Hay obras de arte creadas expresamente con la intención de conmover y de mover conciencias, de hacer visibles realidades que permanecen ocultas a los debates públicos. Si, además, son obras de arte realizadas de manera meritoria y a ello se le suma el conocimiento de dramáticas circunstancias personales de sus artífices, la obra adquiere entonces un valor sorprendente. Ese es el caso de la película La semilla de la higuera sagrada (2024), del director iraní Mohammad Rasoulof. Cuenta una historia dura: las consecuencias, en el seno de una familia, de la historia real de la represión del gobierno de Irán de la ola de protestas por la muerte en 2022 en Teherán de Mahsa Amini, una mujer que fue torturada y asesinada por la policía religiosa por no usar correctamente su hiyab. La tensión de las calles llega hasta el interior de una casa en la que vive la familia del juez inst...