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Mostrando entradas de febrero, 2026

SOBRE LA AGUDEZA

         Queridos lectores:      Les presento un audiolibro titulado Sobre la agudeza , conjunto de reflexiones, escritas en el verano de 2023, sobre el concepto de agudeza y su reflejo en textos (literarios especialmente) desde el Siglo de Oro hasta la actualidad.    Inicialmente el libro lo escribí en forma de diario, pero, al convertirlo en un podcast , he eliminado las referencias temporales de la escritura, que han sido sustituidas por breves silencios.     Dedico este audiolibro al dulce recuerdo de los profesores Rafael de Cózar, Klaus Wagner, Mercedes de los Reyes y José María Reyes Cano.     Espero que les guste. Como decía Dylan Thomas, "amen las palabras, amen las palabras...". Un cordial saludo.    Capítulo 1/5 . Capítulo 2/5 . Capítulo 3/5 . Capítulo 4/5 . Capítulo 5/5 .

TIEMPO DE CARNAVAL

  Maravillosa actuación en las semifinales del COAC de Una chirigota en teoría , en especial a partir del minuto 25:30. Queridos lectores:   Parece que hemos ido olvidando que el cine y la literatura tienen su origen en manifestaciones artísticas orales. El cine, por ejemplo, es una derivación de los espectáculos teatrales. La novela, el ensayo, la poesía o el teatro, a su vez, proceden de una larga tradición, originada en los albores de la civilización, de contar historias, manifestar opiniones, expresar sentimientos y establecer conflictos mediante el diálogo. El cine y la literatura son en el fondo agudezas fosilizadas, congeladas, recreadas. Son un divino engaño, un conjunto maravilloso de falsas apariencias de réplicas reales, graciosas o irónicas, en un presente que supuestamente une al creador, a los intérpretes y al público en un solo lugar. Hoy vamos al teatro y, cinco minutos antes de que empiece la representación, ya se nos ha avisado varias veces p...

ZVEREV Y EL TIGRE DORMIDO

  Al Real Betis Balompié        Queridos lectores:   Hace más de veinticinco años que soy diabético. No es ningún dato extraordinario para nadie salvo (quizás) para quien les habla. Tampoco fue ningún hecho noticiable que el pasado 28 de enero, cuando estaba a punto de entrar en mi instituto, cayese un árbol detrás de mí, justo en el sitio por el que acababa de pasar cuatro segundos antes. Mientras lo cortaban, días después, alguien llegó a contar sesenta y nueve anillos en el interior de su corteza.      Son estas (la del cuarto de siglo siendo doblemente bético y la de haber sobrevivido a la caída de aquel pino añoso) marcas personales que a uno se le graban en el rincón cerebral del ¡Ay! Allí tengo también el recuerdo de una lejana tarde de mi infancia en que estuve a punto de precipitarme al vacío desde una barra de hierro húmeda y resbaladiza que no podía agarrar bien con mis manitas de intrépido explorador y, sobre ...