Se muestran aquí unos textos misceláneos (diario, cuentos, reflexiones varias...) encontrados entre los papeles del periodista Pepeleche, quien decidió abandonar su confortable vida en busca de la iluminación en medio de las cumbres del Himalaya.

sábado, 27 de noviembre de 2010

♣ Terminar de leer o de escribir un libro supone “estar de luto”, porque algo ha muerto en nosotros al final de esa vivencia más o menos deleitosa. Algo muere en nosotros y algo nace también: la divina conciencia de las cosas.

♣ Aún está por ver el impacto negativo del poder desestabilizador del sexo por el sexo, la idea del sexo como fin, la cual nos animaliza.

♣ Los buenos escritores ocultan su vida con sus palabras. Los malos ocultan sus malas palabras con su vida.

♣ La informática es otra actividad alienante: ¡Tres horas para cambiar la letra a una frase!

♣ No existen ya las generaciones: lo comprobé esta mañana, cuando doña Paca Gutiérrez, con sus ochenta años de peso, cruzó un paso de peatones vestida con una minifalda rosa, un top negro ceñidísimo y una chaquetilla de diseño.

Su esqueleto se balanceaba al ritmo de la música que escuchaba en sus walk-man.

¡Vivan los años bien llevados!

♣ Para quejarme de todo prefiero la queja global de la novela a la especialización en pocos temas propia del ensayo o del asociacionismo reivindicativo.

♣ Cerraron la librería de debajo de mi casa. Ahora ocupa su lugar una academia de Informática. Es el signo de los nuevos tiempos: ¡La letra ha muerto!, ¡viva el chip!

♣ Me vence la enfermedad. Cejo en mi empeño de ordenar el caos para llegar a la verdad. Adiós a la vida, adiós a mi novela, adiós a los restos de un naufragio novelístico...

viernes, 26 de noviembre de 2010

♣ La corrección es una segunda creación de la obra, una vuelta al principio que nos hace ver las palabras ya escritas como diferentes, por lo que nos da una idea distinta de la novela propia. Por eso muchas novelas no resisten la primera corrección de sus autores: ha cambiado tanto su obra que apenas reconocen el impulso creador inicial, los motivos de la escritura.

♣ Pienso que la universalización y nivelación vulgarizadora de la clase media en los países desarrollados ha evitado conflictos tan traumáticos y desgarradores como los sufridos en el siglo XX, pero en nuestros países sufrimos ahora un consumismo borreguil que nos atonta, mientras el sistema se mantiene con la miseria de los países del tercer mundo (¡dios!, si yo viviese en alguno de ellos, ¡cómo cambiaría esta novela!).


♣ La verdad, aunque no existe, casi siempre termina doliendo a alguien.

♣ Por favor, al subirse a los trenes (u otro medio de transporte): DEJEN SALIR ANTES DE ENTRAR.

jueves, 25 de noviembre de 2010

♣ Todos somos plagiarios de ideas, pues es imposible ser del todo originales. Todos los escritores roban ideas sin ser conscientes de ello. A quien plagia palabras ajenas sin referirse a su autor se lo encarcela, pero el plagiario de ideas universales, quien imita a los clásicos con nuevos conceptos, debe ser respetado y ensalzado, y no vilipendiado por envidia insana.

Hoy los autores del ámbito del famoseo han desvirtuado la literatura, haciendo destacar de ella los aspectos más superficiales y vulgares, con asuntos como el de los negros, los plagios o las cifras de venta.

♣ Mató al médico porque no le dio la baja y al profesor porque no aprobó a su hijo. ¡Viva la especialización individual! ¡Mueran las facultades!

♣ ¿Es mejor repetirse que contradecirse? Aún no he sabido resolver este asunto que me desvela.

