Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (X)


Creo que el concepto de COMPETITIVIDAD debe ser revisado. En todas las épocas históricas ha existido competitividad en todos los órdenes de la vida y pienso que en esta sociedad nuestra más que nunca. Los dos miembros de la pareja deben trabajar para pagar el "hipotecazo", pero no solo eso: las casas deben estar puestas de exposición como en las revistas de decoración, hay que hacer ejercicio, tener una salud mental de hierro, cultivar el cuerpo... y, entre muchas otras cosas, como si fuera una más, educar a los hijos. En fin, poco menos que hay que ser perfectos, y ese anhelo de perfección es lo que provoca múltiples ansiedades, depresiones, angustias y, en definitiva, carencias afectivas en los más pequeños. No es COMPETITIVIDAD la palabra correcta, sino EXIGENCIA. ¿Por qué no asumimos nuestras carencias? La Psicología moderna se empeña, por ejemplo, en curar todas nuestras obsesiones con terapias muy invasivas. ¿Por qué no dejamos correr el tiempo y que cada uno sea como es, con sus "caunerías" ("cá uno es cá uno, con sus caunerías")?
Considero que la base de una transformación radical de esta situación pasa por la concienciación, por parte del sistema económico, de que es beneficioso que el ciudadano medio posea una importante base cultural. Esa formación producirá en el consumidor una necesidad de consumo más alta que en el caso de consumidores con escasa base cultural (pensemos, sólo en el sector del ocio, en la cantidad de libros, películas, música... que consume una familia con un nivel cultural aceptable). Es decir, al mercado le interesa ABRIR EL ABANICO DE OFERTAS, que el potencial consumidor esté formado no sólo mediante la televisión (que en muchos casos es, por desgracia, la única vía de formación de espectadores que no leen ni saben relacionarse con su entorno inmediato).
Corrijo mi propuesta anterior: PROPONGO QUE EN LAS CADENAS DE TELEVISIÓN PÚBLICAS SE DEDIQUEN ALGUNOS MINUTOS AL DÍA A LA LECTURA DE "TEXTOS", sin ningún adjetivo: pueden ser literarios, científicos, económicos... Da igual, pues el objetivo será el mismo. Añado otra propuesta: QUE LOS MAESTROS Y PROFESORES CON EXPERIENCIA RECOJAN EN MEDIOS COMO ESTE SUS MÉTODOS, DECANTADOS POR AÑOS DE SERVICIO, PARA TRANSMITIRLOS A LOS NUEVOS COMPAÑEROS. Hoy hay una excesiva atención a la novedad en materia educativa, cuando en esta y otras materias está todo ya muy "inventadito": NIHIL NOVUM SUB SOLEM (¿seré un "carca" al expresarme en latín?).
Vivimos una época de desprecio de las Humanidades y el desprecio académico del latín es una de sus facetas. ¿Hay alguna ventaja de la enseñanza del latín? Síííííí: la ventaja de poder leer a los clásicos sin interferencias de traducción o el desarrollo de una conciencia lingüística, así como el desarrollo de un pensamiento abstracto muy útil a la hora de estudiar. El argumento utilizado para erradicar los estudios clásicos de la enseñanza media (quedan empero como reductos marginales, arrinconados en optativas) ha sido el siguiente: suponen un contenido conceptual difícil y, sobre todo, no son útiles ni prácticos los conocimientos que transmiten. Ni útiles ni prácticos... Aquí está la clave: la cultura está hoy más que nunca "mercadeada", reducida a una dimensión meramente práctica, mercantil, comercial, competitiva. No entran en esta sociedad "hiperespecializada" los estudios humanistas por la visión integral del hombre (y la mujer, perdón) que éstos transmiten. "¡Fuera las Humanidades!, ¡viva la especialización!", han dicho algunos, y muchos se lo han creído a ciegas.Faltan muchas cosas en esta visión tan pragmática de la sociedad: falta una verdadera pedagogía de la muerte (el fenómeno del jugador del Sevilla, Puerta, es digno de estudio: la gente no quiere reconocer la existencia de la muerte). La muerte es hoy sólo un espectáculo mediático que todo el mundo admite en televisión y no en su entorno inmediato, y aquí es donde podrían jugar un papel muy importante los estudios humanistas o clásicos por todas las enseñanzas vitales que transmiten desde hace siglos. Por otro lado, hay que enseñar a resaltar la calidad de un buen libro o de una carrera profesional adecuada. Es muy necesario ese conocimiento, sobre todo cuando vivimos en una época de relativismo cultural en que no hay límites morales ni de autoridad y cuando a quien los quiere aplicar se le considera un reaccionario.
Sin embargo, a pesar de que todo esté ya escrito e inventado, todo está por escribir de nuevo. Lo innovador de hoy puede que lo fuera hace miles de años, pero no debemos perder la ilusión de ponerlo en práctica.
OTRA PROPUESTA: ¿POR QUÉ NO REALIZA ALGUIEN UN DOCUMENTAL SOBRE LAS IMPRENTAS ANTIGUAS? ES UN TEMA CULTURAL APASIONANTE QUE, BIEN REALIZADO, PUEDE RESULTAR INTERESANTÍSIMO.

