Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

sábado, 1 de febrero de 2014

Las enfermedades




    Asma, alergia, pies cavos, gafas, ortodoncia, pies de puntillas que requirieron una operación, descalcificación en un hueso del pie por la cual me tuvieron que escayolar...
    Fui, en definitiva, un niño imperfecto, con tantas debilidades que mi historia clínica parecía no tener fin.
    Lo peor, sin duda, fue el asma. Era terrible la sensación de no tener aire suficiente en los pulmones para poder respirar y no poder descansar bien por las noches.
    Recuerdo una vez, en la playa, en la que me desperté casi asfixiado, con pitos en el pecho. Mi madre se vino conmigo a la terraza y allí estuvimos viendo los barquitos del mar, pequeñas luces lejanas en la minúscula luz del alba.
    Me tuvieron incluso que llevar en dos ocasiones al antiguo hospital de Riotinto (hoy Museo Minero) para darme oxígeno.
    De niño yo quería ser médico, pero al ver una pequeña operación de cirugía plástica en la televisión me mareé y ello supuso el fin de aquella vocación.
    Me acuerdo de que una vez el médico me mandó unos análisis de las heces, así que tuvimos que ir a Huelva con Juanito, taxista de la Empresa (que en paz descanse).
    De vuelta de la ciudad, me entraron arcadas en el camino y vomité parte del desayuno en la reluciente tapicería de escay color crema de los asientos traseros del Mercedes de Juanito, quien quería a su coche como a un hijo.
    El ser un niño enfermizo te termina curtiendo. A pesar de que piensas en la imperfección de tu cuerpo, terminas aceptando tus deficiencias y debilidades.
    En Sevilla me operaron de los tendones de Aquiles en ambos pies. Una vez en casa, mis amigos “Rafi” y Ángel me llevaban a casa los apuntes de clase para que no perdiese el contacto con el colegio.
    Recuerdo que, en aquella larga convalecencia, tuve que hacer un dibujo a color de las partes de la célula para que mis amigos se lo llevasen al maestro. ¡Cómo se acuerda uno de cosas que sucedieron hace ya tanto!
    En mis largas estancias en cama, recuerdo el placer de la lectura, que me hacía soñar con otras vidas, con otras realidades.
    Podía estar incapacitado, pero mi imaginación volaba con las aventuras de los tebeos y los libros que devoraba con avidez.
    Aquellas aventuras obraban en mí el deseo de querer convertirme también en escritor, de combinar con emoción y belleza las palabras para que alguien disfrutara del mismo modo que yo lo hacía en mi cama en aquellas ocasiones.
    ¡Pobre niño enfermizo! ¿Te curaste de todos tus males?

3 comentarios:

Jesus Cotta Lobato dijo...

Si esos males fueron los que contribuyeron a hacerte tan bueno, dalas por buenas, amigo.

José Manuel Gómez Fernández dijo...

Gracias, Jesús. Un abrazo.

Marita dijo...

me acuerdo de lo de andar de puntillas y de tu operacion. Antiguamente operaban a poxos niños. Me marco. Angel

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