Ir al contenido principal
La utopía es un sueño irrealizable, pero a veces me gusta pensar que está cada vez más cercana con cada pequeña conquista cotidiana de nuestra minúscula existencia.


***


¿Adónde irán las ideas fugaces que rondan momentáneamente, como moscas perezosas, las cabezas de los literatos de ocasión y terminan dejando un vacío enorme si no se cazan con papel y tinta?


***


¿Debe el filósofo conocer el bien? ¿Y debe ser, como buen filósofo, un hombre igualmente bueno? Si es que sí, ¿cómo se comporta un filósofo cuando lo despiertan de la siesta a las cuatro y media de la tarde para preguntarle si no conoce el mejor seguro de vida del mercado?


***


En relación con lo anterior, el capitalismo salvaje de hoy roba al hombre común los tradicionales tiempos y espacios para el descanso. ¡Se acabó la hasta hace poco sacrosanta siesta! ¡Hala!, ahora toca conocer todas las ofertas del mundo después de comer. Menudas digestiones nos esperan.


Comentarios

Jesús Cotta Lobato ha dicho que…
Las ideas fugaces acaban volviendo, como las moscas, y entonces uno las atrapa.

El capitalismo salvaje, si consiste en que te despiertan de la siesta, es menos grave que el comunismo salvaje. Siempre puede uno dejar descolgado el teléfono.

El filósofo conoce el bien, pero puede que, despertado de la siesta, no lo practique.
Un abrazo, amigo.
Unknown ha dicho que…
Jesús, si el filósofo conoce el bien, supongo que antes habrá conocido el mal, digo yo.

Lo minúsculo, lo pequeño, va siempre a un paso de distancia de la utopía, y a dos de los sueños.

Las ideas fugaces acaban en la papelera.

Abrazo para ambos.
Gracias, amigos, por vuestras sabias palabras. Un abrazo mercurial.

Entradas populares de este blog

FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

    DENEGACIÓN Y AUSENCIA DE LA HISTORIA   La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su cauda de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa surge en resurrección de milagro, que olvidan referencias y avatares. Por eso la Semana Santa es incapaz de filosofía e historia. En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma y automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en este tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana. Acaba finalme...

GREGUERÍAS Y GOLLERÍAS DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

  gollería De or. inc. 1.  f.  Manjar exquisito y delicado. 2.  f. coloq.  Delicadeza, superfluidad.   ( Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, versión 23.4)             En la entrada de la semana pasada hablamos del banquete-homenaje a don Nadie en el café de Pombo de Madrid en mayo de 1922, organizado por la tertulia radicada en dicho café. Hoy necesariamente hemos de escribir sobre el genial fundador y mantenedor de dicha reunión semanal de “modernistas”, como se nombraba entonces a los artistas de vanguardia. Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-Buenos Aires, 1963) o simplemente Ramón, es uno de los escritores más sorprendentes del siglo XX por su original obra literaria, que participa de muchos géneros –novela, teatro, ensayo, biografía...- y por las andanzas de una vida viajera, bohemia y surrealista que ha logrado eclipsar en ocasiones la fama de sus escr...

EL ALMA DE LA MÚSICA

         Recuerdo, por ejemplo, de la época de mis primeros años de juventud, que un día nuestra cocinera, con lágrimas en los ojos, irrumpió en la habitación: le acababan de comunicar que Charlotte Wolter (la actriz más famosa del Burgtheater) había muerto. Lo más grotesco de aquel dolor exagerado era, por supuesto, que nuestra anciana cocinera medio analfabeta no había estado ni una sola vez en el Burgtheater y no había visto a la Wolter ni dentro ni fuera del escenario; pero en Viena, una gran actriz nacional era propiedad colectiva hasta tal punto que incluso los que no se interesaban por el teatro percibían su muerte como una catástrofe.     Stefan Zweig: El mundo de ayer. Memorias de un europeo (editorial Acantilado, 2001).     Siempre le había gustado la música.     Cuando era pequeña, se quedaba escuchando detrás de la puerta, en el rellano de la planta de abajo, las leccio...