Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

jueves, 23 de abril de 2015

MARCHANDO UNA DE MICRORRELATOS RECIÉN HORNEADOS, OIGA


-->



LAS DOS ESPAÑAS (MICROTEATRO BASADO EN UN HECHO REAL SUCEDIDO A UN AMIGO HACE UNOS DÍAS EN UNA EXTRAVAGANTE LIBRERÍA HISPALENSE, SEGUIDO DE UNA REFLEXIÓN):

Acto I

    Un cliente lleva un buen rato hojeando las últimas publicaciones. Al ir a salir, otro cliente está pagando un libro.

    CLIENTE 1º.- (Al dueño.) Disculpe, ¿tienen ustedes algo sobre meditación?
    DUEÑO.- (Apurado.) No, de ese tema no tenemos nada.
    CLIENTE 2º.- (Con tono soberbio.) ¡A menudo sitio has venido tú a preguntar!

(Silencio ominoso.)

Acto II

    (Los dos clientes salen de la librería. Ya en la calle, ante la tensión que se ha creado, se intenta aliviarla de algún modo.)

    CLIENTE 1º.- No es éste el sitio entonces, ¿no?

    (El CLIENTE 2º mira de perfil al CLIENTE 1º. Está a punto de responderle, pero en el último segundo se muerde la boca y se marcha hacia la izquierda, sin decir nada. El CLIENTE 1º tira hacia la derecha.)

    LA REFLEXIÓN: En algo han mejorado las dos Españas. En los años treinta del pasado siglo estas disputas se resolvían a balazos. Ahora, las armas son únicamente verbales, dialécticas. Eso sí, si la tensión política se radicaliza, ¿qué será de este país de genética cainita? (Ésta es pregunta que admite dos posibles respuestas:
CLIENTE 1º.-Dios nos pille confesados.
CLIENTE 2º.-Salud y república).



***




CATACLISMO



    De pronto, un día, la gente desapareció de las estaciones de tren, de los pasillos de los centros de trabajo, de las aceras...
    Tan sólo quedó de ellas su recuerdo en los anuncios publicitarios repartidos por toda la ciudad y en las fotografías de las páginas de los diarios, que recorrían las calles vacías sacudidas por el viento de septiembre.
    Como consecuencia de una prolongada exposición a la tele-basura, había atacado a casi toda la especie humana un virus mortal: la pereza de salir a la calle.
    La basura empezó a acumularse en las casas y en las cabezas, impidiendo el reposo.
    Definitivamente, los malos aires de los miasmas inmundos acabaron con todos, hasta con el último representante de la humanidad, un viejo filósofo que se había ido a vivir a las montañas, ajeno a los desechos televisivos y entregado a la escondida senda de la iluminación.
    Pero quedaron sus escritos, los cuales a nosotros, alienígenas del planeta Q, después de remover montes y montes de basura, nos devolvieron la esperanza.
    Por eso, en nuestros televisores sólo vemos documentales de animales extintos hace milenios.



***


CUADROS VESPERTINOS




    Cae la tarde sobre la ciudad. Las nubes de abril, ligeras y veloces, arreboladas por los últimos estertores rosáceos del ocaso, se llevan lejos los recuerdos del día que fenece.
    En una ventana, en la otra orilla de la calle, una pareja discute acaloradamente en una cocina. Caen platos al suelo.
    En el ático del mismo bloque, las sombras de dos cuerpos enlazados juguetean con los pliegues de una cortina, movida por la leve brisa del lubricán.
    Veo todo eso y luego cierro los ojos. A pesar de que escucho los gritos de la discusión de una pareja y los gemidos de otra, permanezco sólo atento al piar de los pájaros, perfecto sonido de la primavera.
    Lejos de las efusiones sentimentales, de los afectos, de las pasiones del ánimo, medito, y allá en el fondo de mi laguna interior me veo como una célula más de un gran cuerpo, el mundo, en el que todo está bien hecho.
    De pronto, cesa todo ruido.
    El silencio me invade. Seguiré buscando por acá en que se me haga merced, Señor.


No hay comentarios:

Buscar este blog

Archivo del blog