Ir al contenido principal

Entradas

LIBROS DE AUTOBÚS Y DE MESITA DE NOCHE

Entradas recientes

EXPRESIONES DE AMOR

   Ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; mira, un guagua, sí, es grande, muy grande; venga, no llores, lo vas a pasar muy bien en el cole; esos niños no saben lo bueno que tú eres; no llegues tarde, y llévate la sudadera, adiós; creo que le has caído muy bien a mi padre; te quiero; hay que ponerle un poquito de cebolla; no llores; ¿te quieres casar conmigo?; sí, puede decirse que ya tengo trabajo; vas a ser padre; ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; abrígate en el cine, adiós; ¿cuándo te jubilas? ¡Mañana ya! Pero si fue ayer cuando...; se murió mi madre, gracias, sí, fue hace un mes; ¿mi hija? De Erasmus en Estocolmo; sí, he ido al médico, un dolorcillo de nada, pero quería asegurarme....     La vida: sucesión de actos de amor en forma de palabras.    Ajo, el nene bueno. ¿Dónde está el nene bueno?    Con su Madre. 

NACIERON, VIVIERON O PASARON POR SEVILLA

          Queridos lectores:     M e ha llega do la noticia de la publicación del libro N acieron , vivieron o pasaron por S evill a. H istorias de vida (E ditorial U niversidad de S evilla , colección C iencia al alcance ).     E s un libro colectivo coordinado por M aría del R osario Martín ez Nav arro y Eduardo del C ampo C ortés , en el que sus autores , profesores e investigadores de la U niversidad de S evilla , plasman las biografías de escritores, músicos o médicos más o menos conocidos que tuvieron vinculación con la ciudad.    El libro sigue un aproximado orden cronológico desde la época andalusí hasta la Sevilla del guitarrista Antonio de Osuna.      Pasan por sus páginas biografías como las de los Abenzoar ( médicos andalusíes ) , Cristóbal de Morales, George Eliot , Manuel Fernández y González, Bécquer , J ea n Cocteau, Arthur K oe s t ler , etc .    ...

EL PORTERO DE LA CIUDAD

        A la memoria siempre viva y grata de mi abuelo Manuel, que jugó en el Riotinto Balompié    A veces, concentrado en las azarosas trayectorias de la pelota, apenas se fija en el muro de rostros del coro griego que, a sus espaldas, se mueve y grita al unísono como una enorme gorgona gigantesca.    En otras ocasiones, sin embargo, casi puede ver sus rostros, contarlos como un matemático impaciente, escudriñar sus gestos, sus enfados, las expresiones de sus manos, que luego, durante la noche, vuelven a aparecérsele en el partido del sueño.      Es entonces cuando imagina las vidas de aquellas personas de la grada del viejo estadio: sus trabajos,  sus parejas, sus felicidades, sus miserias...    Ser portero da tiempo a veces de pensar bajo el arco. Él se convenció hace años de que su misión en la vida es parar balones para todo aquel muro de rostros que, detrás de él, lo anima, lo vitorea o murmura cuando comet...

LOS LIBROS DE DIAMANTE

      La biblioteca del Tamujar era un chirriante carromato desvencijado que recorría los angostos caminos de herradura de la comarca de Sorromero.     Su dueño, el viejo Diamante, era un hombre apacible, todo sonrisas y bonhomía, que iba por aquellos lugares y aldeas llevando la lumbre de los libros a quienes quisieran (o pudieran) arrimarse a ella.     El carro iba atestado de libros clásicos. Él los prestaba a cambio de un plato de comida caliente o de una noche en una cama placentera. La mañana siguiente se marchaba para continuar su camino, mientras sus lectores tornaban a sus faenas.     A las pocas semanas, aparecía de nuevo para recoger los libros prestados y ofrecer otros, muchos de ellos donados por amigos o parientes.     Así fueron pasando los años. En las cunetas fueron creciendo los postes del telégrafo, los del teléfono, los centros de datos de Internet...    Diamante empezó a aplazar sus...

SEGUIR VIVOS

   Cada mañana, después del desayuno, se sentaba en la terraza con su colección de bolígrafos y con su cuaderno de escritor a mano.    En una libreta pequeña llevaba anotados cientos de temas posibles de los que poder escribir en caso de que tuviese dudas ante la hoja en blanco.    Iniciaba entonces, con su hermosa caligrafía, un hilo de palabras que lo hacían volcarse por entero en la escritura. En esos momentos no había ningún otro afán en su vida. El tiempo se paraba.    El mundo seguía su recorrido (los poderosos se peleaban por el poder, los terremotos movían la tierra, las parejas luchaban por crearse y deshacerse...) pero él escribía, ajeno a todo. Escribía y deshacía, como Penélope, la labor, para volver a escribir de nuevo.    Después de la obligada siesta, cada día, después de haber dejado dormir el texto, lo remataba con el título, cerraba el cuaderno y lo guardaba en un cajón de la cómoda.    Así siempre, todos los ...

LUGAR AMENO

      Abres los ojos, aún vencidos por el sueño.        Te llega un cercano rumor de agua, el de un arroyuelo que espejea entre las hojas de los árboles y arbustos de la ribera.       El frescor y el verdor del sitio calman tus ansias. Poco a poco, una suave brisa te va despertando de tu ensueño.       Te envuelve una buena temperatura, húmeda y apetecible.       Bajo un gran árbol, tu rostro contempla la deliciosa tarde. La luz se filtra entre las ramas, creando hermosas y evanescentes figuras, hechas de sol y de umbría.        Allá en lo alto, los pájaros entonan un feliz canto que ilumina el corazón.        Un gran silencio domina el ameno lugar, solo acompañado por la armónica sinfonía de la naturaleza: los balidos de un cercano rebaño, los trinos de los pájaros, el rumor de la brisa y del agua...              De pronto, al incorp...