lunes, 29 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (IX)



Pienso que las causas de muchos males de la educación actual están, por supuesto, en la sociedad en que vivimos, la cual no favorece para nada la exigencia. Al contrario: el modelo de individuo que pretende el sistema social es un ser acrítico, que no piense y sólo valga para consumir y votar lo que interese en cada momento. Ése es el motivo, creo, de que los profesores estemos cada vez más ahogados por el papeleo, por una "burrocracia" absurda que logra que no pensemos y que, por tanto, no hagamos pensar a nuestros alumnos. El pensamiento es peligroso, por lo que debe evitarse que generaciones enteras de estudiantes puedan hacer uso de él. Y esto está llegando ya a la Universidad: la Declaración de Bolonia no es otra cosa que el intento de implantar el "espíritu Logse" en la Universidad, que debería estar regida por la independencia de criterio. En esta sociedad adocenada, bien alimentada y acrítica es muy difícil proponer un modelo de educación que tenga en la independencia, la crítica y, por tanto, el ansia de libertad, sus principales valores. La televisión, paradigma de esta relativización de los valores del esfuerzo y el sacrificio, no ayuda en esta tarea, más bien la dificulta e impide. La "supermodelo" que no sabía dónde estaba Santander es un ejemplo de esta escala de valores inversa en la que nos hallamos actualmente. La base de un cambio profundo debe estar en la clase social más numerosa y la más perjudicada: la clase media. Movilicémosla y la sociedad saldrá de esta crisis de valores fortalecida y vivificada.
¿Por qué no planteamos a TVE la necesidad de crear más programas de televisión basados en el buen uso del lenguaje?A ver si conseguimos que el burro beba porque él lo quiera.
Creo que tenemos claros los objetivos de una necesaria movilización educativa, pero nos falta algo muy importante: comunicar nuestras procupaciones e intereses al resto de la sociedad. Es fundamental promover foros de opinión, así como crear programas de televisión que hablen de la cultura, de los libros y los estudios de una forma llana y no llena de banalidades y de pedantería superflua y, sobre todo, hace falta concienciar a esa mayoría de personas que se dedican a ver la televisión toda una tarde de un sábado cualquiera de que es fundamental la comunicación con su familia. Esa educación sentimental es una de las carencias más graves de esta sociedad nuestra tan contradictoria, y de ahí vienen muchos de sus males. En mi ciudad salgo muchas tardes con mi hija y echo en falta más actividades para los niños: por ejemplo, más cuentacuentos y exposiciones y no tantos columpios; los niños no pueden pasarse toda su infancia columpiándose como unos lelos porque no lo son. Pero faltan mecanismos para hacer llegar nuestros deseos a los políticos locales, regionales o nacionales.
Ya no sirve en la era de Internet el voto cada cuatro años, porque la sociedad cambia hoy a una velocidad vertiginosa. Hay que fomentar las listas abiertas, el voto electrónico (¡cuánto dinero y papel ahorraría a la Administración!) y la consulta a la ciudadanía acerca de temas de su interés más inmediato. La cultura tiene un efecto curioso: cuanto más se quiere divulgar, más se desvirtúa. Hoy creo que una de las claves es el "modelo de cultura" que se quiere promover: hay que democratizar la cultura, pero hacerlo de verdad, sin sacralizarla porque eso la desvirtúa, pero tampoco sin frivolizarla porque eso la anula. Creo que debemos realizar un proceso de reflexión acerca de cuál es el modelo de cultura que debe ser difundido en la sociedad (en la televisión, en las escuelas, en los institutos, en las familias, en los trabajos...). Sé que es enorme el trabajo que planteo, que supone una transformación importante de los actuales modelos de individuos que triunfan, pero por algo hay que empezar: ¿NO SERÍA CONVENIENTE QUE FOMENTEMOS EL DÍA INTERNACIONAL SIN TELEVISIÓN?.
Pienso que si queremos formar un grupo de presión debemos abordar ante todo la tarea de definir nuestros objetivos. El problema es que esos objetivos pueden ser muy variados: la tarea es compleja porque habría primero que definirlos y luego intentar concienciar a la sociedad de sus virtudes. Por ejemplo, un objetivo básico sería, en mi opinión, la educación emocional, la expresión de los sentimientos de una manera natural en las familias. Pienso que de la inexistencia de dicha educación vienen muchos de los males que afligen a esta sociedad. Pero claro: hay que difundir este mensaje. ¿Recuerdan la campaña electoral de Albert Rivera, de Ciutadans, en la que aparecía él desnudo? Por desgracia, muchas veces estas actuaciones son la única salida para que colectivos minoritarios tengan un hueco en la sociedad o en los medios (bueno: ambas cosas son lo mismo). ¿Tendremos que desnudarnos pidiendo una mejor educación emocional en las familias? Bueno, no pido tanto, al menos de momento. Lo que es cierto es que tenemos que extender nuestra movilización a otros sectores de la sociedad que tienen más influencia como, por ejemplo, los periodistas. Por desgracia, los objetivos que nosotros podemos plantear no son "mediáticos" precisamente, no venden anuncios en televisión, por lo que también tengo mis dudas. Sin embargo, nos debe mover la fuerza del sentido común que, como sabemos, es desgraciadamente el menos común de los sentidos. En esta época en que vivimos sobran imágenes y faltan palabras. Necesitamos textos que transmitan las emociones que escondemos continuamente, necesitamos literatura que alivie nuestros miedos, poemas que nos ayuden a sentir, a ser humanos.Esta es mi propuesta: PROPONGO QUE EN LAS CADENAS DE TELEVISIÓN PÚBLICAS SE DEDIQUEN ALGUNOS MINUTOS AL DÍA A LA LECTURA DE TEXTOS LITERARIOS. ASÍ SE HIZO CON MOTIVO DEL CUARTO CENTENARIO DE LA PUBLICACIÓN DE "EL QUIJOTE". ¿AHORA QUÉ PASA? ¿COMO ESTE AÑO NO HAY NINGÚN ACONTECIMIENTO LITERARIO "MEDIÁTICO" DE ESE TIPO NO SE PUEDE HACER?

