Al Real Betis Balompié Queridos lectores: Hace más de veinticinco años que soy diabético. No es ningún dato extraordinario para nadie salvo (quizás) para quien les habla. Tampoco fue ningún hecho noticiable que el pasado 28 de enero, cuando estaba a punto de entrar en mi instituto, cayese un árbol detrás de mí, justo en el sitio por el que acababa de pasar cuatro segundos antes. Mientras lo cortaban, días después, alguien llegó a contar sesenta y nueve anillos en el interior de su corteza. Son estas (la del cuarto de siglo siendo doblemente bético y la de haber sobrevivido a la caída de aquel pino añoso) marcas personales que a uno se le graban en el rincón cerebral del ¡Ay! Allí tengo también el recuerdo de una lejana tarde de mi infancia en que estuve a punto de precipitarme al vacío desde una barra de hierro húmeda y resbaladiza que no podía agarrar bien con mis manitas de intrépido explorador y, sobre ...