♪ La revolución musical salvará al mundo. Esta novela imposible empezó a escribirse con las piezas de la misa de difuntos del Ritual Carolingio (Grupo de música Alfonso X el sabio), continuó con piezas magistrales de Beethoven, Mozart, Haydn y demás maestros clásicos y acaba con los sones de la música de Manolo García (gracias, sobre todo, por Somos levedad).

♫ Aclaración al anterior apunte musical: cuando hablo de música quiero hacerlo de música de verdad, no de ruido.

♣ El chico del walk-man iba absorto y no me había visto. El caso es que se chocó conmigo y me hizo daño. Yo puedo entender que la gente prefiera hoy aislarse de los demás y vivir como seres autónomos, pero por favor: no avasallen al resto del mundo.

De todas maneras, en este caso la pregunta es: ¿la gente sabe andar por la calle?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

♣ La mirada inocente, no contaminada, sobre las cosas y las personas debe ser la búsqueda continua del hombre y del autor. Es ésa la mirada del niño, esponja que todo lo absorbe, como si las cosas naciesen a la vez que fija en ellas sus ojos.

Por el contrario, la mirada gastada sobre las cosas supone la muerte de la inocencia. La literatura es un intento de captar la esencia primigenia de un mundo recién creado, recién vivido, a la vez que recién nombrado, apenas manchado por el recuerdo y las comparaciones. Es, en suma, una vuelta a ese paraíso que fue la infancia, añorada eternidad a la que la idea del tiempo vino a poner límites odiosos.

No puedo evitar en este punto imaginar la honda impresión que hubo de causar en un jovencísimo Juan Ramón Jiménez, despertado en medio de la noche, la noticia de la muerte de su padre, la cual lo arrancó del sueño feliz de la adolescencia para arrojarlo a la incertidumbre de la vida y a la hiperestesia de su poesía.

♣ Un tema característico de la novelística (bonita palabra) del siglo XIX es la contraposición campo (= tradición) frente a ciudad (= progreso), contraste mediante el cual se cargan las tintas negativas o positivas en uno u otro sitio.

Hoy en día, cuando la cultura y la literatura del siglo XXI son eminentemente urbanas, cuando se quedan sin gente los pueblos hasta el punto de perder sus identidades y sus nombres, solo queda reivindicar las raíces de la cultura campesina que todos llevamos dentro:

La decadencia de las cosas, la herrumbre de la vida se siente más en los pueblos que en las ciudades, allí donde se vive más en armonía con el medio natural, donde el paso del sol, las estaciones o la luna nos deja en el alma un poso melancólico que nos incita a cuestionarnos frecuentemente las verdades ocultas del vivir. Allí el color límpido del cielo nos hace interrogarnos sobre nuestra propia esencia.

En la ciudad, por el contrario, apenas hay tiempo para esta u otras zarandajas. Nadie levanta la cabeza allí para conocer la fase de la luna o para conocerse a sí mismo.


martes, 23 de noviembre de 2010

♣ El poder es otro tema apasionante, base de muchos dramas de Shakespeare. El poder, o el deseo de poder en el mundo material tiene su correlato en el otro mundo. La sociedad del cementerio es clasista, aunque la muerte tenga un halo democrático que nos iguala a todos. Los panteones son los palacios de los muertos, algunos verdaderas obras de arte (pensemos en el Taj-Mahal o en las pirámides de Egipto). La verdad es que vemos como obras de arte a los panteones y cementerios (visiten, si no me creen, el parisino de Montparnasse). Cuando pagamos o traspasamos sin más la entrada no nos planteamos si estamos disgustando a los señores allí enterrados.

♣ La lectura, como la escritura, es un proceso de interpretación personal y, por tanto, falsamente objetivo, de unos contenidos. A veces las lecturas son doblemente falsas: esto sucede cuando se lee un texto no directamente, sino a través de referencias indirectas (reseñas, críticas, opiniones de familiares o amigos...). La lectura indirecta, a pesar de su doble engaño, influye también en nuestra visión del mundo, aunque a veces no se corresponda con la que transmite la lectura directa.