domingo, 28 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (VIII)


El cuento del burro que no quería beber
Había una vez un campesino llamado Luis que tenía un burro en su granja, la cual estaba en un campo a los pies de una montaña. El hombre estaba muy contento con el animal, pero una mañana se acercó a ver al burro y se dio cuenta de que éste no había bebido el agua que le había puesto en un cubo la noche anterior. Dijo para sí Luis: "¡Qué raro! No se ha bebido el agua como siempre hace. ¿Por qué será?" Quebrándose la cabeza se dijo que quizás había sido porque le había puesto el cubo en un sitio que no era el de siempre: en vez de dejarlo al lado de la fuente, lo había colocado debajo del olivo. Luis cogió el pesado cubo lleno de agua y lo colocó al lado de la fuente, pero el burro no miró el cubo y se quedó en el mismo sitio. Se dijo esta vez Luis: "¡Qué raro! Este burro no quiere beber. ¿Será porque quizás el agua está demasiado fría por la helada de la noche?" Entonces colocó un buen rato el cubo en un sitio donde daba el sol para que el agua estuviese menos fría, pero el resultado fue el mismo: el burro no quería beber. Seguidamente, Luis pensó que el burro estaba demasiado solo y su manera de protestar era no beber. Decidió llevarlo al pueblo a la feria de ganado de ese fin de semana para relacionarlo con otros asnos. Su contacto con los burros que bebían tampoco surtió efecto: el burro no quería beber por las razones que fueran. Luis, sin embargo, no era capaz de desentrañarlas. Agobiado, lo llevó a un psicólogo de animales que lo diagnosticó aseverando que "el sujeto no tenía intereses afectivos hacia la ingurgitación de líquidos". Parecía que aquella palabrería había cambiado algo las cosas, pero no se veía la solución. Como Luis tenía contactos con el Gobierno, éste sacó una ley para que todos los burros bebiesen diariamente una cantidad mínima de litros de agua, pero el burro de Luis seguía sin querer beber. Finalmente, el burro por partida doble se deshidrató y murió. En su tumba, su dueño, empeñado en cambiar la realidad, puso el siguiente epitafio: AQUÍ YACE UN BURRO QUE FUE UN GRAN BEBEDOR DE AGUA.

sábado, 27 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (VII)




