Atacarían por la mañana temprano, cuando la ciudad se revolviese en el duermevela del amanecer, agitada por el calor y el canto de las chicharras. Las amazonas habían llegado a Sevilla en los barcos que Colón había embarrancado en Cuba en su primer viaje tras un terrible enfrentamiento entre los españoles (que pretendían conquistar aquellas tierras) y los indios caribes. Aquellas guerreras habían desembarcado días atrás en el Arenal, el gran arrabal extramuros de la ciudad, causando espanto con sus cuerpos desnudos, sus gritos de guerra y la vistosidad de las tiendas de su campamento. Apenas había empezado a salir el sol por el Oriente cuando aquel ejército de mujeres, guiadas por Pentesilea, inició la invasión de la ciudad. La señal del comienzo de la batalla fue el vuelo de una cotorra, que dio inicio a un ataque con arcos a las defensas de la puerta de Triana. ...