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A
mi sobrino Rogelio
SERÁ (sería) fácil: simplemente alguien le acercará (acercaría) un micrófono, que cogerá (cogería) con un temblor en las manos. Unos pasos vacilantes y después… Luego (se le saltaban las lágrimas solo de pensarlo) una voz, la suya, empezaría a cantar canciones, sus canciones, estados de ánimo congelados en el tiempo y más tarde convertidos sin prisa en música, un repertorio de sus vivencias de los últimos años, discos escritos con los surcos por los que su vida había ido discurriendo. Y allí abajo los jóvenes cantarán (cantarían) sus versos, quizás no hará (haría) falta usar el micrófono porque todo el estadio será (sería) una sola voz entonando las frases en las que ella había venido contando su mundo en los últimos tiempos: el amor por su primer novio, el dolor de aquella ruptura (ya tan lejana), el placer de la música, el odio a los políticos estúpidos, la fe, los libros, el cine, el misterio del tiempo… Todo será (sería) muy fácil. Pero hubo que vencer antes el miedo al escenario, y mucho antes estudiar la carrera musical y, mucho muchísimo antes, haber nacido en aquella familia tan peculiar en la que sus padres le infundieron el gusto por las canciones antiguas…
Será muy fácil: simplemente ella sacará de su mochila un micrófono. Un temblor en la voz y luego… Después (se le saltaban las lágrimas solo de imaginarlo) entrar en aquel sagrado recinto y mirar a los ojos a los jóvenes de allí abajo. Le costará empezar, como siempre. Sacará torpemente sus instrumentos, pondrá las partituras a la vista y, ahora sí, esta vez de verdad, podrá al fin tocar con aquellos muchachos los pentagramas entintados en los que Bach, Mozart, Hayden o Beethoven mostraron estados de ánimo congelados en el tiempo, repertorios de sus vivencias, los surcos por los que su vida había ido discurriendo. Y entonces se olvidará de los “Profesora, ¿puedo ir al servicio?”, “¿Tiene usted un pañuelito?” y “Pedrito me ha tirado una goma”; olvidará por ensalmo que sus hijos pequeños, los dos gemelos, se han quedado con la abuela porque tienen hoy un poco de fiebre y también borrará de la memoria que su marido y ella están atravesando la crisis matrimonial de primavera. Esta vez se concentrará únicamente, sin prisa, en el peso de las notas de las flautas de sus alumnos y de su piano.
Dejará a todo un estadio, lleno de público, expectante. Su público está hoy, ahora (carpe diem) delante de ella y, sin que ella apenas sea consciente de ello, la quiere mucho. A la seño de Música.
Al menos de momento...

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