Hay varios senderos para llegar al pantano del Zumajo, pero a mí el que más me gusta parte de la casa de mis padres en Minas de Riotinto. Es un camino rojizo y pedregoso, lleno de fragmentos de cuarzo y de pizarra. No es una senda larga, pero sí exigente, sobre todo a la vuelta, debido a la subida y a lo inestable del terreno. Pasado el primer huerto, a la izquierda, poco después de iniciar el camino de bajada, nos sorprendía siempre la visión de un prado verde con vacas alfombrado con las estrellas blancas de las margaritas. De pequeños, mi hermano y yo recorríamos aquellas trochas con mi abuelo Manuel en busca de palmitos. Él nos enseñó la forma de extraer el corazón de la planta, que es la parte más sabrosa. Es una operación de mucho trabajo en la que hay que dirigir muy bien los golpes dados con el sacho. A ambos lad...