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CARTAS A LOS ENFERMOS DE CORONAVIRUS






A mi sobrina Irene, estudiante de Medicina,
que estos días está aprendiendo grandes lecciones



   Una iniciativa solidaria que estos días nos ha conmovido ha sido la que Cristina Marín Campos, una cirujana del hospital La Princesa de Madrid, ha puesto en marcha. La idea ha sido la de que los ciudadanos podamos enviar al hospital cartas de ánimo a los enfermos de coronavirus, ingresados y aislados.
   En un audio que envió a sus familiares por WhatsApp, que pronto se convirtió en viral, Cristina dice lo siguiente: "En el hospital, la situación es bastante mala: hay mucha gente ingresada infectada y la UCI está muy sobrepasada. Por eso os quería plantear un problema y una solución. (...) Los pacientes con coronavirus se encuentran en un aislamiento brutal, están completamente solos, separados de sus familias. Incluso, muchos de ellos saben que sus familiares están en otras habitaciones, intubados en la UCI o que, incluso, están muriendo".
   Además, señala Cristina que los sanitarios solo pasan una vez al día y esto provoca en los enfermos una situación de soledad y ansiedad que “puede derivar en muchísimo estrés post-traumático en el aislamiento”.
   La idea de Cristina ha tenido un gran éxito, tanto que se ha extendido a otros hospitales de Madrid, Castilla-La Mancha y Málaga, así como a los hospitales sevillanos Virgen Macarena y Virgen de ValmeEl hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva también se ha sumado a este precioso proyecto.
   En la carta ha de aparecer el nombre de pila del remitente, su edad, una descripción personal y un mensaje de apoyo.
   Me parece una propuesta muy necesaria la de mandar mensajes de ánimo a enfermos de coronavirus. Es una hermosa muestra de humanidad y también un gesto necesario para unas personas que sufren en soledad el embate de esta terrible enfermedad.
   Por otro lado, es un trabajo en el que veremos de alguna forma un sentido a nuestro confinamiento. Recluidos en las casas, sin apenas saber qué hacer con nuestras vidas, esta puede ser una tarea de la que estar orgullosos.
   Aquí va mi pequeña contribución a dicha iniciativa:

   Querido amigo/ Querida amiga:

  
   Me llamo José Manuel, tengo 48 años y soy profesor de enseñanza secundaria.
   No sé cuál es tu nombre, pero me gustaría (aunque sé que no es posible) que, si te llegan a leer esta carta, te pudiesen dar la mano mientras lo hacen.
   Sabes que, si no lo pueden hacer, es por medidas de seguridad, para que la persona que te cuida no termine enfermando como tú ahora.
   Como no es posible, que sea al menos esta carta esa mano invisible que me conecta a ti. En este apretón de manos hecho de palabras te mando toda mi fuerza y esperanza, todo mi ánimo, todo mi aliento, porque sé que vas a salir de este mal trago que la vida te ha ofrecido.
   No maldigas tu suerte, porque has de vencer al mal, como todos nosotros, con fortaleza y decisión, mirando siempre al frente, a un camino entre árboles bajo un cielo de primavera, o a la orilla del mar, o a ese otro lugar donde siempre has sido feliz.
   No sufras la soledad del confinamiento en tu habitación del hospital. También muchos estamos confinados en nuestras casas, pero, aunque a veces tengamos malos ratos, debemos pensar en que vamos a poder liberarnos de todo este sufrimiento.
   Cuando sufras, cuando no veas salida, cuando se te caiga la habitación encima, piensa en tus familiares, en tus amigos, en las personas entregadas que ahora te cuidan, en la vida que te espera más allá del hospital. Piensa también en la belleza del mundo, en la que contemplas o en la que imaginas o recuerdas. Si la sabes ver, hay belleza hasta en una pared de hospital, porque está ahí para protegerte de las inclemencias de fuera.
   El mundo te espera para recibirte cuando al fin termines venciendo en esta lucha.
   Recibe un fuerte abrazo, aunque solo sea hecho de palabras, de corazón a corazón, de alma a alma.
   Resiste. La vida te está esperando, y con ella, la luz que recibas y la luz que darás.
   Un fuerte abrazo. Mucho ánimo.

   Que la palabra justa guíe estos días nuestros pasos.
   Por ello escribo y rezo. ¡Resistiremos!




  



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