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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

EXPRESIONES DE AMOR

   Ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; mira, un guagua, sí, es grande, muy grande; venga, no llores, lo vas a pasar muy bien en el cole; esos niños no saben lo bueno que tú eres; no llegues tarde, y llévate la sudadera, adiós; creo que le has caído muy bien a mi padre; te quiero; hay que ponerle un poquito de cebolla; no llores; ¿te quieres casar conmigo?; sí, puede decirse que ya tengo trabajo; vas a ser padre; ajo, ajo, el nene bueno de su mamá...; abrígate en el cine, adiós; ¿cuándo te jubilas? ¡Mañana ya! Pero si fue ayer cuando...; se murió mi madre, gracias, sí, fue hace un mes; ¿mi hija? De Erasmus en Estocolmo; sí, he ido al médico, un dolorcillo de nada, pero quería asegurarme....     La vida: sucesión de actos de amor en forma de palabras.    Ajo, el nene bueno. ¿Dónde está el nene bueno?    Con su Madre. 

EL PORTERO DE LA CIUDAD

        A la memoria siempre viva y grata de mi abuelo Manuel, que jugó en el Riotinto Balompié    A veces, concentrado en las azarosas trayectorias de la pelota, apenas se fija en el muro de rostros del coro griego que, a sus espaldas, se mueve y grita al unísono como una enorme gorgona gigantesca.    En otras ocasiones, sin embargo, casi puede ver sus rostros, contarlos como un matemático impaciente, escudriñar sus gestos, sus enfados, las expresiones de sus manos, que luego, durante la noche, vuelven a aparecérsele en el partido del sueño.      Es entonces cuando imagina las vidas de aquellas personas de la grada del viejo estadio: sus trabajos,  sus parejas, sus felicidades, sus miserias...    Ser portero da tiempo a veces de pensar bajo el arco. Él se convenció hace años de que su misión en la vida es parar balones para todo aquel muro de rostros que, detrás de él, lo anima, lo vitorea o murmura cuando comet...

LOS LIBROS DE DIAMANTE

      La biblioteca del Tamujar era un chirriante carromato desvencijado que recorría los angostos caminos de herradura de la comarca de Sorromero.     Su dueño, el viejo Diamante, era un hombre apacible, todo sonrisas y bonhomía, que iba por aquellos lugares y aldeas llevando la lumbre de los libros a quienes quisieran (o pudieran) arrimarse a ella.     El carro iba atestado de libros clásicos. Él los prestaba a cambio de un plato de comida caliente o de una noche en una cama placentera. La mañana siguiente se marchaba para continuar su camino, mientras sus lectores tornaban a sus faenas.     A las pocas semanas, aparecía de nuevo para recoger los libros prestados y ofrecer otros, muchos de ellos donados por amigos o parientes.     Así fueron pasando los años. En las cunetas fueron creciendo los postes del telégrafo, los del teléfono, los centros de datos de Internet...    Diamante empezó a aplazar sus...

SEGUIR VIVOS

   Cada mañana, después del desayuno, se sentaba en la terraza con su colección de bolígrafos y con su cuaderno de escritor a mano.    En una libreta pequeña llevaba anotados cientos de temas posibles de los que poder escribir en caso de que tuviese dudas ante la hoja en blanco.    Iniciaba entonces, con su hermosa caligrafía, un hilo de palabras que lo hacían volcarse por entero en la escritura. En esos momentos no había ningún otro afán en su vida. El tiempo se paraba.    El mundo seguía su recorrido (los poderosos se peleaban por el poder, los terremotos movían la tierra, las parejas luchaban por crearse y deshacerse...) pero él escribía, ajeno a todo. Escribía y deshacía, como Penélope, la labor, para volver a escribir de nuevo.    Después de la obligada siesta, cada día, después de haber dejado dormir el texto, lo remataba con el título, cerraba el cuaderno y lo guardaba en un cajón de la cómoda.    Así siempre, todos los ...

LUGAR AMENO

      Abres los ojos, aún vencidos por el sueño.        Te llega un cercano rumor de agua, el de un arroyuelo que espejea entre las hojas de los árboles y arbustos de la ribera.       El frescor y el verdor del sitio calman tus ansias. Poco a poco, una suave brisa te va despertando de tu ensueño.       Te envuelve una buena temperatura, húmeda y apetecible.       Bajo un gran árbol, tu rostro contempla la deliciosa tarde. La luz se filtra entre las ramas, creando hermosas y evanescentes figuras, hechas de sol y de umbría.        Allá en lo alto, los pájaros entonan un feliz canto que ilumina el corazón.        Un gran silencio domina el ameno lugar, solo acompañado por la armónica sinfonía de la naturaleza: los balidos de un cercano rebaño, los trinos de los pájaros, el rumor de la brisa y del agua...              De pronto, al incorp...

