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Mostrando entradas de enero, 2026

LA GUERRA DE TODOS

                   A Rogelio Reyes Cano         Los españoles hablan con el aplomo de quienes ignoran la duda.  Borges.     Queridos lectores:          Días atrás, como saben, ha surgido una polémica en este país, marcado por el permanente debate bronco y descarnado:  dos personalidades públicas (un escritor y un político) han declinado participar en Sevilla en unas jornadas dedicadas a debatir acerca de la Guerra Civil con motivo de los casi noventa años que han transcurrido desde su estallido en el verano de 1936.         No quiero entrar muy a fondo en el tema de si dicha decisión ha sido o no correcta: unos (los de un bando) dirán que era totalmente oportuna porque las fuerzas en el debate estaban descompensadas; otros (los del otro bando) dirán que dicha d...

LA VIDA EN UN TREN

      A todas las víctimas  de la tragedia   ferroviaria  del pasado 18 de enero en Adamuz        ...¡Ay qué camino tan largo! ¡Ay mi jaca valerosa! ¡Ay que la muerte me espera, antes de llegar a Córdoba! Córdoba. Lejana y sola.   Federico García Lorca.           La vida es un tren de vía angosta que a veces descarrila.      Todas las estaciones de paso están llenas de gestos de amor apenas inapreciables por los viajeros: el de un joven que amablemente coloca la maleta de una anciana en el compartimento del equipaje; el de una mujer que se dispone a ver en su pantalla la serie del momento, la de una inspectora de policía sueca que resuelve  impactantes  crímenes; el de un escritor que se pelea con la tecnología para poder publicar a tiempo el texto de la semana en su blog...      Son gestos amorosos y distraídos,...

LA CERTEZA DE LOS PEQUEÑOS PLACERES

      ...olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida… “ A un olmo seco”, de Antonio Machado.      Tener la certidumbre de que, minutos después de decidirlo, a la caída de la tarde, usted encontrará el lugar adecuado para un libro en uno de los anaqueles de su librería; la de que, cuando se siente en la mesa, podrá oler con delectación los aromas de una cena preparada con esmero; la certeza de que mañana, si Dios lo quiere, podrá levantarse e ir a trabajar para ayudar a otros en su camino por este mundo.      Sí, tener esas certidumbres leves, pequeñas, que apenas nos acarician, es lo mejor de estar uno vivo. Son minúsculas gotas de bálsamo, de perfume cautivador que van jalonando las horas de nuestra consciencia, señalándonos la certeza de que nuestra existencia tiene un sentido, aunque solo sea el de, en mitad de nuestra senda de incertidumbre, saber cómo hallar un camino de vuelta al hogar, de vuelta a nues...