La luz cambiante va pintando de diferentes matices la tarde: la fachada de las casas, las calzadas de calles y avenidas, las copas de los árboles... Es verano. Hace un calor terrible. En el cielo no hay ni una sola nube que refresque el ambiente. El disco solar, fatigado, empieza a declinar poco a poco. La ciudad, casi desierta y asfixiada, se refugia del bochorno en las casas. Pocos son los que se atreven a salir de ellas y a pisar las aceras, recalentadas por la ola de fuego inmisericorde. Un hombre sale de su casa, un bloque de dos plantas. Acaba de tener una discusión con su esposa, algo que ocurre con mucha frecuencia en los últimos tiempos. Por desgracia, ninguno de los dos alberga la esperanza de que la relación continúe por mucho tiempo. Es el final de julio. Él está a punto de tomar al fin las vacaciones en su trabajo de informático. Se dirige a una cena de fin de curso con los co...