Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

viernes, 15 de abril de 2016

EL NIÑO EN EL ADULTO QUE SOY





   Quisiste ser niño para siempre y conservar en la memoria las palabras y los dibujos de aquellos libros (los primeros de tu vida); apresar el brillo, el olor y el color de cada instante; preservar la magia del alma de tus mayores…
   Quisiste, ¡ay!, que los veranos fueran eternos; que el mar nunca se llevase enfurecido tu barco de vapor de juguete; que se eternizase tu aprendizaje de gacetillero entrevistando a porteras de balonmano en las olimpiadas escolares o a cómicos de la legua en el teatro del pueblo para el periódico del colegio; quisiste también que la barra de arena de la playa te surtiera siempre de coquinas; que no se fueran nunca de tu recuerdo feliz las miradas brillantes de tus primeros amores…
   Creciste, tu cuerpo se llenó de carne y de arrugas ocultando el de aquel crío, y creíste, más tarde, más abajo en el caudal de la vida, que no podrías ser niño para siempre. Y un velo de tristeza empañó tus evocaciones.
   No obstante, un día, no hace mucho tiempo, iniciaste, gracias a una inspiración celeste y quizás por tu trato constante con escolares, el relato de tus descubrimientos infantiles, y se abrió en ti una compuerta gracias a la escritura de aquellas remembranzas. Supiste entonces que un caudal de recuerdos se conservaba intacto, fresco y puro en tu alma y, lo mejor, que aquella fuente, aquel manantial de agua limpia pugnaba por brotar en forma de palabras inextinguibles que te ataban a la versión más cristalina de ti mismo.

   Y es que, caro amigo de siempre, en tu sonrisa límpida y amable y en tu avanzar firme por la vida aún permanece, eterno, constante, inamovible, inagotable, aquel niño bueno, inquieto, curioso, hablador, escritor, rebelde y atónito que dicen que eras y al que no has llegado a dejar atrás, en realidad, en ningún instante de tu vida.

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