Imagen tomada del perfil de X de José Luis Garrido. Calle Amargura, Sevilla, mañana del Viernes Santo de 1936. La calle es un hervidero de gente, que está atenta a cada detalle del palio de la Macarena, que avanza con decisión en medio de un caudal de cabezas ensombreradas y unos pocos capirotes. Algunos nazarenos son, en realidad, policías y guardias de asalto que han salido a la calle a vigilar que no haya ninguna alteración del orden. La lucha política esos días en España ha alcanzado tal nivel de tensión que la violencia podría extenderse irremediablemente a las calles. Pero no hay mejor medicina para el alma que (a pesar de la bulla que a uno lo lleva en volandas de un lado a otro) contemplar, poder ver, o al menos atisbar, con los ojos del corazón, el rostro de la Madre de Dios. Los balcones están llenos también de gente, de personas que pondrán sus dedos temblorosos sobre las bambalinas...