Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Microrrelatos

EL ABRAZO

        El pasillo era largo, muy largo. No había nadie en las primeras salas del tanatorio. Al final se apreciaban las siluetas de tres o cuatro personas.    Ella avanzó titubeante. No quería pasar por aquel trago. Mientras llegaba en taxi a aquel lugar en los confines de lo civilizado, había reparado en los matices de luz del ocaso, que se filtraba por entre las hojas de los árboles; en las fachadas desconchadas de las casas bajas cercanas al cementerio; en el viento gélido que hacía arrebujarse a los pocos paseantes que marchaban con poco espíritu por las aceras.    Tenía que estar allí porque a Francisco, su abuelo paterno, a pesar de todo lo que había sucedido entre su padre y su madre en los últimos tiempos, lo había querido con locura.    Dejó a su derecha las primeras salas, oscuras y frías. Al avanzar por el corredor se iban definiendo los rostros de quienes ya la estaban esperando.    Pensó entonces en lo inú...

EL ABUELO

    A la memoria viva y gozosa  de Mariluz Pérez López, mi suegra    Casi nadie sabe su nombre, pero todos lo llaman por el que mejor se acomoda a su esencia: simplemente El abuelo .    Camina muy despacito, con su andador, por los pasillos de la residencia, sin prisa ninguna, parándose simplemente a contemplar, como desde una escafandra, la vida que pasa rápidamente ante sus ojos de nonagenario.    Apenas habla ya, apenas reconoce a nadie. Solo a veces viene a verlo un sobrino lejano de sonrisa afectuosa, que intenta, sin fruto, que un sentimiento se refleje en el rostro impenetrable de su tío.    Hace ya mucho tiempo que nadie recuerda haberlo visto emocionarse.    Su sobrino, que es maestro, en sus visitas le lleva una tableta en la que le va proyectando imágenes de actores del cine clásico de Hollywood.    Él ve aquellos rostros en blanco y negro y recita, como en una salmodia, sus nombr...

EL PORTERO DE BALOMPIÉ

                      Los porteros de foot-ball , igual que los toreros, odian los días de viento porque el aire entonces le da al balón trayectorias inverosímiles que los obligan a esforzarse mas que en ninguna otra ocasión.     Aquel día, Z. estaba nervioso. La tarde se había vuelto plomiza y las nubes llegaban empujadas por un viento frío y desapacible.     Fue a la salida de un corner . La pelota, que venía al primer palo desde la derecha del portero, inició un vuelo majestuoso en busca de un rematador. No hay, por cierto, emoción comparable a la de ver volar un balón que persigue el fondo de la red.    Z. la golpeó de puños, pero no con la suficiente fuerza. Hubo varios rechaces que llevaron el esférico al otro lado.     Allí, a la izquierda de Z., surgió la figura de A., el vecino de su mismo pueblo, aquel zagal que estaba empezando a jugar en la primera categor...

TARDE DE REYES

A los amantes del misterio de la vida     En el centro de la ciudad, todo el mundo corría ajetreado aquella tarde en busca de papeles de regalo, de juguetes para niños de muchas edades, de cintas de celo para envolverlos…     La prisa los llevaba de un comercio a otro, donde tenían que abrirse paso con sus bolsas entre una marea de personas que inundaba las calles y las avenidas.     Yo decidí cambiar mi rumbo para irme por las calles más solitarias y oscuras, donde el frío, asentado durante varias semanas, congelaba el aliento.     En el silencio de aquellas barreduelas, percibí un temblor en los rayos de sol del ocaso.     La luz se hacía poco a poco presente, despacio, con humildad, como pidiendo permiso al invierno.     En una esquina, me paré delante de un zaguán que daba acceso a una preciosa reja de hierro.     Me asomé.     Allí, en ...

EL MAR

            Apenas era consciente de su vida. Los días pasaban unos tras otros, en una niebla vertiginosa y líquida que aplanaba el tiempo y lo convertía en una plataforma deslizante por la que circulaba a toda velocidad su ser hacia un sumidero sin formas.      Su trabajo era el de... Bueno, ¿qué importancia tiene? Uno más de tantos, de esos en los que hay que soldarse a una pantalla de ordenador de por vida para ir grabando números, uno tras otro, en faenas eternas de escaso salario y estéril recompensa.      Pero un día… Sí, llegó un día en el que algo distinto sucedió (por eso recogemos la anécdota en esta relación de sucesos).      Era aparentemente un día más, uno de tantos, uno más de la larga y veloz cinta transportadora de las horas. Las nubes habían oscurecido el cielo. Llovía y hacía frío. Era invierno. Crudo invierno.      H. llegó a su casa, tomó la acostumbrada dos...

