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EL PORTERO DE LA CIUDAD

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LOS LIBROS DE DIAMANTE

      La biblioteca del Tamujar era un chirriante carromato desvencijado que recorría los angostos caminos de herradura de la comarca de Sorromero.     Su dueño, el viejo Diamante, era un hombre apacible, todo sonrisas y bonhomía, que iba por aquellos lugares y aldeas llevando la lumbre de los libros a quienes quisieran (o pudieran) arrimarse a ella.     El carro iba atestado de libros clásicos. Él los prestaba a cambio de un plato de comida caliente o de una noche en una cama placentera. La mañana siguiente se marchaba para continuar su camino, mientras sus lectores tornaban a sus faenas.     A las pocas semanas, aparecía de nuevo para recoger los libros prestados y ofrecer otros, muchos de ellos donados por amigos o parientes.     Así fueron pasando los años. En las cunetas fueron creciendo los postes del telégrafo, los del teléfono, los centros de datos de Internet...    Diamante empezó a aplazar sus...

SEGUIR VIVOS

   Cada mañana, después del desayuno, se sentaba en la terraza con su colección de bolígrafos y con su cuaderno de escritor a mano.    En una libreta pequeña llevaba anotados cientos de temas posibles de los que poder escribir en caso de que tuviese dudas ante la hoja en blanco.    Iniciaba entonces, con su hermosa caligrafía, un hilo de palabras que lo hacían volcarse por entero en la escritura. En esos momentos no había ningún otro afán en su vida. El tiempo se paraba.    El mundo seguía su recorrido (los poderosos se peleaban por el poder, los terremotos movían la tierra, las parejas luchaban por crearse y deshacerse...) pero él escribía, ajeno a todo. Escribía y deshacía, como Penélope, la labor, para volver a escribir de nuevo.    Después de la obligada siesta, cada día, después de haber dejado dormir el texto, lo remataba con el título, cerraba el cuaderno y lo guardaba en un cajón de la cómoda.    Así siempre, todos los ...

LUGAR AMENO

      Abres los ojos, aún vencidos por el sueño.        Te llega un cercano rumor de agua, el de un arroyuelo que espejea entre las hojas de los árboles y arbustos de la ribera.       El frescor y el verdor del sitio calman tus ansias. Poco a poco, una suave brisa te va despertando de tu ensueño.       Te envuelve una buena temperatura, húmeda y apetecible.       Bajo un gran árbol, tu rostro contempla la deliciosa tarde. La luz se filtra entre las ramas, creando hermosas y evanescentes figuras, hechas de sol y de umbría.        Allá en lo alto, los pájaros entonan un feliz canto que ilumina el corazón.        Un gran silencio domina el ameno lugar, solo acompañado por la armónica sinfonía de la naturaleza: los balidos de un cercano rebaño, los trinos de los pájaros, el rumor de la brisa y del agua...              De pronto, al incorp...

DORADAS CANCIONES

      Cualquiera de las canciones del primer álbum de Tracy Chapman o del disco Astronomía razonable , de El Último de la Fila; cualquiera de Brothers in Arms , de Dire Straits, o de Southside de Texas o, por ejemplo, de Senderos de traición , de Héroes del silencio.         Cualquiera de ellas podrían escucharlas en un bucle eterno, durante horas y horas.       Las dos mujeres adoran sentir aquellas composiciones, dorados hilos de brocado hechos de notas vibrantes, porque las conectan con la más delicada y prístina versión de sí mismas.       Apenas se conocen, pero comparten un mismo territorio sentimental (el de una casa en la playa, muy cerca de Huelva), aunque en épocas muy diferentes. En ambas la música suena por el interior de sus venas.       Es curioso pensar en los ocultos retazos de vida que esconden los objetos de cada hogar: un plato astillado en el borde a causa de una discusión; un desco...

NOCHE

     La luz cambiante va pintando de diferentes matices la tarde: la fachada de las casas, las calzadas de calles y avenidas, las copas de los árboles...    Es verano. Hace un calor terrible. En el cielo no hay ni una sola nube que refresque el ambiente.    El disco solar, fatigado, empieza a declinar poco a poco.    La ciudad, casi desierta y asfixiada, se refugia del bochorno en las casas. Pocos son los que se atreven a salir de ellas y a pisar las aceras, recalentadas por la ola de fuego inmisericorde.    Un hombre sale de su casa, un bloque de dos plantas. Acaba de tener una discusión con su esposa, algo que ocurre con mucha frecuencia en los últimos tiempos. Por desgracia, ninguno de los dos alberga la esperanza de que la relación continúe por mucho tiempo.    Es el final de julio. Él está a punto de tomar al fin las vacaciones en su trabajo de informático. Se dirige a una cena de fin de curso con los co...

ABAJO ESTABA EL AGUA

        Cuando éramos pequeños, en el pueblo, robábamos los frutos de los huertos abandonados del camino del Zumajo .    La pandilla de amigos exploraba, en partidas de caza, en el verano, los alrededores de nuestros bloques en busca de los frutos de la naturaleza.    A veces nos alejábamos demasiado de casa, todo lo que nos permitía el tiempo de la caída del sol por la tarde.    Desoíamos las advertencias de nuestros mayores, que nos hablaban de bocas ocultas de pozos, cubiertas de vegetación, en las que podíamos caer. Incluso, en algunas ocasiones, los cazadores iban solos, sin grupo asociado, para no compartir con nadie aquellos momentos únicos de despertar.    Abajo estaba el agua del pantano, fresca y cenagosa, en la que nos estaba terminantemente prohibido bañarnos. Pero un cazador solitario de instantes suele hacer caso omiso de vetos como ese, tan tentadores.    Regresábamos luego a casa, solos o e...