Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

martes, 4 de mayo de 2010

Nada más levantarse, recorría el piso sintonizando en la radio de cada habitación los diferentes informativos de la mañana. De ese modo, mientras se afeitaba o tomaba café, conseguía una caótica visión plural de la realidad mundana.

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La única ventaja que encuentro para desechar hoy la idea de formar parte de una tertulia literaria es que de esa forma uno se evita tener que soportar a letraheridos inaguantablemente pedantes con cante a güisqui de garrafón*

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*Nota del autor: esta máxima minúscula fue escrita antes de conocer a los mercuriales, caracterizados por su cándida sobriedad y morigeración.


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Es curioso cómo valoramos más a alguien famoso si es de nuestro pueblo o barrio antes que a los de otros lares. De ese modo, algún escritor famoso casi preferiría leer el pregón a la virgen de su tierra o patria chica el día de su fiesta antes que el discurso de recepción del Nobel de Literatura. ¡Cuánta fuerza tiene en nosotros la tierra!

Tres finales para el caso anterior:

A) Si elige dar el pregón, perderá en universalidad.
B) Si, por contra, viaja a Estocolmo, perderá el favor de sus conciudadanos y el de su virgencita... ¡terrible confusión!
C)La resolución de la tesitura entre ser aplaudido por muchos desconocidos o por los queridos paisanos de uno puede estar en dar el pregón de las fiestas del pueblo en el discurso de recepción del Nobel (siempre puede uno alegar que se dejó en casa los otros papeles).

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Todo españolito conoce las leyes, pero siempre son de aplicación exclusivamente para los demás, nunca para él mismo.



1 comentario:

Ramón Simón dijo...

Me quedo con la opción C

Abrazos

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