HISTORIAS DE UN APRENDIZ

     Mancha la tinta, los dedos se le van volviendo negros y, cuando llega a casa debe pasar un buen rato limpiándoselos con ayuda de su mujer, Teresa, mientras sus hijos corretean o lloran en torno a ellos. El oficio de aprendiz de cajista tiene ese pequeño inconveniente.      La labor de Martín no es demasiado complicada, pero es agotadora: una vez que se han imprimido las páginas del día, debe devolver a cada cajetín los pequeños tipos móviles empleados. Las aes con las aes, las bes con las bes… Es casi como el tránsito de cada jornada: el sueño borra los límites de las páginas vividas y devuelve cada letra a su cajón en la cabeza para que, al día siguiente, podamos volver a componer la escritura de nuestros pasos por este mundo de locos.      De labor tan manual extrae cada día el aprendiz un caudal de sabiduría. Entran en el taller todo tipo de personas cultas, especialmente los escritores, que dejan allí sus libros man...

SEÑAL RADIOELÉCTRICA

«Anoche me despertó, una vez más, el doble pitido que me avisaba de que se había vuelto a quedar un poco abierta la puerta de la nevera.  Todo está empezando a fallar. Con frecuencia confundo recuerdos y sueños. A veces me sorprendo preguntándome quién soy realmente. Aproveché el paseo nocturno para volver a tirar de la cisterna, que también se empeña en despertarme a esas horas en que el sueño se ha apoderado, como un tibio velo, de mi cuerpo, agotado por la fatigosa tarea de intentar contactar con alguien en esta región devastada. Esta mañana volví a repetir, por milésima vez, el mensaje de aviso: “Este es un mensaje para cualquier habitante del sector G… Repito: Este es un mensaje para cualquier habitante…”. Mis palabras suenan frías, monocordes, casi robóticas, fruto del insomnio y el hartazgo. El contador inverso se aproxima al momento estipulado hace siglos. Mucho tiempo atrás me convencí de que ya no hay nadie por aquí que pueda viajar conmigo. De pronto, del fondo ...

ALARMA EN LA NOCHE

A Antonio Rivero Taravillo, por su coraje        Avanzamos en mitad de la noche únicamente armados de la horca, que maneja mi hijo igual que un soldado inexperto.      A todos nos han despertado unos extraños ruidos. Es un borboteo constante, un rugido de espanto que sale de lo profundo del negror.      La oscuridad del cortijo a esta hora es espesa, como la de una cueva en la que el tiempo se haya estancado hace milenios.      No podemos encender más velas: la prisa por saber qué está pasando nos hace avanzar precipitadamente por los corredores.      El miedo agita nuestras almas, aún soñolientas y anhelantes de volver al dulce abrazo del sueño.      Las sombras de la palmatoria, que llevo temblorosa entre las manos, corren por las paredes, formando imágenes de fieros monstruos.      Nos vamos acercando al origen de los ruidos. Los niños que van delante se vuelven, busca...

LA NIÑA RARA (Microrrelato)

     A Fernando Moral, que ha vuelto a caer (esta vez sin remedio) en la adicción de escribir microrrelatos         Elsa era rara.      Desde pequeña había mostrado gran curiosidad por conocer el mundo. Su casa, llena de libros, había sido un fértil terreno para que creciese en ella el placer de la lectura.      En el colegio había tenido problemas para integrarse en las clases, pero fue peor en el instituto.      Ella sentía que la miraban mal. A veces, no se libraba de alguna palabra ofensiva o de algún empujón.      Un día, llegó a casa llorando.      -No te preocupes, hija -le dijo su madre.      -No llores, tienes que ser fuerte -replicó su padre.      Elsa decidió ese día que nadie más la iba a molestar, que de todos los libros que fuese leyendo sacaría las frases que les diría a quienes quisiesen hacerl...

SÉ QUE TÚ LO SABES

        A Nuccio Ordine      Sé que lo sabes, sí. Y no me vengas con la palabrería de siempre: que si ya estaba previsto en miles de novelas distópicas cientos de años antes del instante cero, que si éramos conscientes de que no podíamos darle tanta cuerda a la inteligencia artificial, que si no había salida a un mundo de ruina de los valores humanos…      Sé que lo sabes, sí que lo sé. Yo, el último de los bibliotecarios, te he visto venir de entre las sombras del bosque primigenio, surgir de lo profundo de los miedos atávicos, del pozo de negrura de la impiedad, de la locura…      Sé que lo sabes. Sé que sabes que tú eres mi asesino.      No te preocupes. Estoy preparado. No me has sorprendido desprevenido.      Antes de que me fulmines quiero hacerte sufrir, robot. Tengo para ti un legado de miles de libros.      Espero que se...