Para el curso próximo me planteo dar unas clases iniciales en la ESO sobre cómo deben realizarse los exámenes en condiciones. Creo que se les habla mucho a los alumnos sobre técnicas de estudio y no sobre qué es lo que se les va a exigir en una prueba teórica tanto en expresión como en contenido. Para ello pueden utilizarse modelos de respuestas de exámenes mal planteadas, por ejemplo. Al menos pienso dedicarle a esa actividad una semana de clase en cada grupo. De esa manera los alumnos conocen mejor cómo trabaja uno como profesor, a qué le da importancia y a qué no se la da. Creo que a la vez que conocen las técnicas de estudio deben saber también cuáles son nuestros criterios de corrección desde el primer momento. Aunque se plantea pronto un problema: si le decimos a un niño de 1º de ESO que podemos quitarle hasta 3 puntos por faltas de ortografía en un examen, ¿qué responsabilidad tenemos a la hora de enseñar algo -los acentos, por ejemplo- que debía haber sido aprendido en anteriores etapas?
Es cierto que un profesor de 1º de E.S.O. no puede quitarse responsabilidades de encima echando la culpa a la Primaria de las carencias de sus alumnos, pero lo cierto es que el nivel de estos alumnos cada día es peor. Las causas son múltiples, pero no quiero entrar en ellas en este momento. Lo que está claro es que no es responsabilidad únicamente de los maestros ese escaso nivel del que hablo. Por otro lado, ¿es la ortografía un contenido que debe abandonarse como causa perdida ante el imparable avance de las ortografías individuales de cada uno, del "escribo como me da la gana"? Por desgracia, la ortografía, la buena escritura, suena hoy a "carca", "facha" o algo peor. ¿Por qué llevarse las manos a la cabeza cuando un profesor anuncia que una cuarta parte de la nota de un examen puede detraerse por una mala ortografía? Pienso que hoy no es nada reaccionario restar 2 ó 3 puntos en un examen por faltas de ortografía y expresión. ¿Por qué tanto complejo? ¿Es que resulta que vamos a facilitarle todo a los alumnos? No olvidemos que después de la secundaria les espera una sociedad competitiva en la que, por ejemplo, tiran currículos a la papelera porque su dueño no sabe acentuar correctamente su apellido.
Estoy de acuerdo en que necesitamos personas con una formación integral, pero la adquisición de una correcta expresión (en la que se incluye la ortografía) debe ser importante en ese proceso. No quiero ser demasiado estricto con mis alumnos, pero tampoco creo que debamos facilitarles todo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (VI)


El Diccionario de la Real Academia Española define "capacidad" en su segunda acepción como "aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo". Ese "ejercicio" puede ser, lógicamente, de una carrera académica o la capacitación para el desempeño de una profesión. No todo el mundo vale para estudiar, por mucho que una amplia mayoría de padres no lo termine de ver así. Una tarea de los tutores es explicar esto a los padres despistados.En cuanto a quién mide las capacidades de los alumnos, la respuesta lógica es "los profesores". Pero creo que ahí no está la cuestión, sino en cómo y para qué medir esas capacidades. CÓMO: creo que debe haber pruebas de evaluación objetivas y bien planteadas en todos los niveles de la enseñanza obligatoria que midan esas capacidades de las que hablamos. PARA QUÉ: en último término, el objetivo de esas pruebas de evaluación debería ser agrupar a los alumnos según sus intereses y capacidades que pienso que es una vía muy interesante para que los alumnos desarrollen mejor las cualidades que poseen.
Otra propuesta que ya es realidad efectiva en algunos centros es la de aportar a los padres una información regular del trabajo y la actitud de sus hijos (puede hacerse "on-line"). Evidentemente supone más carga laboral para el profesorado, pero es un instrumento útil para que los padres sepan rápidamente cómo trabajan sus vástagos. Si no a través de Internet, al menos podrían acceder a más información que la aportada por una simple nota numérica al final de cada evaluación. Informaciones del tipo "no realiza los deberes" o "tiene mala actitud en clase" dan sentido a esa nota numérica y en el caso de que los padres estén interesados pueden suponer un toque de atención al alumno.

jueves, 25 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (V)


¿Por qué no cobrar 50 céntimos a cada alumno que, aparte de masticar chicle, moleste en clase? El dinero sería ingresado en la cuenta de una ONG. Hace unos años estuve dando clases en un instituto de Sevilla y tuve algunos grupos de alumnos con escaso o nulo interés. Tomé por norma cobrarles 50 céntimos cada vez que mascaban chicles o chupaban caramelos en clase y al final del curso reuní unos 70 euros, que ingresé en una cuenta solidaria (fotocopié el recibo y lo pinché en todos los tablones de las clases). A esa iniciativa la llamé RUMIANTES SOLIDARIOS.

Me pregunto cuánto dinero podría recaudarse si más profesores secundaran esta iniciativa, que podría extenderse a los alumnos que interrumpen las explicaciones del profesor.

Me parece magnífica la idea del café-tertulia con los padres que propugnan algunos centros: lo que ocurre es que habría que ver cuántos padres secundarían esa medida (suele ocurrir que a esas actividades se presentan casi siempre los padres de los alumnos que no suelen tener problemas con los estudios).

Otra propuesta: ¿qué hacemos con esos alumnos a los que se les da el nombre de "objetores escolares"? ¿Por qué no organizar formalmente unas actividades específicas para ellos como, por ejemplo, ayudar a catalogar por ordenador los libros de la biblioteca? De esa manera se motivan con una actividad diferente, ayudan al instituto y salen de las clases ordinarias en las que molestan a los profesores y a los compañeros.