Sirven también a los autores las lecturas indirectas para aprovechar esas visiones personales de una obra ajena jamás leída en la fase de construcción de sus propias novelas.

Cada lector podría también construir una Historia personal de los libros nunca leídos y hablar de cómo les influyó su no-lectura, es decir, de lo que piensan que podrían contener sus páginas. Mi lista la encabezaría Ramón Gómez de la Serna, excelente escritor no leído –hasta ahora- por mí, con El novelista (el protagonista es un autor que busca argumentos para su obra) y Los muertos y las muertas (con un título políticamente correcto avant la lettre). Se incluyen también en mi lista las obras de Rafael Cansinos-Asséns (creo haber descubierto finalmente que se escribe así su nombre).

lunes, 22 de noviembre de 2010

♣ Dejar de escribir o no escribir es algo parecido a dejar de vivir. Otra vez acudo al magistral repertorio de locos de Vila-Matas, Bartleby y compañía, libro que mitifica el desequilibrio emocional en el Arte por lo que tiene en sí mismo de ruptura y de creación personal también. La desconfianza en las palabras es paralela a la desconfianza en la vida (consúltese en dicho repertorio el caso de Tolstói, el último y el más triste de todos).

♣ ¿Viven más intensamente la vida los creadores? Quizás no, quizás su problema sea el querer buscar sentido a unas sensaciones fijándolas en el tiempo como en una fotografía.

O quizás sí vivan más profundamente la angustia de vivir, paralela a la angustia de escribir. Por eso, la mejor literatura tiene siempre un velo de tristeza innata.

♣ Las vidas de los escritores son a veces más interesantes que sus propias obras (no es mi caso).

♣ Rchªzº lºs jwegºs vrbªls xcsivºs.

sábado, 20 de noviembre de 2010

♣ Creo haber descubierto cuál será la principal pega de la crítica a mi novela naufragada Una novela imposible: las excesivas digresiones. Pues bien: la explicación es que ante un mundo cambiante solo valen visiones centrífugas, textos ex-céntricos, fragmentarismos cubistas. No hay visiones totalitarias que valgan en estos tiempos de confusión; es imposible reflejar toda la complejidad de la existencia, así que la digresión debe ser entonces la clave de la novela, si es que esto es una novela (prefiero darle el nombre de “desganas novelísticas” a estas cabezas sin cuerpo de doctrina, a estos apuntes sin desarrollar, exentos de unidad y de fuerza). Sí, soy consciente de que no tiene fuerza esta novela imposible, pero me da todo igual. Ya me da igual seguir escribiendo o purificar el dolor de mis entrañas, transmutadas en palabras, al calor del fuego sagrado. Virgilio lo intentó con su Eneida ordenando quemarla al sentirse morir, pero fracasó en el intento.

♣ La digresión (junto con el paréntesis) es un intento inútil de eternizar la novela y la vida (ambas acaban porque llega el punto final y la muerte, y no porque quiera uno). Por otro lado, ¿no puede haber una visión global en el fragmentarismo, unidad en la variedad?

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Literatura, entendida como narración de sucesos, produce una distancia épica, una separación entre el hecho, quienes lo cuentan y quienes lo escuchan o leen. Esta distancia épica también provoca que los sucesos históricos, auténticos y veraces, se lean como ficciones. Por tanto, las obras literarias, que son pura invención, se presentan como un doble engaño, como una ficción duplicada.

♣ Consumido por la fiebre de la enfermedad, me consume también la fiebre de la escritura, la sensación de transmitir algo escrito en mi alma hace siglos en un proceso de automatismo subconsciente, en una videncia que me cuesta sangre. El proceso de tránsito de la literatura en la vida (Rimbaud hablaba de la “alucinación simple”) a la literatura de la vida me hace erróneamente creer que fijo palabras hace mucho tiempo creadas a la espera de ser escritas, en un tiempo antiguo antes de nacer yo.

