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Mostrando las entradas etiquetadas como Bibliotecas

SÉ QUE TÚ LO SABES

        A Nuccio Ordine      Sé que lo sabes, sí. Y no me vengas con la palabrería de siempre: que si ya estaba previsto en miles de novelas distópicas cientos de años antes del instante cero, que si éramos conscientes de que no podíamos darle tanta cuerda a la inteligencia artificial, que si no había salida a un mundo de ruina de los valores humanos…      Sé que lo sabes, sí que lo sé. Yo, el último de los bibliotecarios, te he visto venir de entre las sombras del bosque primigenio, surgir de lo profundo de los miedos atávicos, del pozo de negrura de la impiedad, de la locura…      Sé que lo sabes. Sé que sabes que tú eres mi asesino.      No te preocupes. Estoy preparado. No me has sorprendido desprevenido.      Antes de que me fulmines quiero hacerte sufrir, robot. Tengo para ti un legado de miles de libros.      Espero que se...

AMOR EN TUS OJOS LEO (CUENTO)

    A Marisa M. T.        -Cerrar podrá mis ojos la sombra en mi último día, pero no olvidará nunca mi memoria la bendita tarde en que tus ojos se me cruzaron por delante. Sí, este pobre profesor e investigador de las bibliotecas de Venecia, humilde ser ojeroso y húmedo, amante de los manuscritos, de las hojas de vitela que cuentan miles de historias de amores imposibles o contrariados de los que soy experto (los de Píramo y Tisbe, Abelardo y Eloísa, Calisto y Melibea, Romeo y Julieta...), aquel que nunca hubiera podido imaginar que el azar (o Dios o Cupido y sus flechas envenenadas) pudiera ponerle delante un ejemplar tan hermoso como tú... Este pobre medievalista y renacentista solitario y apergaminado de pronto descubrió tus ojos, tus labios, tu alto cuello, la curva de tus hombros, la de tus senos, la de tu talle... en aquella fiesta de máscaras de Carnaval que hace tanto tiempo ofreció a la ciudad el marqués de Mantua. Te vi... y fui feliz ya para...

EL BIBLIOTECARIO DEL FIN DEL MUNDO (CUENTO)

  AQUÍ EL TEXTO EN PDF EN LÍNEA .      Los libros eran solo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura.           Ray Bradbury: Fahrenheit 451 (1953).          Sé que está allí. Voy a por él.      Cuenta una vieja profecía que, en la hora del fin, ha de haber al menos un hombre de libros con el que acabar.      En las ciudades ya no lee nadie. ¿Quiere usted saber las causas? En realidad ya las sabe: la prisa, la atomización del tiempo, la urgencia de la actualidad...      Dicen que ni los maestros y profesores leen en estos tiempos finales del mundo. ¿Quiere usted creerlo? Ni los que deberían enseñar a los chavales las grandes obras... Todo es ruina. Pero, ¿...

EL NIÑO Y EL BIBLIOTECARIO

  A mis compañeros  bibliotecarios del IES María Galiana           Los primeros días del curso, el chaval entraba azorado en la biblioteca de su nuevo instituto. Todo era extraño para él y también aquel depósito de libros, herencia del trabajo de muchos profesores que, en cursos anteriores, habían dedicado su esfuerzo a montarlo en horas sueltas entre clase y clase. Una mesa en la entrada servía de barrera y recordaba que la biblioteca solo servía entonces como sitio de préstamo y devolución de libros y no como lugar de estudio. El dichoso virus Covid-19 había hecho incluso que a mediados de septiembre los profesores se llegasen a plantear la posibilidad de no abrir ese curso la biblioteca. Pero ahí estaba aquel chaval de primero de ESO, que cada miércoles había decidido presentarse en la puerta de la biblioteca como si fuese la de una botica en la que solicitar remedios para el alma. Siempre sacaba un libro que invariablemente t...