Creo que la figura del mediador es una buena idea, pero considero que también hay que atajar el problema antes, desde la base (INCLUSO DESDE PRIMARIA). La clave de este tema será habilitar fórmulas desde el propio sistema para dar salida a los "objetores escolares"; en definitiva, para dar a cada grupo de alumnos lo que van requiriendo desde muy temprano (en algunos casos, por mi propia experiencia lo sé, alumnos de 1º o 2º de ESO están de vuelta de todo y es ya muy difícil motivarlos).

UNA IDEA: ¿por qué no formar a estos alumnos en tareas de mantenimiento de los propios institutos: pintura, electricidad, etc? Esas tareas se hacen en algunas contadas ocasiones, pero sería necesario que se convirtieran éstas en actividades formales establecidas mediante un proyecto educativo en el propio centro escolar. Un título educativo podría servirles a estos alumnos para tener alguna puerta abierta al final de su escolaridad básica.

La clave está en encontrar la utilidad que cada piedra requiere. En otros países más avanzados en estas cuestiones (en Alemania, por ejemplo), el hecho de clasificar a los alumnos para que estén en el grupo DE LOS QUE VAN A SEGUIR ESTUDIANDO o en el de los que PRONTO QUIEREN TRABAJAR es una tarea que se hace desde la Enseñanza Primaria. Esa medida evitaría aquí en España el grave problema de los objetores escolares a los que el sistema, hoy por hoy, no sabe dar respuesta. Es una medida necesaria que demandan los enseñantes de los legisladores y que no supone ninguna discriminación (hoy en día el alumno discriminado es el alumno que quiere estudiar en medio de un clima de trabajo inexistente). El secreto está en diversificar el currículo, los contenidos de la enseñanza, desde muy temprana edad.

Creo que no deberíamos emplear expresiones como "dictaminar" o "no dar oportunidades" al referirnos al asunto de la diversificación de los contenidos a los alumnos en función de sus potencialidades e intereses. Pienso que el hecho de que un alumno se integre pronto (cuanto antes sea posible) en el grupo DE LOS QUE VAN A SEGUIR ESTUDIANDO o en el de los que PRONTO QUIEREN TRABAJAR no significa una pérdida de oportunidades ni un dictamen apresurado sobre su futuro académico o profesional. El título sería el mismo para los alumnos de un grupo como para los del otro (hoy sucede lo mismo con los alumnos de 4º de ESO que cursan la Diversificación Curricular).

La LOE establece en 3º de ESO un currículo diversificado para alumnos con dificultades en el estudio, pero yo voy más allá: creo poco en la enseñanza personalizada y pienso que una de las claves de la mejora del sistema (al menos en Secundaria, que es donde doy clases) está en los agrupamientos de los alumnos en función de sus capacidades, sin que ello suponga una merma en el rendimiento que se espera de ellos (diferente en ambos casos).
De esa manera el currículo sería más flexible y adaptado a la realidad de las aulas y se establecería pronto la separación entre dichos grupos de alumnos, hecho que considero supondría una mejora del actual sistema, el cual no favorece ni a unos ni a otros.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (IV)



Varias propuestas


¿Qué alternativas se ofrecen a esas "cárceles" en que se han convertido los institutos y colegios? Pienso que debemos dulcificar esa imagen y la clave de ello estará en los próximos años en diversificar el currículo desde muy temprana edad, en que el sistema (y el sistema somos todos) les dé a los "objetores escolares" los recursos para tener interés en acudir a los centros (o al menos para no incordiar en ellos).

Por ejemplo: ¿por qué no dedicar más horas del currículo a actividades formativas relacionadas con el desempeño de una profesión?, ¿por qué no adelantar así los estudios de grado medio a los alumnos interesados en trabajar pronto? Puede ser quizás mediante una asignatura específica o haciendo que algunas horas del currículo básico (lengua, matemáticas...) estén dedicadas a actividades de carácter práctico para esos alumnos. Pienso que en la diversificación está una de las claves de la reforma, aunque está claro que tiene un precio.

Pienso que hay que generar en los alumnos conflictivos una cultura del esfuerzo. ¿Por qué, en lugar de expulsarlos y alegrarlos por tanto durante varios días, no se les mandan unas tareas prácticas de mejora del centro: administrativas, organizativas, manuales, etc? Son tareas que a veces de forma puntual se plantean en los centros, pero ¿por qué no tenerlas establecidas dentro de un protocolo de actuación?


En cuanto a la asignatura Educación para la Ciudadanía, me parece que es una muestra del paternalismo del estado ante la dejadez con que muchas familias maleducan a sus vástagos. Sin embargo, no me parece mal, siempre que sea impartida con arreglo a un programa y unos materiales aportados por la Administración Educativa y dejando la posibilidad de educar sobre determinadas cuestiones controvertidas (como el "matrimonio" homosexual, por ejemplo) a la libre elección del profesorado.

