Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

domingo, 25 de enero de 2015

DEPORTES DE RIESGO




    Querido lector:

    Me pregunto por qué motivo ahora al final de cada telediario nos echan siempre imágenes de señores intrépidos que se lanzan en paracaídas desde lo alto de una cornisa o a tumba abierta en bicicleta de montaña por una escarpada ladera o en sus esquís desde la nevada pingorota de un pico inaccesible salvo si es en helicóptero.
    ¿Es que acaso Televisión Española quiere promover estos deportes de riesgo entre sus televidentes? ¿Tanto quiere que nos convirtamos en protagonistas de noticias luctuosas?
    ¿Debemos, pues, dejar nuestro deporte favorito, el zapping, para emular a estos héroes arrojados de nuestro tiempo?
    El otro día la sección de “Deportes de riesgo” anunció que le habían dado un premio a un señor que se había tirado con sus esquís, ayudado de un helicóptero, desde una cumbre nevada. El hombre pegó un pellejazo que todavía le está doliendo pero, inaccesible al desaliento, una vez caído tuvo los santos congojos de decirse: “Ya que he llegado hasta aquí, ¿por qué no me tiro otra vez?”.
    Y se tiró y, por suerte, esa segunda vez le salió bien. El premio seguramente lo habrá colocado encima del televisor apagado de su casa cerrada, ya que dicho individuo seguramente esté ya camino de otra cima desde la que tirarse cual cabra montés.
    Y es que ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
    Aquella noticia me llevó a la reflexión de que muchos viven hoy sedientos de aventuras y deseosos de llevar sus cuerpos hasta límites insospechados.
    Lo que muchas veces no cuentan los periodistas de Televisión Española es que dichos deportistas arriesgados se dejan en ocasiones una pierna o, peor, la vida en el intento de forzar sus límites.
    Y eso yo creo que es fruto de una soberana estupidez.
    Por desgracia, hemos pasado de épocas en las que lo que se admiraba era el silencio, la cultura, el conocimiento, los libros... a otra en la que cualquier indocumentado sin dos dedos de frente logra la fama asumiendo el riesgo de partirse la crisma en su intento de ser reconocido.
    Luego sí, queda todo muy bonito: esos vídeos con las imágenes tomadas desde la cámara del casco y una musiquita de piano de fondo, pero la crisma se la parte el tío, pasando así a los anales de la estupidez humana.
    Pues yo, señor lector, ¿qué quiere que le diga? Yo prefiero explorar las vastas extensiones del desierto del alma meditando, charlando, leyendo o empapándome de imágenes serenas antes que ver cómo estos sujetos buscan renombre a base de jugar con el peligro.
    Los deportes de riesgo son el símbolo perfecto de nuestra época, la perfecta imagen de una sociedad que busca constantemente sensaciones nuevas y cada vez más fuertes, igual que un drogadicto busca dosis de droga cada vez más concentradas porque se ha ido acostumbrando su cuerpo a otras más bajas.
    Olvidamos entonces que las mejores y mayores sensaciones las podemos descubrir en nuestro interior, y no en carrera acelerada y peligrosa entre pinos contra los que podemos chocar y hacernos picadillo.
    A mí, desde luego, no me van a convencer ya de que me tire de ninguna cornisa. Ni harto de vino.

1 comentario:

Dyhego dijo...

¡Hay gente "pa tó"!

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