DORADAS CANCIONES

      Cualquiera de las canciones del primer álbum de Tracy Chapman o del disco Astronomía razonable , de El Último de la Fila; cualquiera de Brothers in Arms , de Dire Straits, o de Southside de Texas o, por ejemplo, de Senderos de traición , de Héroes del silencio.         Cualquiera de ellas podrían escucharlas en un bucle eterno, durante horas y horas.       Las dos mujeres adoran sentir aquellas composiciones, dorados hilos de brocado hechos de notas vibrantes, porque las conectan con la más delicada y prístina versión de sí mismas.       Apenas se conocen, pero comparten un mismo territorio sentimental (el de una casa en la playa, muy cerca de Huelva), aunque en épocas muy diferentes. En ambas la música suena por el interior de sus venas.       Es curioso pensar en los ocultos retazos de vida que esconden los objetos de cada hogar: un plato astillado en el borde a causa de una discusión; un desco...

NOCHE

     La luz cambiante va pintando de diferentes matices la tarde: la fachada de las casas, las calzadas de calles y avenidas, las copas de los árboles...    Es verano. Hace un calor terrible. En el cielo no hay ni una sola nube que refresque el ambiente.    El disco solar, fatigado, empieza a declinar poco a poco.    La ciudad, casi desierta y asfixiada, se refugia del bochorno en las casas. Pocos son los que se atreven a salir de ellas y a pisar las aceras, recalentadas por la ola de fuego inmisericorde.    Un hombre sale de su casa, un bloque de dos plantas. Acaba de tener una discusión con su esposa, algo que ocurre con mucha frecuencia en los últimos tiempos. Por desgracia, ninguno de los dos alberga la esperanza de que la relación continúe por mucho tiempo.    Es el final de julio. Él está a punto de tomar al fin las vacaciones en su trabajo de informático. Se dirige a una cena de fin de curso con los co...

NO IMPORTA

           El veraneo de siempre, de toda la vida: la estancia en una zona de la costa de Huelva, a treinta seis grados, cincuenta y nueve minutos y treinta y seis segundos Norte de latitud y a siete grados, dos minutos y cincuenta y nueve segundos Oeste de longitud.       Toda una vida, en verano, en torno a una estrecha franja costera y a su prolongación, siempre andando, hacia el interior (el supermercado, la farmacia, la ferretería...). Siempre algo que comprar, algo que curar, algo que arreglar...       La brisa de poniente, que mueve las ramas de los pinos, trae humedad, yodo, sal y frescor a los cuerpos, agotados por la lucha diaria del resto del año.       Al llegar, sorpresas, no siempre agradables: para empezar, la lista de los que se fueron a la eternidad en el curso que acaba de concluir. "¿Te has enterado? Me lo dijo ayer Manolo".       Manolo (Manuel), Julio, Teresa, Carmen... S...

EL PROFESOR

  A mis amigos los profesores del IES Fernando de Herrera    L os últimos días de curso eran siempre los más cansados porque había que ir cerrando muchos asuntos: las últimas correcciones, los últimos esfuerzos burocráticos, los madrugones finales...    El profesor adoraba su trabajo, tanto que hasta podía afirmar que lo amaba cada vez más, a pesar de llevar media vida instalado en la certidumbre de que era la suya una labor desprestigiada y mal pagada.    A veces pensaba en abandonar el oficio, en intentar buscar otro trabajo que lo satisficiera más, pero en esas ocasiones siempre terminaba preguntándose: "¿Dónde van a aceptar a un pobre profesor de instituto como yo?".    Aquel final de curso, como todos los de los últimos años, fue estresante. Los exámenes se acumulaban en su mesa de trabajo formando resmas de papel a las que tardaba en dar salida.    A él le gustaba detenerse en cada examen, escribir anotaciones...