Voy a formular a continuación un argumento políticamente incorrecto: el sistema podría plantear castigos económicos a los padres de los alumnos que molesten en clase. Pienso que de esta manera se contendrían más las fuerzas que disgregan la labor educativa. Es la clásica idea de que "el que rompe paga" y creo que en el pasado ha dado buenos resultados en bastantes ámbitos. ¿Por qué no aplicarla a la educación? ¿Qué prejuicios "roussonianos" o qué temores nos inmovilizan todavía?


Movilicémonos por este camino, aunque sea revolucionario y lleno de espinas. Paradójicamente, hoy lo reaccionario resulta lo más revolucionario ante el adormecimiento de las masas y de la clase pensante ante los desmanes que vemos cada día en los centros escolares.


Creo que debemos avanzar por esa línea. Quizás sea muy duro lo de la "multa" económica, pero es una manera de que los padres se impliquen más en el proceso de enseñanza, que lo perciban como algo suyo también.
Insisto también en la posibilidad de "castigos" de carácter manual. En un instituto en el que di clases había tres alumnos de 2º de E.S.O. de los llamados "objetores escolares" que, con el consentimiento paterno, estaban catalogando los últimos libros llegados al centro. Es cierto que había que revisar su trabajo, pero era una manera de que, si antes venían al centro a no hacer nada, al menos tuvieran un aliciente y se sintieran útiles. La verdad es que es una opción aún minoritaria, pero que tiene muchas posibilidades porque funciona.

Esas tareas "manuales" (vamos a llamarlas así) son importantes. Sin embargo, voy más lejos: creo que existe una necesidad de que los centros establezcan un currículo de carácter "manual" o técnico para los alumnos que no quieren estudiar. Esto supone una inversión en espacio, tiempo, materiales, profesores capacitados..., en definitiva más dinero. Sin embargo, merece la pena dar a cada tipo o perfil de alumno lo que necesita. Pienso que un alumno de doce o trece años que va destinado a estudiar un ciclo formativo de grado medio (antigua F.P.) debe desarrollar sus capacidades mucho antes y no sólo en la clase de Tecnología (dos horas a la semana). Creo que una de las claves de la enseñanza del futuro debe estar en la diversificación. En esto, países más avanzados como Alemania nos llevan ventaja. A ver si pronto nos ponemos nosotros las pilas.



martes, 23 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (III)





La Junta de Andalucía ha establecido una hora obligatoria a la semana de lectura en la ESO: magnífica idea, y yo soy el primer profesor que se apunta a ello, pero ¿no habría que hacerlo antes en Primaria? Estoy convencido de que la base de un buen hábito de lectura ha de venir de los primeros años de enseñanza obligatoria, sobre todo de la Educación Infantil. ¿Cómo conseguimos que un buen número de alumnos conserve para toda la vida ese hábito, tan importante en el desarrollo del hábito de estudio? Pues aquí está el problema: que mientras la sociedad en otras épocas se volcaba en la enseñanza (léase por ejemplo Corazón, de Edmondo de Amicis), hoy no aparecen como tema fundamental de preocupación en las encuestas de opinión los bajísimos índices de lectura en España.

¿Cómo enganchar a la lectura a esas masas consumidoras de bazofia televisiva? El problema no está en las clases sociales que tienen fácil acceso al disfrute de los libros y la cultura en general. Cuando leo un artículo de opinión que retrata a la perfección los males del sistema educativo pienso siempre: "¡qué razón tiene este hombre!", pero más eficaz sería su mensaje si llegase a la gente acostumbrada a la prensa y la televisión basuras. A veces pienso que estamos inmersos en una nueva Edad Media (tecnológica, eso sí , pero Edad Media en el peor sentido de la expresión). ¿Qué hacemos entonces los cultivados? ¿Quejarnos sólo de que los que no saben leer tienen más poder real en los institutos que los pobrecitos lectores, que cada vez son considerados más como una secta que hay que erradicar? NO, HAY QUE SER POSITIVOS: LUCHAR DESDE NUESTROS PUESTOS PARA EVITAR QUE LA CULTURA SE CONVIERTA EN UNA ELITE Y PARA ACERCARLA A LAS MASAS ILETRADAS QUE NO TIENEN PASIÓN POR ELLA. Hay que crear grupos de presión "(lobbies, dicen los americanos) con ese fin.

¿Cuál puede ser uno de esos instrumentos? Aparte de Internet, que ya lo está siendo (véase el ejemplo de los foros, blogs, chats...), la televisión, actual maestra de esas masas de las que antes hablamos, puede ser una gran aliada. Recuerdo con gran cariño a Félix Rodríguez de la Fuente y cómo logró crear una conciencia ecologista en las gentes que lo observaban atónitas. ¿No pueden crearse programas, emitidos a horas decentes, que tengan como base la educación de la cultura entre las masas?

