Abres los ojos, aún vencidos por el sueño.
Te llega un cercano rumor de agua, el de un arroyuelo que espejea entre las hojas de los árboles y arbustos de la ribera.
El frescor y el verdor del sitio calman tus ansias. Poco a poco, una suave brisa te va despertando de tu ensueño.
Te envuelve una buena temperatura, húmeda y apetecible.
Bajo un gran árbol, tu rostro contempla la deliciosa tarde. La luz se filtra entre las ramas, creando hermosas y evanescentes figuras, hechas de sol y de umbría.
Allá en lo alto, los pájaros entonan un feliz canto que ilumina el corazón.
Un gran silencio domina el ameno lugar, solo acompañado por la armónica sinfonía de la naturaleza: los balidos de un cercano rebaño, los trinos de los pájaros, el rumor de la brisa y del agua...
De pronto, al incorporarte, oyes un chasquido en un matorral cercano.
Unos ojos hermosos te contemplan arrobados.
La flecha del amor atraviesa tu corazón de cierva.
Arriba, en lo alto, el monte se incendia.

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