EL SEÑOR MANTENEDOR

      Viendo mi confesor esta falta tan grande, y que no hay esperanza de que puedan aparecer, me ha mandado que vuelva a escribir todo lo que había escrito en estos diez cuadernos. Grandísima repugnancia siento en volver a hacer esta obra por muchas causas y razones que no pongo aquí por no alargarme; y la principal es hallarme tan falta de salud que parece imposible, estando como estoy, que pueda escribir tanto como hay que escribir.     Madre María de San José : Carta a fray Plácido de Olmedo , ca. 1703-1705.     El señor Mantenedor de la tertulia literaria de Los Caireles (cuya sede física se hallaba en la taberna Malvivires de Málaga) , don Francisco Domingo y Marqués, odiaba profundamente los tanatorios , tanto como amaba la poesía de Jaime Gil de Biedma (" Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde ") .     No podía soportar aquellos "centros comerciales de la muerte" -así los llamaba-...

AMAZONAS EN SEVILLA

         Atacarían por la mañana temprano, cuando la ciudad se revolviese en el duermevela del amanecer, agitada por el calor y el canto de las chicharras.       Las amazonas habían llegado a Sevilla en los barcos que Colón había embarrancado en Cuba en su primer viaje tras un terrible enfrentamiento entre los españoles (que pretendían conquistar aquellas tierras) y los indios caribes.       Aquellas guerreras habían desembarcado días atrás en el Arenal, el gran arrabal extramuros de la ciudad, causando espanto con sus cuerpos desnudos, sus gritos de guerra y la vistosidad de las tiendas de su campamento.       Apenas había empezado a salir el sol por el Oriente cuando aquel ejército de mujeres, guiadas por Pentesilea, inició la invasión de la ciudad. La señal del comienzo de la batalla fue el vuelo de una cotorra, que dio inicio a un ataque con arcos a las defensas de la puerta de Triana.     ...

EL IMPOSTOR (CUENTO EN SEIS VERSIONES)

    Primera versión (A-B-C) A) M., el escritor, era un verdadero impostor. Como todos los escritores, fingía o engañaba con apariencia de verdad, pero, aparte de los juegos de artificio con que ocultaba su verdadero ser tras miles de palabras con que ensuciaba cientos de páginas cada día, engañaba a todos porque en realidad era la inteligencia artificial la que construía las tramas de sus novelas, los diálogos de sus obras de teatro, los versos de sus poemas. Un día, harto de tanto artificio, tiró a la basura el ordenador portátil, arrancó una hoja de un cuaderno, se armó de un boli BIC negro y empezó a escribir a la antigua usanza: B) Juan H. era un verdadero impostor. Su juego favorito era el de atribuir falsamente historias, inventadas por él, a alguien que le cayese mal. En su infancia y adolescencia, los castigos que recibió por sus mentiras no fueron lo suficientemente ejemplares como para que cejase en su empeño, por lo que entró en la adultez con ansias en...

LA SEÑAL LUMINOSA

       Odiaba volar. Hubiese pagado más de la mitad de su millonario sueldo de entrenador de un potente club de fútbol de Primera División si hubiese podido librarse de muchos desplazamientos en avión a lo largo de su dilatada y exitosa carrera. Pero en la vida las cosas no funcionan como uno quiere, sino como son en realidad.    Los días previos al vuelo procuraba distraerse viendo vídeos de partidos del próximo rival o imaginando situaciones defensivas u ofensivas en su tableta, pero cuando llegaba el día del aeropuerto se ponía descompuesto: le daba vueltas una y otra vez a imágenes, creadas por su imaginación, de interiores de aviones arrasados por una ola de queroseno inflamado; de náufragos que nadaban desesperados en las frías aguas del océano mientras se hundía el aparato; de gritos, de carreras y la angustia de no saber cómo inflar el chaleco salvavidas o cómo demonios respirar en la máscara de oxígeno (aunque los azafatos lo hubiesen explicado mi...

PARADA DE REGULACIÓN

   A José María Jurado        ... porque viajar en el métro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…    Julio Cortázar: "El perseguidor", Las armas secretas (1959).    En el C1, a una hora de tráfico. Es tarde, el sol declina y levanta ese viento desagradable de muchos a tard ecer es de primavera en Sevilla.     Las conversaciones van y vienen a oleadas entre los compañeros de trabajo de la estación de tren, que forman un corro alegre y cansado al final del autobús circular.     R. habla poco. Prefiere contemplar los matices del instante, bañados por la luz del ocaso. A veces, sin embargo, dice alguna que otra frase convencional sobre los cambios en la temperatura de los últimos días o sobre las ruindades de los titulares de prensa.     Conforme se van bajando ...