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Pensamientos sobre educación (VIII)


El cuento del burro que no quería beber
Había una vez un campesino llamado Luis que tenía un burro en su granja, la cual estaba en un campo a los pies de una montaña. El hombre estaba muy contento con el animal, pero una mañana se acercó a ver al burro y se dio cuenta de que éste no había bebido el agua que le había puesto en un cubo la noche anterior. Dijo para sí Luis: "¡Qué raro! No se ha bebido el agua como siempre hace. ¿Por qué será?" Quebrándose la cabeza se dijo que quizás había sido porque le había puesto el cubo en un sitio que no era el de siempre: en vez de dejarlo al lado de la fuente, lo había colocado debajo del olivo. Luis cogió el pesado cubo lleno de agua y lo colocó al lado de la fuente, pero el burro no miró el cubo y se quedó en el mismo sitio. Se dijo esta vez Luis: "¡Qué raro! Este burro no quiere beber. ¿Será porque quizás el agua está demasiado fría por la helada de la noche?" Entonces colocó un buen rato el cubo en un sitio donde daba el sol para que el agua estuviese menos fría, pero el resultado fue el mismo: el burro no quería beber. Seguidamente, Luis pensó que el burro estaba demasiado solo y su manera de protestar era no beber. Decidió llevarlo al pueblo a la feria de ganado de ese fin de semana para relacionarlo con otros asnos. Su contacto con los burros que bebían tampoco surtió efecto: el burro no quería beber por las razones que fueran. Luis, sin embargo, no era capaz de desentrañarlas. Agobiado, lo llevó a un psicólogo de animales que lo diagnosticó aseverando que "el sujeto no tenía intereses afectivos hacia la ingurgitación de líquidos". Parecía que aquella palabrería había cambiado algo las cosas, pero no se veía la solución. Como Luis tenía contactos con el Gobierno, éste sacó una ley para que todos los burros bebiesen diariamente una cantidad mínima de litros de agua, pero el burro de Luis seguía sin querer beber. Finalmente, el burro por partida doble se deshidrató y murió. En su tumba, su dueño, empeñado en cambiar la realidad, puso el siguiente epitafio: AQUÍ YACE UN BURRO QUE FUE UN GRAN BEBEDOR DE AGUA.

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