MENSAJES DE UNA RADIO OCEÁNICA (Microrrelato)

         Hace dos noches soñé con un barco que estaba anclado en mitad del océano.       No había tierra a la vista. Solo la luz lejanísima de un faro dibujaba, en mitad de la oscuridad, el punto del horizonte.      Arriba, millones de años antes, brillaban las estrellas.      Un escritor era el único marinero del barco. Desde una pequeña cabina en la que tenía una vieja radio de galena, lanzaba sus versos al aire sin saber qué persona, iluminada por la belleza, por la profundidad de aquellas palabras, las escucharía, las recibiría con temblor.      Casi al final de mi sueño, “vi” que el poeta salía de aquella cabina de radio y se asomaba a la borda del barco, que era un viejo paquebote de madera. El viento oceánico azotaba la cubierta, aunque no hacía mucho frío. Había luna llena.      Recuerdo estos detalles perfectamente, aunque fui consci...

AZARES DE LOS AGUJEROS DE GUSANO (MICRORRELATO)

     Había quedado con aquella mujer en una esquina muy conocida de la ciudad, justo en la puerta de la iglesia de San Benito de Nursia.     No estaba muy convencido de querer quererla. La había conocido de una manera frívola en una terraza veraniega junto al río. No era guapa ni fea, agradable ni desagradable. Sin embargo, había en ella un encanto que lo atraía poderosamente.     Ella tardaba. Los minutos pasaban y no aparecía. Él empezó a pensar en sus anteriores conquistas de donjuán hispalense, de ninguna de las cuales tenía buenos recuerdos.     El tiempo pasaba y sus oportunidades para formar una familia eran cada vez más dificultosas. Pensaba, en aquella espera, en sentar la cabeza de una vez por todas, quizás con aquella mujer, pero ella seguía sin aparecer. ¡Cuánto tardan siempre las mujeres!     Pasó media hora. Estaba a punto de irse después de una eterna espera cuando se fijó, en la otra ribera de la avenida Montoto, en ...

PALABRAS DE VIENTO (MICRORRELATO)

   En el caravasar, una lejana noche de hace siglos, unos mercaderes devoran la escasa comida. El desierto aúlla con lastimero quejido. Al fondo de la escena, beben con ansia los camellos.    De pronto, un recién llegado se coloca en medio del círculo de viajeros. Habla una lengua extraña pero reconocible. Cuenta una historia, la de un hombre que, en la soledad de un extraño aposento, escribe en una máquina unas palabras: "En el caravasar, una lejana noche de hace siglos..."    A lo lejos, el desierto aúlla con suspiros eternos. Confortan a todos, del polvo y del camino, bellas palabras hechas de viento.

DESPEDIDA (MICRORRELATO)

     En la calle, el chiar de los vencejos anuncia el nuevo día. Te asomas a la ventana y luego te sientas en la silla con dificultad.    Es tu último día en aquella casa. Las maletas con los restos de toda una vida permanecen mudas en el recibidor. Pronto vendrán de la residencia a buscarte. En apenas unos minutos aquellas paredes dejarán de proteger tu corazón y te sentirás desvalida.    Ha llegado la hora del último saludo en aquel escenario. Te asomas por última vez a la ventana. Llaman al  telefonillo. Pasan los segundos pero no te mueves del sitio. Vuelve a sonar el timbre. Una lágrima huidiza baja por tu rostro. Allá a lo lejos, en la otra orilla de la calle, un hombre te saluda desde otra ventana. Crees ver en aquella luz, en aquel piar de los pájaros de abril, imágenes eternas de mañanas felices.    Cuando cierras la puerta, las maletas apenas pesan.

EL CONDENSADOR DE FLUJO TEMPORAL (Microrrelato)

   Aquel escritor, J., insatisfecho con sus textos breves y con la época de crisis y de prisas en la que vivía, la cual no favorecía la creación demorada y sin tiempo que era propia de eras pretéritas, decidiose a comprar un artilugio que le anunciaban una y otra vez en la parte digital de su cerebro: el condensador de tiempo de la marca Fluzo.    Era una especie de máquina del tiempo, pero muy lenta. Lo que hacía era estirar espacios de tiempo muy breves y convertirlos en otros mucho más largos. Así, verbigracia, un minuto lo estiraba el artilugio hasta transformarlo en un día entero, o en un mes completo si era necesario.    De este modo, J. empezó a estirar sus minutos de ocio para dedicarse a escribir una magna obra literaria, por lo que se convirtió en un polígrafo moderno.    Sus haikus dieron paso a extensos poemas épicos; sus cuentos, a larguísimos novelones; sus entremeses, a enormes dramas; sus artículos de opinión, a vast...

