienso que ese arte aún no está del todo perdido y que frases como la que sirven de título a esta entrada hacen concebir ciertas esperanzas (¿seré iluso en pensar esto?).

En esta sociedad que sacraliza los viernes, hay que reivindicar los lunes (San Lunes). Menos mal que uno puede vivirlos, madrugar los lunes, trabajar los lunes con afán, llegar cansado los lunes a su casa a las diez de la noche... (bueno, tampoco hay que pasarse).

Pero sí, señores, ¿por qué no decirlo en voz alta? ¡Viva San Lunes! Recémosle una novena. ¡Viva el trabajo! ¡A la m... la crisis! Este país necesita un esfuerzo de todos nosotros. No esperemos fórmulas mágicas de los políticos. Si España tiene alguna solución, estará en quienes madrugamos cada día para ir con el corazón henchido a ayudar a los demás, a expectorar alegría, bondad, decencia, humanidad, orgullo, valor y dignidad. ¡Ahí es nada!

Un humilde servidor de ustedes les anima a ello. Vale.



jueves, 2 de diciembre de 2010

Los Lunes (¿Miércoles?) de El Imparcial




Queridos mercuriales:

Les comunico que inauguro a partir del próximo día constitucional del 6 de diciembre una nueva etiqueta en esta humilde bitácora, que he denominado Los Lunes de El Imparcial.

Con ella rindo homenaje al famoso suplemento literario del antiguo periódico El Imparcial. En dicho suplemento (Los Lunes), que parece ser que se publicaba los domingos, escribieron grandes plumas de la generación del 98.

Al mismo tiempo, con dicha etiqueta pretendo reflejar que a partir de ahora mis entradas se publicarán preferentemente el antedicho día de la semana. Aunque ésta es una bitácora mercurial (de los miércoles), considero que también hay que rendir culto a otros días (en este caso, el lunes, dedicado antiguamente a la diosa Luna).

Así pues, el que les habla intentará cada lunes acudir a una cita fiel con sus lectores mercuriales. La verdad es que esto que acabo de escribir, este jaleo de calendario es un tanto lioso y no lo entiendo ni yo (se mete uno en tantos jardines sin podar...).

El caso es que la entrada diaria me estaba pesando un poco, a pesar de que (lo confieso) últimamente estaba publicando refritos variados que no terminaba yo mismo de controlar por la dichosa programación de los comentarios. Voy a ver mi “blog” para ver qué he escrito hoy, le dije un día a mi mujer. Mundo curioso éste, ¡pardiez!.

En definitiva, el próximo lunes podrán leer la primera entrada de esta nueva serie que espero ustedes disfruten. Vale.

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P.S.: ¡Ah!, ¡y que viva Mercurio! (no se me vaya a enfadar). Al menos la entrada del próximo lunes la programo hoy, miércoles. ¡Qué lío de días y de dioses!

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