Esa vivencia febril de la escritura, esa fiebre del artista, dios creador, la reflejó magistralmente el poeta creacionista chileno Vicente Huidobro en su poema Arte poética, cuyo último verso es “El poeta es un pequeño Dios” (léase en su libro El espejo de agua).

La escritura, proceso entre consciente e inconsciente de transcripción de algo rumiado anteriormente, siempre llega tarde; es una vuelta de retraso a la rueda de la vida ya vivida.

jueves, 18 de noviembre de 2010

♣ Antes se homenajeaba a los artistas muertos (el club de los poetas muertos). La muerte era el momento a partir del cual se consideraban en la distancia sus obras. Sin embargo, algunos artistas empezaron a quejarse de que no se los homenajeaba en vida por su obra, pero se pasó al extremo contrario.

Hoy los artistas jóvenes tienen ya museo. Claro que eso de “artista” es un homenaje excesivo en algunos casos, pero ya se sabe que en el país de los ciegos...

Por cierto: el diseño y la moda se equiparan al arte, pero, paradójicamente, en estos campos todo es hoy revival, repetición de moldes gastados.

♣ Lo primero que Pedro Pi leía del periódico era la sección de esquelas. Quería cerciorarse todas las mañanas de que su nombre no aparecía en ellas. Un día vio su nombre en una esquela por equivocación y se murió de la impresión.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

♣ Si publicase alguna vez estas tintas, este centón informe, no sé si tendrían éxito estas mis ideas. Han existido siempre buenas obras que no han triunfado porque no fue idóneo el momento en que surgieron, pues se retrasaron o adelantaron demasiado.

Sin embargo, mi empeño es ser leído por mis contemporáneos. No escribo para los lectores de dentro de cien años, aunque a éstos les pueda llegar muy hondo mi obra.

Lo malo es que hoy no llegan al gran público ni las obras maestras de hace siglos. El Quijote, por ejemplo, es una obra para muy pocos elegidos en este mundo de necedades.

Hoy apenas hay tiempo para esa visión del alma que supone la lectura, para el ensimismamiento que produce la imaginación de lo leído, mil veces mejor que millones de imágenes juntas.

♣ La educación:

¿El escritor debe educar? No, no creo que deba ser ése su papel prioritario. El mundo moderno, que crea seres humanos alienados para las grandes cadenas de producción y consumo, denosta la figura del profesor, reducida a la mínima expresión, payaso en medio de un baile de indios. Si se hace eso con quien debe merecer el mayor de los respetos y quien debe atesorar, para transmitirlo, el patrimonio de las generaciones, ¿qué no se hará con los escritores, a quien no es obligatorio atender? El mensaje educativo que pueden transmitir los escritores irá dirigido siempre a quien menos lo necesite.

La Literatura sí debe ser, entre muchas otras cosas, denuncia ética de situaciones injustas o indeseables, pero no debe olvidar que su queja tendrá siempre eco entre un público más o menos cultivado que no necesita de adoctrinamientos morales.

Creo con más fervor en el papel educativo que podría tener, y que no tiene, la televisión, pues llega a más gentes, que en el de los libros.

martes, 16 de noviembre de 2010

♣ Lo que caracteriza a nuestra época también es la pérdida de las fronteras, de los límites: lo indefinido de los lindes entre realidad y ficción, entre lo que debe y lo que no debe ser permitido o exigido...

Nadie se atreve a poner límite alguno, porque eso supondría hacer un esfuerzo inhumano y ser criticado desde todos lados.

Es más fácil mirar para otro lado y esperar que algo cambien las cosas y que nada nos salpique. Pero es verdad, ¡oh, sí!, que habrá un cambio en la sociedad (pos)moderna: un cambio hacia situaciones peores, hacia un fundamentalismo radical, hijo natural de la crispación existente (fundamentalismos los hay ya políticos, educativos, futbolísticos, artísticos, ecológicos, amoroso-sexuales, etc.).

