A mis amigos Luis
y Puri, con todo mi cariño
Estimados lectores:
Me gustaría hablarles de dos tipos de lecturas: los libros de mesita de noche y los de autobús.
Considero
que si una persona ha llegado al culmen de su pasión libresca, puede
perfectamente ir alternando libros densos (de ensayo, de filosofía,
biografías, memorias, libros de historia, de ciencia, etcétera) con
otros mucho más ligeros (novelas, cuentos, teatro, poesía...) en
una variación en el mismo día entre libros de mesita de noche, que
requieren mente reposada y silencio, y libros de transporte público,
cuya lectura es compatible con los frenazos, las conversaciones en
voz alta y los pisotones que son propios de dichos desplazamientos
acelerados.
Comparto con ustedes mis últimos libros de
mesita de noche: Los diálogos de Jorge Luis Borges y Osvaldo
Ferrari, conjunto de diálogos radiofónicos entre dichos escritores
argentinos, y Vida de Samuel Johnson de James Boswell,
biografía del famoso autor de Un diccionario de la lengua
inglesa, de 1755.
Por otro lado, la lista de mis últimos libros de autobús es la siguiente: Presentes, de Paco Cerdá; Mal de escuela, de Daniel Pennac y Poeta chileno, de Alejandro Zambra.
Es cierto que a veces uno, cuando recuerda algún fogonazo de lo leído últimamente, puede dudar sobre si lo leyó en el sopor previo a la siesta o al sueño nocturno o bien en medio del tráfago de un autobús de gusano o de un metro en hora punta.
Las palabras también viajan por la mente de los lectores.
A pesar de las confusiones de textos, a mí me encanta mantener esos dos tipos de lecturas (me gusta, por cierto, el verbo mantener, porque leer es algo parecido a conservar una llama encendida).
Conozco a gente que, incluso, puede llegar a preservar más de dos lecturas a la vez. Alguna vez lo he intentado, pero finalmente la multiplicación de voces (un libro para cada ocasión: lecturas escatológicas para el retrete; poesía para los momentos de encuentro con la naturaleza; filosofía para momentos de zozobra...) no cree uno que pueda soportarla mucho tiempo sin que se le termine secando el celebro.
Con los libros pasa algo parecido a lo que ocurre con las películas: uno puede disfrutar con grandes filmes mainstream (para grandes públicos) y al mismo tiempo engolfarse en historias de cine de autor (exquisitas, contemplativas, lentas), que son más exigentes para el paladar.
¿No ocurre igual con la comida? ¿No es verdad que puede uno disfrutar tanto de unos buenos huevos con torreznos como de una tortilla deconstruida con esferificaciones de eneldo al Pedro Ximénez?
Queridos lectores, les animo a mantener dos líneas de lectura en paralelo, siempre que no les suponga ningún quebranto.
Para terminar, les regalo una joyita de mi actual libro de mesita de noche, Vida de Samuel Johnson (1791), la famosa biografía escrita por James Boswell y editada por Acantilado.
Aunque es una lectura densa, de vez en cuando se encuentra uno con una perla.
Una de las muchas cartas que aparecen en la monumental biografía, fechada en 1750, está dirigida al señor James Elphinston con motivo del fallecimiento de su madre.
Recojo aquí, en su integridad, el contenido de dicha epístola, que es una hermosísima muestra de bondad en sus preciosas y antológicas palabras de ánimo:
Al señor James Elphinston
25 de septiembre de 1750
Estimado señor, hallo a todas luces que ha perdido usted a una madre excelente, y espero no me tenga por incapaz de compartir con usted su dolor. Tengo yo madre, ya de ochenta y dos años de edad, a la que por tanto perderé pronto, a menos que Dios quiera que sea ella quien llore mi pérdida. Leo las cartas en que relata a la señora Strathan la muerte de su madre, y creo que me honro si le digo que las leo con lágrimas en los ojos, si bien las lágrimas ni a usted ni a mí nos sirven ya de nada una vez pagado tributo a la Naturaleza. El cometido de la vida exige nuestro concurso y nos aleja de todo inútil lamento, a la par que nos llama al ejercicio de aquellas virtudes de cuya privación nos lamentamos. El mayor de los beneficios que puede conferir un amigo a otro estriba en preservar, suscitar y enaltecer sus virtudes. Esto es algo que su madre aún ha de hacer por usted si con diligencia guarda recuerdo de su vida, así como lo tiene de su muerte: una vida, por lo que alcanzo a saber, provechosa, sabia e inocente, una muerte resignada, apacible, santa. No puedo abstenerme de mencionar que ni la razón ni la Revelación le niegan la esperanza de que aún incremente la felicidad de ella mediante la obediencia de sus preceptos, y de que ella pueda, en su estado actual, mirar complacida todos aquellos actos de virtud a los que sus instrucciones o su propio ejemplo le hayan llevado a usted. Sea esto un placentero ensueño, sea justa opinión de los espíritus separados de nosotros, eso en el fondo carece de importancia para nosotros cuando tenemos en cuenta que actuamos ante los ojos de Dios; sin embargo, qué duda cabe, hay algo placentero en la creencia de que nuestra separación de aquellos a quienes amamos es meramente corpórea, y puede ser gran incitación a la amistad virtuosa, si es que puede dársele la probabilidad de ser, que esa unión que ha recibido aprobación divina prosiga hasta la eternidad.
Existe un expediente mediante el cual podrá en cierta medida prolongar su presencia. Si pone minuciosamente por escrito lo que de ella recuerde desde su más tierna infancia, lo leerá con gran placer, y de ello recibirá abundantes sugerencias de recuerdos que le apacigüen cuando el tiempo aún la aleje más de su lado y su pena madure hasta tornarse veneración. Aun cuando sea ahora doloroso, este es el consejo que por fuerza he de darle, pues será fuente de consuelo y satisfacción en tiempo venidero, ya que todo el consuelo y satisfacción es lo que sinceramente le desea, estimado Señor, su más agradecido, más obediente y más humilde servidor,
SAM. JOHNSON
A veces, antes de dejarnos llevar por el sueño, encuentra uno hermosas palabras que lo confortan de las heridas de la lucha diaria.
Palabras que viajan, por encima de los siglos, al corazón de quien las lee, ya sea en la cama o en el autobús.
Un fuerte abrazo. Buena semana.

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