Hasta ahora el panorama es desalentador en parte, teniendo en cuenta que las máximas audiencias, como todos sabemos, las consiguen programas centrados en escándalos e informaciones de cotilleo barriobajero, pero no todo está perdido. En la Edad Media los monjes se dedicaron a copiar un material inmenso de sabiduría para legarlo a generaciones futuras. Planteeémonos qué legado va a dejar esta época a las generaciones venideras: yo creo que será el que todos nosotros queramos, bueno o malo.

En nosotros estará la llave. No quiero ser pesimista, pero, por ejemplo, es cierto el escaso valor que el sistema educativo otorga a la literatura (de ser una asignatura específica en el Bachillerato se ha convertido en la hermana pobre de la Lengua al agruparse con ella en un horario de tres míseras horas semanales). ¿No será porque la Literatura hace pensar y eso no es lo que se espera del individuo de esta sociedad materialista y neoliberalista? El pensamiento se ha convertido en enemigo de este sistema, por todos aceptado (no hay más remedio), basado en el voto y el consumo.
¿Qué hacemos con ese desinterés hacia la lectura, y por ende hacia los estudios, de buena parte de los adolescentes de hoy? La solución es complicada, debido a la escala de valores inversa de las sociedades occidentales actuales. Sí, ESCALA DE VALORES INVERSA. Los valores de los individuos en una sociedad consumista son no contentarse con lo mucho que se tiene y aspirar a más y mejores servicios: coches, viviendas, trabajos...; sin embargo, esa máxima de MÁS Y MEJOR no se aplica al campo de las relaciones personales. Por ejemplo, ¿por qué no se lucha para procurar una mejor educación para nuestros hijos? Hay un conformismo generalizado que lo invade todo en el que triunfan los programas de cotilleo salvaje y la información del fútbol como únicas vías de escape, mientras las tensiones sociales son cada vez mayores (pensemos en las elevadísimas cifras de divorcios). La gente se queja del sistema, de los profesores..., pero ¿dónde queda su parte del pastel, de responsabilidad? ¿Qué porcentaje de padres levanta el trasero del sofá después de un estresante día de trabajo para jugar con su hijo o enseñarle a hacer los deberes o a estudiar? Creo que muy pocos lo hacen: sus hijos serán los privilegiados que salgan de un futuro de trabajos "basura" gracias a la formación recibida, aunque pierdan un poco el interés por la lectura en la adolescencia. Pero, ¿y el resto? ¿Qué hacemos con los que no quieren o no pueden leer desde niños porque en sus casas no hay un triste libro que llevarse a los ojos?

Y no sólo eso: ¿qué sucede si en su entorno encima está mal visto que el niño lea? Mal futuro auguro para esas masas mal-letradas. La verdad es que sí, que hoy estoy un poco pesimista. Pienso de nuevo en el cuento sin final del burro que no quería beber: ¿cómo conseguimos que beban tantos burros que en el mundo son?

Pero dejemos de quejarnos y actuemos: ¿cómo podemos crear grupos de presión que inviertan esta situación tan lamentable? ¿O es que lo vamos a dejar todo en manos de las instituciones escolares?
Toda generación más tarde o más temprano ha de plantearse la cuestión eterna de cómo movilizarse para mejorar la educación de sus jóvenes en aras del bienestar general. Nuestra movilización... ¿con qué actuaciones CONCRETAS la conseguimos? ¿Seguimos escuchando las enseñanzas de la ínclita y doctísima Belén Esteban?
Ya sabemos las causas del mal, sí, pero ¿cómo actuaremos para aliviarlo?

martes, 16 de marzo de 2010

Pensamientos sobre educación (II)




Necesidad de una movilización general


El debate en torno a la obligatoriedad de la escuela se está polarizando hacia dos extremos: o bien considerar que la educación corresponde en todas sus vertientes a los padres, o bien que la escuela es la encargada de esa tarea en gran medida.
En mi opinión, los padres deben educar antes que instruir y el Estado instruir antes que educar, aunque a veces el límite entre una tarea y otra no está claro (porque se educa instruyendo o viceversa). Entiendo "instruir" como una acción de transmisión de conocimientos y "educar" como una acción de transmisión de valores.
Hoy resulta que hay un número importante de padres que están menos educados en saber educar a sus hijos (debido a condiciones socio-laborales diferentes a las de épocas pretéritas). Ese grupo de padres educan menos o peor a sus hijos, con lo que el Estado paternalista debe encargarse en parte de la función educadora (sin ir más lejos, ahí tenemos la asignatura "Educación para la Ciudadanía"). Sin embargo, esa tarea educadora del Estado nunca podrá reemplazar la inestimable tarea que deben realizar unos buenos padres.
Deberían quedar más claramente delimitadas la educación y la instrucción. En épocas pasadas no existía este conflicto, pero hoy los "objetores escolares" están haciéndolo plantear a la fuerza.
Pienso que las reuniones de padres, salvo causas justificadas, deberían ser de asistencia obligatoria para los padres (si lo son para el tutor que las convoca, ¿no deberían serlo también para los más supuestamente interesados?). Es el único acto en el que la comunidad docente pide la implicación de los padres, y por desgracia ya conocemos casos en que un tutor se ha quedado solo esperando a treinta padres que no han aparecido (y muchos de ellos sin dar explicaciones).
En mi opinión, los padres no pueden decidir si el niño va o no a la escuela (sería ésa una decisión que afectaría a la sociedad en su conjunto).
Creo que se le pide demasiado a veces a la institución escolar, ya que la base de la educación reside en la familia. Es cierto que los maestros y profesores también pueden enriquecerla, aunque en menor medida que los padres. Si en general éstos se implicasen más de lo que lo hacen, ese enriquecimiento sería mayor.
La triste realidad es que no en todas las casas se educa bien. Esa situación es así, y por muchas reformas educativas que vengan, la realidad es tozuda (me recuerda el cuentecillo del burro que no quería beber).
Quisiera apuntar sólo un tema interesante: ¿qué contenidos "obligatorios" deben enseñarse en los colegios e institutos? ¿No sería conveniente pensar ya en incluir dentro de los contenidos de la enseñanza el estudio del cine clásico?


