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Entradas

EL HUERTO DE MI ABUELO

     Mi abuelo Manuel tuvo un huerto, pero yo no lo conocí.    Lo veíamos a la izquierda, bajando por el camino de tierra, cuando algunos domingos íbamos al huerto de un tío abuelo nuestro.    Sus muros de piedra, caídos por la agresión del tiempo, eran testigos mudos de otras épocas, de risas antiguas, del crecer en silencio de las plantas.    Cuando, allí abajo del Monte Sorromero, los niños jugábamos a encontrar alacranes debajo de las rocas o subíamos, con esa inconsciencia de la infancia, a las copas de los frutales del huerto de abajo, no podía yo olvidar la imagen de aquellos ruinosos muros del de mi abuelo, y pensaba en los frutos de la tierra (plantas y hombres), y en los papeles, ya amarillos por el paso de los años, de la licencia para un huerto, más abajo de su lugar de nacimiento, que un buen día heredara mi abuelo.

EL CANTOR DE LOS RÍOS

A Rosario Santana, magnífica  poetisa  de mi pueblo,  Minas de Riotinto  (Huelva),  que tanto añoro    Hace mucho tiempo nació en una pequeña aldea del norte un niño que, con el tiempo, habría de cantar con una voz dulce, bella y melodiosa.    Siendo ya un muchacho, cantaba a los ríos, a los arroyos, a los neveros de las montañas, a los verdes prados en primavera… y, mientras cantaba, su felicidad traspasaba a todos los que lo oían.    Su fama se extendió por la región y una tarde llegó a la puerta de su casa un automóvil (el primero que conocieron aquellos lugares), del cual bajó un orondo empresario. Fue directamente a hablar con el padre del muchacho.    El gordo Flores prometió un futuro glorioso para aquel joven: ser reconocido como el tenor más famoso del mundo, viajar por las ciudades de la música (París, Milán, Venecia, Roma, Viena…), conocer a hermosas mujeres… Flores se encargaría de pag...

LOS LIBROS Y SUS VIAJES

     Viajaste a bordo de una lancha de vapor a toda velocidad por el Támesis una noche de luna al lado de Sherlock Holmes y el doctor Watson; compartiste con Don Quijote y Sancho Panza largas horas de pláticas entre golpe y golpe mientras recorríais las sendas de la extensa llanura manchega; te subiste a los árboles con el barón rampante, Cosimo Piovasco di Rondò, para departir con él acerca de todos los asuntos divinos y humanos; atravesaste con Frodo Bolsón los estrechos pasos montañosos de Mordor con el propósito de destruir el codiciado anillo de poder; quisiste encontrar a un asesino de monjes, enemigo de la risa, en medio del incendio de una biblioteca de un monasterio medieval; acompañaste a Lázaro de Tormes en su asendereada vida de hambriento pícaro; te admiraste de la belleza de Moguer, sus campos, sus calles, sus viñas, gracias a la compañía de un altísimo poeta subido a lomos de un burrillo platero…    En cada página que hoy lees esp...

PALABRAS ENCONTRADAS

   Querido lector:    Inicio hoy una serie de homenajes a la palabra literaria, concretamente la publicación de vídeos con lecturas en voz alta de textos hermosos del presente y, preferentemente, del pasado. Pretendo con ello rescatar voces de escritores antiguos y también propiciar la lectura en voz alta, actividad gratificante e iluminadora que, por desgracia, no tiene mucha cabida en el mundo tecnológico, ruidoso y precipitado en el que vivimos.    Inicio la serie con una lectura de Testamento literario (1929), obra del escritor asturiano Armando Palacio Valdés (1853-1938), autor de la generación realista. Es un libro de recuerdos del escritor en el que habla de varios asuntos relacionados con su vocación literaria.    El libro en el que encontré las palabras del vídeo es un ejemplar publicado en Madrid por la librería de Victoriano Suárez (C/ Preciados, número 48) en 1929. Es la primera edición del libro.

EL LANZADOR DE INVECTIVAS

         Las pepitas de melona en verano o de calabaza en invierno no consentía Salustiano que nadie de su familia las dejase abandonadas en el fregadero, ya que él era el encargado de dicho negociado y, además, una persona escrupulosamente cumplidora y exigente.    Ya jubilado, se dedicaba a su entretenimiento preferido: lanzar a la calle invectivas en verso.    ¿Que había un botellón cantarín a altas horas de la noche debajo de su ventana? Allá que iba lanzada una invectiva de papel:   Por descanso vecinal no beban ni chillen tanto, que sin tanto molestar se pasan mejores ratos.      ¿Que pasaba el camión de la basura con un ruido atronador? Pues otra invectiva que te crio:   ¿Por qué no inventan, señores, un camión que no despierte, que deje dormir al mundo, que no asuste al tío Vicente?      Eran quejas simpáticas, obsequiosas, nunca desairada...

RUINAS (Microrrelato)

   Aquel hombre enjuto y con ojeras, agobiado por el peso del tiempo, ignoró, en el preciso instante en que colocaba una pluma ensangrentada de su canario en la boca de aquel cartón de leche vacío antes de tirarlo a la basura, que, millones de años más tarde, arqueólogos de otros mundos lograrían hallar en aquel resto de plumas la clave que les permitiría averiguar casi todos los misterios del universo, incluso los que bullían en el fondo de su alma antes de matar aquel maldito pajarraco que torturaba sus sienes, machacadas por las indecencias de sus alumnos.

SED DE DIOS

   A veces me incomoda que, en el fondo, desconozcamos totalmente Tu esencia, Tu verdad última, Señor, Padre misericordioso.    Es la nuestra una vida que discurre, entre dos nadas, en busca de sentido, en busca de Ti, ser extraño a nuestra carne de simios con ciertas luces.    ¿Quién eres? ¿El hacedor del tiempo, el mismo tiempo, la nada, el vacío...? Son éstas preguntas sin respuesta que acosan el fondo de nuestras vidas. Tu silencio nos aplasta.    Ser y no ser nada, esta es nuestra incierta esencia de humanos.    Somos pero no admitimos el dejar de ser, y por eso Te buscamos, Dios, cada día, en cada uno de nuestros cotidianos rituales (fregando los platos, leyendo en el tren, hablando en conversaciones de temas intrascendentes que evitan nombrarte...).    Tú nos diste la vida y la lengua para nombrarte.    Yo Te busco, Señor, cada día, con los brazos abier...