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Mostrando las entradas etiquetadas como Novela

Y dijo el genio... (Novela).

  Queridos lectores: Les ofrezco aquí en un archivo PDF en línea el texto del audiolibro Y dijo el genio… , que escribí en las vacaciones de verano del año pasado, ahora convertido en novela. En el título de cada capítulo encontrarán los enlaces a los podcasts correspondientes a cada uno de ellos en la aplicación ivoox . Espero que les guste. Un sentido abrazo. José Manuel Gómez Fernández.    

¡DOS NOVELAS POR EL PRECIO DE UNA, SEÑORA!

  Portada realizada por mi hija, Eva Zhou Gómez Reyes     Estimado lector:     Los dos últimos años he presentado manuscritos de novelas a un prestigioso premio de narrativa en español, pero no he sido agraciado por la fortuna (o sí, pues es sabido que Dios escribe recto con renglones torcidos).     Como uno escribe para ser leído, les dejo aquí esas dos novelas por si a ustedes les apetece hincarles el diente. De cada una de ellas les dejo un breve comentario.      Una novela imposible : es mi primera novela, la más imperfecta, la más libre de todas y al mismo tiempo la que más tiempo he retocado. Le tengo mucho cariño. No recuerdo cuándo empecé a escribirla, pero fue antes de casarme, cuando andaba liado en el proceloso mundo de la preparación de oposiciones, a finales del siglo pasado. Les ruego que sean benévolos con ella.     Hilos de luz en la umbría : esta novela la escribí en el verano de 2020. Se me hizo muy pesado aca...

La siempreviva

La manzanilla, bebida moderadamente y acompañada de buenas viandas (gambitas, tortilla de patatas, pollo frito, guisos variados, “y tambié tenemo... ”) conseguía el efecto deseado: recordar el pasado con el punto justo de nostalgia, animar el presente con euforia y esperarlo todo del porvenir, que se presentaba amable y rumboso en aquellas horas felices. Caía la tarde. Seguía la conversación calmada, interrumpida de repente por el golpe del tambor, los palillos y las palmas apagadas. Cerca, alguien con buena voz cantaba. A penas podía apreciar los matices del brillo del catavinos que sostenía su añosa y ajada mano, pero sabía sin mirar que allí estaba, como en muchos otros sitios, ocultos para quien no sabía mirar, una de las muchas encarnaciones del Innombrable. Por encima de las conversaciones, del cante, de las palmas sordas, del rasgueo de las guitarras convocantes, viniendo su presencia de más allá de las casetas de la otra ribera y de las blandas nubes primaver...
A lo lejos, el rumor de una ciudad barroca. En una de sus calles, un día primaveral en que la luz parecía recién fundida en el crisol de un azul imposible del aire, se paraban las agujas del reloj cuando pasaba la divinidad envuelta en incienso, en rostros absortos, en paños de asombro, dejando un rastro de angustia dibujado en los corazones al desvanecerse, quebrando las esquinas con su fuerza, imantada por el paso de los siglos y por la concentración de miles de ojos ávidos e indiscretos sobre ella. Ya de anochecida, el tiempo, recién creado, tenía entonces un peso de siglos a sus espaldas, un hilo de luces eternas en procesión que mueven y conmueven.