Cuando yo era un zagal, había en Riotinto un muchacho, de cuyo nombre no me acuerdo (o sí me acuerdo, pero lo escondo por una de esas trampas de los narradores en las que solo caen ellos), que jugaba al baloncesto de una manera mágica. Eran los tiempos en que la liga de baloncesto norteamericana, la NBA, empezaba a brillar en España gracias a las emisiones televisivas. Los chavales veíamos programas especiales en que nos maravillaban las antologías de las mejores jugadas de la última jornada. Empezaban a sonar en nuestras mentes nombres de jugadores y de equipos míticos que quedarían grabados en ellas para siempre. De toda aquella efervescencia deportiva recuerdo en especial los partidos de las finales entre Los Angeles Lakers y los Boston Celtics, representados respectivamente por dos baloncestistas únicos e inolvidables: el base Earvin «Magic» Johnson y el alero Larry Bird. ...