♣ Mire usted, señor juez. Eran tres los niñ..., los niños que iban en la moto, los tres sin casco, los tres borrachos. Se caen los tres por adelantar incorrectamente mi bicicleta mientras iban riéndose sin prestar atención al tráfico..., ¿y usted me acusa a mí del delito de omisión de socorro?

lunes, 15 de noviembre de 2010

♣ Todo lo que ves ahora desaparecerá, y tú al final. Fugit irreparabile tempus.

♣ Juan Cromberger, mientras discutía airadamente con su mujer por la calle, como venía siendo habitual, contó treinta baldosas y se paró. Ajeno a las súplicas de ella, que intentó apartarlo de allí, se había quedado clavado en la trigésima baldosa porque había decidido no andar más.

La gente se había parado curiosa a ver la discusión. Ella se fue desesperada a las tres horas llorando, viendo que era imposible convencerlo de que volviese a andar. Pasó una noche, pasaron tres. La cuarta noche le llovió bastante; su estómago hambriento le empezó a doler. Al séptimo día salió su foto en el periódico local y al día siguiente apareció su figura debilitada en un telediario nacional.

La gente lo miraba intrigada, los niños le colocaban flores en la cabeza, los periodistas lo intentaban entrevistar inútilmente porque no quería nada, no reivindicaba nada, no se quejaba de nada. Solo quería quedarse en aquella trigésima baldosa, a la que llegó a tener tanto aprecio que quiso la colocasen encima de su tumba con el epitafio grabado con letras de oro “Ahí quedó”.

♣ Tele-tienda:

La señora había reclamado a la empresa distribuidora de Gom-Ex el importe de la compra de aquel producto de gimnasia, el cual le habían vendido como la solución ideal a los kilos de más. El problema había sido que los kilos de más de aquella oronda mujer eran innumerables y que, al intentar hacer la primera flexión con el aparatito, se había herniado en lo más profundo de su ser.

[Esta vez no incluiré moraleja: el lector deberá adivinarla, si es que existe. Claro que, si no existe, ¿para qué el cuento?]

sábado, 13 de noviembre de 2010

♣ ¿Alguien ha hecho un estudio sociológico sobre los sitios de la lectura? Sería interesante saber dónde se leen los distintos géneros. En la cama los libros eróticos, en la cocina los de gastronomía, en el váter los escatológicos, en el garaje los de bricolaje, etc. ¿Y la poesía? Por supuesto, el mejor sitio para leer la poesía es en medio de la naturaleza, marco para la reflexión y el rito mágico de las palabras.

♣ Reflexión desde un tren nocturno:

Solo somos destellos de luz con alma que viajan sobre los raíles artificiales del tiempo.

♣ La muerte ausente:

Vivimos en un mundo marcado por el enmascaramiento de los afectos (nadie siente, todos piedra) y por la ausencia de muerte (léase a Philippe Àries). La muerte es solo un espectáculo televisivo que a veces pasa delante de nuestras narices cuando se nos muere un vecino del que ni siquiera teníamos constancia de que hubiese vivido (y además nos enteramos de ello por una fría nota en el ascensor).

Hasta hace poco tiempo siempre nos fue cercana la muerte por la fascinación de lo extraño y la catarsis dramática que provocaba. Es el tema más lírico y más dramático de todos.

Lo que caracterizó a los primeros grupos humanos fue la experiencia de la finitud. Lo que caracteriza a nuestra civilización es la ausencia de una filosofía de la muerte.

♣ La vida es una lucha constante por encontrar el equilibrio, mientras que la novela es una lucha, igual de inútil que la anterior, por encontrar la palabra oculta que nos une con la infancia perdida. Esas dos luchas, la lucha por vivir y la lucha por dejar constancia de lo vivido, son las que nos hacen ser humanos.