EL LANZADOR DE INVECTIVAS

         Las pepitas de melona en verano o de calabaza en invierno no consentía Salustiano que nadie de su familia las dejase abandonadas en el fregadero, ya que él era el encargado de dicho negociado y, además, una persona escrupulosamente cumplidora y exigente.    Ya jubilado, se dedicaba a su entretenimiento preferido: lanzar a la calle invectivas en verso.    ¿Que había un botellón cantarín a altas horas de la noche debajo de su ventana? Allá que iba lanzada una invectiva de papel:   Por descanso vecinal no beban ni chillen tanto, que sin tanto molestar se pasan mejores ratos.      ¿Que pasaba el camión de la basura con un ruido atronador? Pues otra invectiva que te crio:   ¿Por qué no inventan, señores, un camión que no despierte, que deje dormir al mundo, que no asuste al tío Vicente?      Eran quejas simpáticas, obsequiosas, nunca desairada...

RUINAS (Microrrelato)

   Aquel hombre enjuto y con ojeras, agobiado por el peso del tiempo, ignoró, en el preciso instante en que colocaba una pluma ensangrentada de su canario en la boca de aquel cartón de leche vacío antes de tirarlo a la basura, que, millones de años más tarde, arqueólogos de otros mundos lograrían hallar en aquel resto de plumas la clave que les permitiría averiguar casi todos los misterios del universo, incluso los que bullían en el fondo de su alma antes de matar aquel maldito pajarraco que torturaba sus sienes, machacadas por las indecencias de sus alumnos.

COMIENZO DE UN FINAL

A la memoria de Gabriel García Márquez    Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía tuvo el presentimiento de que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. *    El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar durmió mal al recordar lo inevitable del destino de los amores contrariados. Soñó que toda aquella maldita novela de su vida era una mezcla de otras vidas inventadas, otra cagada más del pájaro de Gabo.

TRES TARDES DE TOROS

--> Al maestro Manzanares, con toda mi admiración Quince de abril de 2013:     «Sé que ese hombre está ahí, pocas filas detrás de la mía. Cada vez que suenan los pasodobles entre toro y toro me vuelvo y me encuentro con sus gafas de sol, que, creo entender, se dirigen hacia mí.    Siento que probablemente lleva mucho tiempo mirándome, aunque éste habrá sido el primer año en que yo he descubierto su elegante porte de caballero sevillano.     Su presencia ejerce sobre mí un magnetismo tal que anoche no pude conciliar pronto el sueño como es costumbre en mí.     Me venía, entremezclada con las escenas de la corrida de ayer, la imagen de su chaqueta celeste, sus patillas de boca de hacha y su pañuelo blanco en el bolsillo.     Por un hombre así una estaría dispuesta a perder la cabeza y a dejarlo todo por él». Quince de abril de 2014:   ...

MARCHANDO UNA DE MICRORRELATOS RECIÉN HORNEADOS, OIGA

--> LAS DOS ESPAÑAS (MICROTEATRO BASADO EN UN HECHO REAL SUCEDIDO A UN AMIGO HACE UNOS DÍAS EN UNA EXTRAVAGANTE LIBRERÍA HISPALENSE, SEGUIDO DE UNA REFLEXIÓN): Acto I     Un cliente lleva un buen rato hojeando las últimas publicaciones. Al ir a salir, otro cliente está pagando un libro.     CLIENTE 1º.- ( Al dueño. ) Disculpe, ¿tienen ustedes algo sobre meditación?     DUEÑO.- ( Apurado. ) No, de ese tema no tenemos nada.     CLIENTE 2º.- ( Con tono soberbio. ) ¡A menudo sitio has venido tú a preguntar! ( Silencio ominoso. ) Acto II     ( Los dos clientes salen de la librería. Ya en la calle, ante la tensión que se ha creado, se intenta aliviarla de algún modo. )     CLIENTE 1º.- No es éste el sitio entonces, ¿no?     ( El CLIENTE 2º mira de perfil al CLIENTE 1º. Está a punto de responderle, pero en el último segundo ...