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EL ESTILO RIOTINTO

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EL VECINO DEL PLATERO

       Hartmann Volgemut era zapatero, como su padre, como su abuelo...    Tenía el taller y la vivienda en la calle Schusterstr ass e de Maguncia.    El tiempo entonces tenía una densidad de siglos: todos, excepto los ciegos, contemplaban cómo el agua caía sobre las hojas de los árboles para anunciar el otoño; cómo la luna iba cambiando de forma cada noche; cómo los días se iban sucediendo apaciblemente al ritmo de los martillos y serruchos de los talleres y de las casas de labor.    Justo enfrente de la casa del zapatero vivía y tenía su taller un orfebre, un tal Johannes Gutenberg.    El humilde zapatero desconocía que, enfrente de su ventana, el platero iría inventando, casi sin ruido, la imprenta de tipos móviles, aquel descubrimiento milagroso que vendría a acelerar y a abaratar el proceso de producción de los libros, aquellos extraños conjuntos de hojas rellenas de palabras.    Volgemut murió sin saber qu...

LIBROS DE AUTOBÚS Y DE MESITA DE NOCHE

      A mis amigos Luis  y Puri, con todo mi cariño    Estimados lectores:    Me gustaría hablarles de dos tipos de lecturas: los libros de mesita de noche y los de autobús.    Considero que si una persona ha llegado al culmen de su pasión libresca, puede perfectamente ir alternando libros densos (de ensayo, de filosofía, biografías, memorias, libros de historia, de ciencia, etcétera) con otros mucho más ligeros (novelas, cuentos, teatro, poesía...) en una variación en el mismo día entre libros de mesita de noche, que requieren mente reposada y silencio, y libros de transporte público, cuya lectura es compatible con los frenazos, las conversaciones en voz alta y los pisotones que son propios de dichos desplazamientos acelerados.    Comparto con ustedes mis últimos libros de mesita de noche: Los diálogos de Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, conjunto de diálogos radiofónicos entre dichos escritores arge...

EXPRESIONES DE AMOR

   Ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; mira, un guagua, sí, es grande, muy grande; venga, no llores, lo vas a pasar muy bien en el cole; esos niños no saben lo bueno que tú eres; no llegues tarde, y llévate la sudadera, adiós; creo que le has caído muy bien a mi padre; te quiero; hay que ponerle un poquito de cebolla; no llores; ¿te quieres casar conmigo?; sí, puede decirse que ya tengo trabajo; vas a ser padre; ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; abrígate en el cine, adiós; ¿cuándo te jubilas? ¡Mañana ya! Pero si fue ayer cuando...; se murió mi madre, gracias, sí, fue hace un mes; ¿mi hija? De Erasmus en Estocolmo; sí, he ido al médico, un dolorcillo de nada, pero quería asegurarme....     La vida: sucesión de actos de amor en forma de palabras.    Ajo, el nene bueno. ¿Dónde está el nene bueno?    Con su Madre. 

NACIERON, VIVIERON O PASARON POR SEVILLA

          Queridos lectores:     M e ha llega do la noticia de la publicación del libro N acieron , vivieron o pasaron por S evill a. H istorias de vida (E ditorial U niversidad de S evilla , colección C iencia al alcance ).     E s un libro colectivo coordinado por M aría del R osario Martín ez Nav arro y Eduardo del C ampo C ortés , en el que sus autores , profesores e investigadores de la U niversidad de S evilla , plasman las biografías de escritores, músicos o médicos más o menos conocidos que tuvieron vinculación con la ciudad.    El libro sigue un aproximado orden cronológico desde la época andalusí hasta la Sevilla del guitarrista Antonio de Osuna.      Pasan por sus páginas biografías como las de los Abenzoar ( médicos andalusíes ) , Cristóbal de Morales, George Eliot , Manuel Fernández y González, Bécquer , J ea n Cocteau, Arthur K oe s t ler , etc .    ...

EL PORTERO DE LA CIUDAD

        A la memoria siempre viva y grata de mi abuelo Manuel, que jugó en el Riotinto Balompié    A veces, concentrado en las azarosas trayectorias de la pelota, apenas se fija en el muro de rostros del coro griego que, a sus espaldas, se mueve y grita al unísono como una enorme gorgona gigantesca.    En otras ocasiones, sin embargo, casi puede ver sus rostros, contarlos como un matemático impaciente, escudriñar sus gestos, sus enfados, las expresiones de sus manos, que luego, durante la noche, vuelven a aparecérsele en el partido del sueño.      Es entonces cuando imagina las vidas de aquellas personas de la grada del viejo estadio: sus trabajos,  sus parejas, sus felicidades, sus miserias...    Ser portero da tiempo a veces de pensar bajo el arco. Él se convenció hace años de que su misión en la vida es parar balones para todo aquel muro de rostros que, detrás de él, lo anima, lo vitorea o murmura cuando comet...

LOS LIBROS DE DIAMANTE

      La biblioteca del Tamujar era un chirriante carromato desvencijado que recorría los angostos caminos de herradura de la comarca de Sorromero.     Su dueño, el viejo Diamante, era un hombre apacible, todo sonrisas y bonhomía, que iba por aquellos lugares y aldeas llevando la lumbre de los libros a quienes quisieran (o pudieran) arrimarse a ella.     El carro iba atestado de libros clásicos. Él los prestaba a cambio de un plato de comida caliente o de una noche en una cama placentera. La mañana siguiente se marchaba para continuar su camino, mientras sus lectores tornaban a sus faenas.     A las pocas semanas, aparecía de nuevo para recoger los libros prestados y ofrecer otros, muchos de ellos donados por amigos o parientes.     Así fueron pasando los años. En las cunetas fueron creciendo los postes del telégrafo, los del teléfono, los centros de datos de Internet...    Diamante empezó a aplazar sus...