Debemos luchar juntos padres y profesores implicando en esa lucha a los propios alumnos, haciendo que sean conscientes de que pertenecen a una comunidad que les exige, como mínimo, una buena educación (que no es poco hoy en día).

Pero esto de la movilización educativa no dejará de ser una colección de buenas palabras si no nos implicamos de verdad, cada uno desde su puesto, con propuestas basadas en el sentido común.


En concluyendo: ¿qué contenidos han de ser obligatorios en la enseñanza de las próximas decadas y cómo podemos entre todos mejorar las condiciones de esa enseñanza?

Pensamientos sobre educación (I)



Obligatoriedad de la escuela

Yo parto de la base de que el mejor argumento para la socialización de un niño es la escolarización obligatoria, aunque pueden ponerse pegas a ese concepto de la socialización (¿con quién se va a socializar?).
Se ha convertido en tópico la afirmación de que hoy hay más instrucción pero menos educación, frente a épocas pasadas en las que sucedía lo contrario. Sin embargo, todos los tópicos tienen algo de verdad: como profesor creo que la escolarización obligatoria no debería llegar hasta los dieciséis años, teniendo en cuenta que hoy los alumnos de doce años tienen pronto muy claro si quieren seguir estudiando o no. Uno de los mayores problemas de las aulas de los institutos hoy en día es el de esos "objetores escolares" que durante varios años no sólo no hacen nada en clase, sino que además se dedican a molestar al profesor y a los compañeros (lógicamente, para ellos el instituto es una cárcel). ¿Es bueno el argumento de que se debe escolarizar hasta los dieciséis años porque en muchos países de nuestro entorno sucede así? Yo creo que no, que a pesar de la unidad europea en materias diversas, la educación aún debe ser una materia controlada por cada uno de los estados, y no regulada hasta límites insalubres, metiendo a churras y a merinas en el mismo corral, desde las cumbres europeas. En nuestro país, además, tenemos el problema de que los programas escolares varían apreciablemente de una comunidad a otra, aunque ésa es harina de otro costal.
La escolarización debe volver a existir hasta los catorce años solamente: ello mejoraría sensiblemente el bachillerato (añadiéndole dos años que perdió ignominiosamente) y obligaría al gobierno a mejorar en la planificación de la Formación Profesional y el acceso al empleo desde las primeras etapas educativas, hechos que supondrían una mejora importante de la calidad de la educación de nuestros hijos.

Consideremos la cuestión de una forma práctica: la socialización moderna se practica, en gran parte, en la escuela. Eso, querámoslo o no, es así. Si no estamos de acuerdo con esa situación hay que plantearse irremediablemente otra: que los padres eduquen en sus casas a los niños. Y entonces me pregunto: ¿están dispuestos los padres de hoy a esa tarea? Creo que no, porque en general se puede decir que muchos ni siquiera son capaces de jugar con sus hijos. ¿En quién delegarían cuando no pudieran educarlos? Aunque sea un tópico, los abuelos maleducan a las criaturas, les dan regalos que las encaprichan. ¿Qué es preferible? ¿Un sistema estatal castrador de los impulsos íntimos o un sistema educativo familiar que los ensalza hasta límites insanos?

No tengo respuestas para tantas preguntas, en parte porque éstas son cuestiones muy complejas. Sí estoy convencido de que la base de una verdadera movilización educativa es el convencimiento entre toda la sociedad, dirigida por una clase pensante, de que hay una serie de problemas y de que entre todos debemos solucionarlos. Uno de esos problemas creo que es la obligatoriedad hasta los dieciséis años. Hay que crear foros o grupos de opinión que incidan en la necesidad de reducir la edad de la enseñanza obligatoria.


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