Las Historias de la Literatura son historias de las miedos de las generaciones: miedos a perder su esencia o estabilidad por una serie de cambios o problemas. La Literatura de las generaciones se construye entre un falso pasado glorioso tristemente añorado y un presente criticado por los cambios que provoca.

viernes, 12 de noviembre de 2010

♣ La terrible soledad del escritor ante la página en blanco: ¡gran asunto! Cuando sus palabras dejan de ser solitarias y pasan por la imprenta se convierten en otra cosa, tienen otra luz y otras calidades. Serán entonces malinterpretadas algunas, otras interpretadas correctamente o a través de lentes distintas a las de su autor. A partir de entonces, la obra ya no pertenece a éste, pasa a ser de sus lectores. Son éstos los que hacen la novela.

Es entonces cuando, tras el parto de su obra, el escritor cree descansar, sin darse cuenta aún de que su obra es ya otra y de que debería retocarla en algunas partes, cambiar comas, introducir adjetivos, suprimir ideas arriesgadas..., pero es imposible. El lector le ha arrebatado su novela. Tuvo todo el tiempo del mundo para construirla y ahora que la ha publicado no puede cambiar nada. Son los lectores y críticos quienes colocan la obra en su justo lugar, más allá de las ensoñaciones del autor.

Más tarde, éste descubre que es imposible su novela, que decirlo todo (Hegel decía que lo propio de la narrativa es mostrar la “totalidad de los objetos”) es un ideal irrealizable y que, además, si lo consiguiese, nunca serían del todo entendidas sus palabras.

Decirlo todo es imposible, como también lo es acabar la novela, porque la vida de la que ésta es reflejo no acaba nunca. La literatura, como la vida, es siempre un borrador inconcluso. Ni en la vida ni en la literatura existen los puntos finales.

jueves, 11 de noviembre de 2010

♣ La novela fílmica: cada vez hay menos cine literario (el cual da especial relieve al texto, a las ideas) y más cine fílmico, ceñido al formalismo vacuo de las imágenes de video-clip.

♣ Duda cruel: los autores que nunca publicaron o los autores que publicaron y que luego apenas son leídos: ¿sufren ese silencio por su escasa calidad o debido a que un interesado velo prefiere ocultarlos por decir verdades?

♣ ¿Y esa sensación que crean los medios de comunicación de que todo lo que transmiten nos debe resultar fundamental? Ya está bien de tanta hiperinformación que siembra el miedo a vivir en las gentes de bien.

Miren ustedes: creo que deben ponerse límites entre el derecho a ser informados y el derecho a no ser molestados o manipulados con imágenes y textos morbosos e innecesarios.

¿Que unos bárbaros queman un cajero, derriban una papelera, asesinan a alguien, desnudan a unos futbolistas en pleno campo o tiran un contenedor? Nada, pues ahí están las cámaras para mostrar el destrozo al momento de ocurrir, para envalentonar a los autores de la hazaña y meter el miedo en el cuerpo a la ciudadanía restante (que es mayoría, no lo olvidemos).

Y luego sale ese presentador con cara de pardillo que dice con voz cándida: “esperemos que no cunda el ejemplo”. So ***, ¿cómo espera usted que no cunda el ejemplo si acaba de poner las imágenes de la barbarie? ¡Ah!, y no se meta usted con los medios de comunicación, ¿eh? Ellos nunca tienen culpa de nada, oiga.

Conclusión: salen ganando como siempre los bárbaros (se da publicidad gratuita a sus hazañas) y los medios (el morbo los alimenta), al tiempo que perdemos en tranquilidad los demás. Que informen, pero que lo hagan sin alimentar odios ni temores. La lente de la cámara es a veces más dañina que el objeto al que retrata.

Y por otro lado, ¿qué dicen de esa televisión-estercolero que sacraliza la ausencia de esfuerzo y voluntad, el chiste fácil, el rascarse la barriga (u otras partes) y el dinero a la mano, junto con la pérdida de la intimidad, de la privacidad, ahondando en la confusión entre realidad y ficción, entre vida real e inventada? Pues, ¿qué hay que decir? Que la ve la gran mayoría de los espectadores, con lo que queda demostrada la altura de miras de la cultura de masas.

Por desgracia, el mando a distancia del televisor (por antonomasia, el mando a distancia es siempre el del televisor) se parece cada vez más al fondo del escusado o W.C. El cambio de canal se ha convertido en una actividad escatológica: se trata de ver en qué cadena se defecan más y mejores heces mentales.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

♣ Leo en una revista de sala de espera de dentista que existe un programa de ordenador (se descarga de Internet, como todo hoy) que permite a novelistas aficionados construir la trama de una novela a partir de una idea previa.

En la misma revista de suso hallo la reseña de un libro escrito por un conocido presentador de televisión (¿tendrá negro su negro?, ¿tendrá el culo negro?) y no puedo evitar enlazar ambas afirmaciones: hoy en día publicar es más difícil que escribir, y eso que todo son facilidades para publicar. Cualquiera escribe hoy cualquier bodrio, pues lo hace el ordenador todo si se quiere (en el país de los ciegos el tuerto es rey, lo malo es que el tuerto es de silicio).

Pero publicar..., publicar es otra cosa: tiene usted que ser alguien en televisión, un rostro conocido que venda una contraportada y planee una novela fílmica (pensada para el cine y el correspondiente merchandising, o mejor mercadeo, de videojuegos, etc.). Quizás en esta época Galdós, Unamuno o Azorín no hubiesen podido sacar sus escritos a la luz pública si no hubieran salido en la caja que atonta.

Y no les basta a algunos presentadores de televisión con atontarnos desde los programitas de televisión. Además, se empeñan en hacerlo desde los teclados del ordenador.

Entonemos una triste elegía por los miles y miles de manuscritos muertos en cajones (ataúdes) que nunca verán la luz y a los que estos diletantes de la pluma les roban la gloria. Claro que siempre es mejor renunciar a publicar un manuscrito pleno de verdad y autenticidad que editar miles y miles de páginas sin sustancia alguna. ¿O no?

martes, 9 de noviembre de 2010

Imagen del escritor bohemio:

Francisco García (seudónimo: Francis Gar & Cía.) acababa de tomarse aquella mañana de inicios de primavera un bourbon. Era su bebida preferida por la sonoridad de su pronunciación y porque tenía el color más apropiado para formar un conjunto al lado de su panamá y su corbata de artista. Se sentaba desde hacía tiempo en la misma mesa de aquel café (y no cafetería) para escribir sus geniales versos, regados con alcohol y sahumados por su pitillo, al tiempo que ofrecía su perfil derecho (el bueno) al bullicio de la plebe de la calle.

En aquel mismo momento comprobaba el saldo de su cuenta corriente tras el ingreso del último premio. De pronto sintió un dolor fortísimo en el pecho.

(Mismo día. Noche. Habitación de un hospital. Dos personajes)

-Pero, ¿sabe usted lo que me está pidiendo, doctor?

-Sí, que deje de fumar y de beber.

-¡Ja! ¡Pero si el alcohol y el tabaco son inherentes a mi imagen, a mi ser de artista en suma! Y mire, tampoco puedo imaginarme sudando por esas rutas del colesterol bajando mis grasas junto a “marujas” de chándales horrorosos.

-Mire, don Francisco: deseche usted de una vez por todas esa imagen de maldito escritor bohemio, marginado y alcoholizado con que nos tiene más que acostumbrados a sus lectores de toda la vida. Ésa es una idea, como muchas otras, y eso usted lo sabe, heredada de muchos escritores románticos, los cuales consideraban que cuanto más radicales fuesen el escritor y su obra más calidad tendrían ambos. No confunda usted personajes underground con un hígado underground (en terminología médica, hecho polvo).

lunes, 8 de noviembre de 2010

Seguimos con el tema de los bancos: el otro día fui a uno de estos templos donde se rinde culto al becerro de oro. Me recibe el interventor muy amablemente y me explica, después de resolver el asunto que me llevó allí, que me conviene apuntarme a unos servicios que tiene el banco en Internet, y ante tanta amabilidad no dudo en hacerlo. Las claves de acceso que me pedían eran los nombres de los abuelos del cliente, y mientras le daba la información requerida me comentó que muchos clientes no eran capaces de recordarlos. Me quedé asombrado: ¿cómo el personal no recuerda el nombre de sus abuelos?

Ese día estuve dándole vueltas a este asunto, que me pareció muy significativo. Concluí que la gente está perdiendo los vínculos con el pasado, con la memoria. Solo se vive el presente más radical: aquí y ahora; no hay nada hacia atrás ni nada hacia delante. No somos ya producto de nadie, somos seres autónomos que viven y trabajan sin pensar en procedencia o trascendencia alguna. ¿Somos entonces mera existencia, sin la esencia de la memoria?

El azul de primavera del cielo de aquel día se me antojó de una frialdad indescriptible.

♣ He encontrado un resto fósil del tratamiento de respeto usted. En los estadillos de banco aparece aún el posesivo su en lugar de tu, pero se aplica a un objeto extraño: “su respetada cuenta”. O sea, que el estimado o respetado no soy yo, sino mi cuenta corriente. Cuanto menos, curioso.

sábado, 6 de noviembre de 2010

El pisito está muy carito: después dicen que nadie trae hoy hijos al mundo. Pero ¡si el problema es dónde los metes! Véase si no este ejemplo, tomado de una revista de ofertas inmobiliarias: “Piso de 30 metros cuadrados, zona céntrica [siempre están en zona céntrica, aunque estén al lado del aeropuerto], un dormitorio, a/a (traduzco: aire acondicionado), f/c (frío/calor), garaje, trastero, etc. 100 millones, de euros, por supuesto”.

¿Quiere uno un dormitorio más? Nada, pues engrose usted con unos seis millones más el presupuesto. Después dirán que las parejas no quieren casarse o traer hijos al mundo. Y lo más triste es que la natalidad se reduce a una cuestión de ladrillos de más.

“Venga a Clavón Bank, entrámpese para toda la vida con nuestro Hipotecazo [encima cachondeo]”.

“Pobrecito, toda la vida trabajando y cuando ha pagado por fin su pisito y se ha jubilado, el canalla va y se muere”.

Claro que lo mejor es la oferta inmobiliaria en los países pobres: “nada, nada, ustedes quédense ahí abajo muriéndose de hambre entre cuatro paredes tristes. Y no se les ocurra aparecer por nuestro estado de bienestar, porque a lo peor dentro de un tiempo no tenemos ni pensiones para los trabajadores de aquí, con lo que ustedes tendrán que pagarlas con su esfuerzo y con los hipotecazos que les vamos a meter”.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El sexo, ese roce de siglos que nos quema con su desgaste, se ha convertido en el gran espectáculo con el que los medios de comunicación enmelan los estambres de sus imprentas, antenas y pantallas y tras el cual nos arrastramos como enjambre de abejas enardecidas.

El cuento es el siguiente: en un juzgado fue comidilla reciente el caso de una pareja recién divorciada (una más de las que últimamente abundan) que dejó de convivir a resultas de descubrir ella en el ordenador doméstico un acceso directo a una página “para adultos” en Internet. El marido alegó que no había creado dicho acceso directo, afirmando que casualmente y sin querer había navegado por aquellos mares procelosos del deseo. Según él, desde algún islote sensual le habían colocado aquel regalito, aquel pornograma.

Moraleja del cuento con moraleja: la empresa que gestionaba dicha página sicalíptica tuvo que hacer frente a los gastos del divorcio e indemnizar, además, a las dos partes (ambas en tratamiento psicológico), comprobada su falta de escrúpulos en los negocios y su indiferencia ante los numerosos problemas de inestabilidad conyugal.

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